Reportaje a Daniel Filmus

M. Coldman

“La unidad y la amplitud fueron decisivas para el triunfo en 2019, y siguen siendo fundamental para el gobierno”.

Martín: Quiero empezar por recordar que, por estos días, pero del año 2019, la fórmula Alberto-Cristina lograba, en las elecciones PASO, más del 47% de los votos. Creo que muchos no esperábamos que fuera tan abrumadora la diferencia con la lista presentada por el entonces oficialismo, que encabezaban Macri-Pichetto. ¿Por qué crees que, tanto en las PASO como en las elecciones generales, el porcentaje de votos que fueron hacia Cristina y Alberto fue tan grande? Y ¿Cuáles fueron los aciertos de nuestro espacio para, como se dice, “volver a enamorar”?

Filmus: Después del resultado de las elecciones del 2017, en muchos compañeros había quedado la imagen que el 2019 no era posible, y muchos estaban pensando ya en el 2023. A partir de las luchas de diciembre del 17, uno puede decir que diciembre arrastró y terminó con octubre. Porque esas luchas que impidieron que, en principio, pudiera que sesionar el Congreso cuando se intentó colocar la ley de reforma previos al, aunque días después el oficialismo logró imponer esa ley, ya quedó al desnudo que el pueblo no le había dado un cheque en blanco a Macri, sino que simplemente tenía todavía alguna expectativa. Haber tirado abajo esa concepción, impidió que siguieran adelante las otras dos leyes que envió al mismo tiempo: reforma impositiva y reforma laboral. A partir de allí empezó a haber una esperanza de reconstrucción del movimiento nacional y popular y de alternativa hacia el 2019, que quedó plasmada cuando Cristina permite, a través de la candidatura de Alberto Fernández, ampliar y consolidar la unidad del peronismo que veníamos trabajando.

Recordemos que habíamos hecho varios intentos: En el 2016 un encuentro en el Club Español, y en la UMET a principios del 2017 varios sectores demostramos que la unidad era posible. Estuvieron Alberto Fernández, el “chino” Navarro, Daniel Arroyo, Felipe Solá, Agustín Rossi y yo. Allí planteamos la necesidad de unidad que después Cristina puso en evidencia a partir de la designación de Alberto como candidato.

Eso permitió un triunfo enorme, no sólo porque permitió la unidad del peronismo, sino que logró concitar en la fórmula de Alberto a todos aquellos que, aun no acordando con lo que se había hecho del 2003 al 2015, sí querían dar una vuelta de página respecto de las políticas neoliberales de Macri.

Por un lado, la lucha y por otro el acierto de Cristina al ampliar la capacidad de incorporar nuevos sectores a la unidad, dio como resultado un triunfo muy grande que también estuvo muy vinculado a un programa electoral que prometía un giro de 180 grados respecto de las políticas de Macri.

Martín: Hace pocos días publicaste en /Página12 una nota de opinión que se llama “Identidad, unidad y amplitud”, y allí escribiste esto que aquí cito: “Desde el primer día del gobierno de Macri, y aun cuando algunos pregonaban que había que tener expectativas en el nuevo oficialismo porque estábamos ante el surgimiento de una “nueva derecha con características democráticas y contenido social”, la existencia de una oposición consecuente y firme colocó en el horizonte político y el imaginario social que había una alternativa”.

Teniendo en cuenta esto que planteas y haciendo un rápido pantallazo por nuestra región y el mundo, las experiencias sobre la “nueva derecha democrática” que desde algunos sectores festejaban, parece ser que está fracasando en todos los países donde se quiso llevar adelante, te pregunto ¿existe algo así como la derecha democrática? ¿O es el sueño trasnochado de algún sector?

Filmus: Bueno, apenas asumió Macri hubo distintas miradas. Una fue la novedad que la derecha asuma directamente el Gobierno. Es decir que ninguno de los dos partidos tradicionales de la Argentina por primera vez accedía al gobierno, sino que asumía una tercera fuerza que no representa ninguna de los dos partidos tradicionales. Hubo una expectativa también porque habían asumido mediante el voto. Ya no iban a tener que intentar que cooptar a los partidos populares, sino que directamente la derecha iba a conducir el país. Aparte con un movimiento que tenía principalmente una impronta de CEOS, es decir empresarios directamente defendiendo sus propios intereses, y una impronta muy vinculada a ONGS empresariales.

Esta idea, incluso en varios analistas e intelectuales, generó la perspectiva que podría haber una nueva derecha. Y esos primeros dos años hasta el 2017- donde plantearon una política llamada “gradualista” – a algunos les hizo pensar que era una derecha con algún sentido social. Nosotros pensamos que, de ninguna manera era así. Que lo “gradualista” y el “sentido social” estaba simplemente vinculado a que había una resistencia popular enorme que no les permitió avanzar de lleno con todas las políticas neoliberales.

Pensemos la diferencia con los ’90. Menem llegó a partir de una crisis enorme producto de la hiperinflación; el propio Duhalde y Néstor llegaron a partir de la hiperdesocupación. Macri llegó sin contexto de crisis, con una economía que había crecido al 2,5% el año anterior, y con una diferencia electoral que no era no la que tuvo Menem en su momento, sino que ganó por apenas dos puntos.

Esto que se llama la “nueva derecha”, en realidad era la misma derecha de siempre en un mundo distinto, en un contexto distinto, pero fundamentalmente con condiciones distintas: un país donde no había crisis, con el resultado electoral muy parejo, y después del kirchnerismo, que había dejado una conciencia social muy fuerte en relación con la defensa de las conquistas sociales que se habían logado la década anterior.

