Los juicios contra los represores permiten “reconstruir la identidad nacional”

Así lo aseguró Sabrina Gullino, hija de Raquel Negro y Tulio Valenzuela, desaparecidos durante la última dictadura militar. Luego de reconstruir su historia familiar, la joven asegura que el terrorismo de Estado tuvo como objetivo “silenciar y vaciar de contenido político” a la Argentina.

A los 31 años Sabrina Gullino tuvo la confirmación oficial de que sus padres fueron Raquel Negro y Tulio Valenzuela, dos militantes montoneros desaparecidos. Luego de reencontrarse con sus hermanos y de revalidar el lazo con la familia que la tomó en adopción, Sabrina sigue la búsqueda de tantos hijos y nietos que faltan ser recuperados, entre ellos su hermano mellizo.
En diálogo con La raíz del grito, programa de HIJOS que se emite por radio LT14, la joven dijo que los juicios por delitos de lesa humanidad posibilitan “mirar hacia atrás”.
“La importancia que tienen los juicios a nivel social, es que permiten la reconstrucción de la identidad nacional, porque el objetivo de la dictadura fue imponer el terror, vaciar de contenido político a nuestro país”, expresó Gullino.
Más adelante, sostuvo que “la importancia social de los juicios (contra los represores) es que permiten volver a mirar hacia atrás, (saber) qué pasó, cuestionarnos y volver a construir una plataforma sobre la cual levantarnos a nivel colectivo”.

Más sobre la historia de Sabrina
El 23 de diciembre de 2008, cuando tenía 31 años, Sabrina Gullino tuvo la confirmación oficial después de 27 días de incertidumbre: sus padres son Raquel Negro y Tulio Valenzuela, dos militantes montoneros desaparecidos, que estuvieron secuestrados en la Quinta de Funes, cerca de Rosario.
En enero de 1978, embarazada de mellizos, Raquel Negro quedó como rehén en ese centro clandestino de detención, mientras su pareja, Tulio Valenzuela, era llevado para la Operación México, un intento del entonces jefe del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, Leopoldo Galtieri, para matar a los máximos dirigentes montoneros.
Tulio –conocido como Tucho– tenía una decisión, acordada con su pareja: había simulado colaborar, pero al llegar a destino, denunció públicamente lo que pasaba, desmanteló la operación y responsabilizó al jefe militar por la vida de su mujer y su hijo (no sabía que eran mellizos).
Entre fines de febrero y principios de marzo de 1978, nacieron Sabrina y su hermano, en el Hospital Militar de Paraná, donde las enfermeras les pusieron Soledad y Facundo. A Raquel la mataron, y sigue desaparecida. Dos integrantes del grupo de tareas rosarino que había secuestrado a la pareja en Mar del Plata, Walter Pagano y Juan Daniel Amelong, llevaron a la beba hasta la puerta del Hogar del Huérfano de Rosario. Y Sabrina fue adoptada por la familia Gullino, de Ramallo.
Tulio volvió a la Argentina pocos meses después, y fue atrapado por los represores. Como nunca hubo “nada oscuro” en el trámite de su adopción, Sabrina no imaginó que era hija de desaparecidos. Pero, cuando empezó a estudiar en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario, se interesó por la historia reciente. La fecha de su nacimiento la empujó a tomar la decisión de hacer el análisis de ADN. Desde diciembre de 2008, la vida de Sabrina es una vorágine. Conoció a su hermano mayor, Sebastián –hijo de Raquel– que la había buscado incansablemente. Juntos, buscan al mellizo de Sabrina. El año pasado conoció a su hermano Matías, hijo de Tulio.

(La Nota digital)

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