 Por otra parte, cuando uno mira las políticas de Macri, avanzó fuertemente en lo que anteriormente se llamó el “Consenso de Washington”. Y tuvo que ver con la concentración de la riqueza, la liberalización de los mercados, la especulación financiera, la baja de las retenciones y volver al modelo agroexportador. La única diferencia con los 90 en este caso, fue la mirada respecto del Estado: no tuvo la fuerza, no tuvo las condiciones para poder privatizar, porque, entre otras condiciones, la ciudadanía estuvo muy firme en defender el papel protector del estado que se había promovido del 2003 al 2015. Un estado que no sólo regula las relaciones sociales, sino que también había generado un conjunto de políticas para defender los derechos de las mayorías.

Martín: Vos allí planteas que la oposición entre el 2015 y el 2019 – a vos te tocó como diputado – fue consecuente, firme y puso en el horizonte una alternativa al modelo neoliberal de Macri. ¿Cuáles fueron para vos – tanto en el parlamento como en la calle y en las marchas, en el territorio – los límites más claros que nuestro pueblo le puso a Macri en el avance de sus políticas? Pienso por ejemplo en el consenso social que hubo para salir con el “pañuelazo” en contra del “2×1” ….

Filmus: Macri no tuvo un periodo de gracia. Si bien hubo expectativa en parte de la población por lo que decíamos antes, y naturalmente el primer año, a pesar hubo cierta tregua de la CGT, hubo movilizaciones enormes de distintos sectores sociales, pero fundamentalmente trabajadores, docentes, universitarios, científicos, movimientos derechos humanos… jugaron un papel importante. Pero el momento de quiebre, sin lugar a dudas, ocurre cuando quiere aplicar a rajatabla el neoliberalismo y terminar con el gradualismo, creyendo que en las elecciones del 2017 le habían dado un cheque en blanco para avanzar con sus políticas. A partir de las luchas en las calles del 17 – recordemos que al inicio de ese año hubo una movilización enorme que termino con el pedido con el pedido de una fecha de huelga Gral. Todo ese año fue un año de luchas importantes. Y ya después cuando quiso imponer descarnadamente el modelo neoliberal, el gobierno se quedo sin oxígeno, por un lado, por el endeudamiento y los condicionamientos del FMI, y por otro lado porque la resistencia creció y el movimiento popular se unificó crecimiento para impedir el avance de Macri.

Martín: Esa resistencia al neoliberalismo se pudo condensar en una unidad que se sintetizó en el Frente de Todos para las elecciones del 2019.  El presidente, vos lo planteas y muchos y muchas estamos convencidos de que a esa unidad hay que seguir imprimiéndole amplitud. ¿Cómo se logra cuidar la unidad y darle más amplitud?

Filmus: La unidad y la amplitud fueron decisivas para el triunfo en la primera vuelta en el 2019. Hay que plantear que hoy siguen siendo decisivas para poder consolidar el gobierno y avanzar hacia transformaciones profundas. En primer lugar, la amplitud es necesaria para enfrentar con éxito los desafíos de la coyuntura, que tienen que ver con superar la pandemia y terminar la negociación de la deuda externa que fue tan exitosa. Hay actores que si bien no forman parte del gobierno están en condiciones de acompañar y apoyar y generar una correlación de fuerzas positiva para estos dos aspectos. Y el tercer el gran desafío que tenemos, que ya está iniciándose, es la pospandemia y la reconstrucción económica en un país que claramente fue muy golpeado con los cuatro años de Macri y esa crisis se profundizó con la pandemia. Venimos planteando y así fue el sentido del artículo de /Página12, que hay que defender la amplitud y la unidad de todo el peronismo. Pero que no hay que perder la identidad de ninguna manera, porque no se trata de cualquier proyecto de crecimiento, sino que se trata de uno que tenga como norte la justicia social. Las medidas que ha tomado el gobierno han sido enormes para que el estado esté al servicio de los más golpeados por la crisis económica y la pandemia.  Ahora estamos en pleno debate de dos temas sustantivos: el de la reforma de la justicia por un lado y el del aporte a las grandes fortunas que marca un horizonte. Todas las medidas que tomó el gobierno, fueron para generar protección a los más humildes. Es necesario que cuando se replantee el proyecto que se inicia a partir de la pospandemia, el modelo de crecimiento no sea un modelo nuevamente concentrador, agroexportador ni que enfatice únicamente la producción primaria ni la especulación financiera, sino que sea un modelo que permita agregar valor por el trabajo y el desarrollo científico-tecnológico argentino. Es decir, un modelo que permita fortalecer el mercado interno, cambiar el patrón de producción y de las exportaciones, terminar con las crisis cíclicas de la Argentina y avanzar hacia la construcción de una sociedad que permitan, como la década anterior, crecer y al mismo tiempo distribuir la riqueza de forma mas equitativa. No es fácil, los enemigos están a la vista. Pero es imprescindible y necesario, que consolidemos, a partir de nuestra identidad como peronistas y kirchneristas, esa perspectiva en el marco de una coalición donde muchos otros sectores quizás no tiene la misma decisión de avanzar en el mismo sentido. La resistencia de la derecha a ceder sus privilegios, también va a ser uno de los factores que estamos viviendo todos los días; sin ningún miramiento ni hacer tregua por el tema de la pandemia, colocan como eje central la defensa de sus intereses por encima del de los 45 millones de argentinos.

Martín: Por último, hablando de peronismo e identidad, la soberanía es el epicentro del cual se desprenden la independencia económica y la justicia social. Un país soberano puede construir su propio futuro. ¿Cuál es hoy la situación acerca de las Islas Malvinas, Antártida y Atlántico Sur? ¿Qué temas están en la agenda cotidiana de tu secretaría?

Filmus: Hay que señalar que el tema de la soberanía, el desarrollo autónomo y la posibilidad de integración regional. Y allí hay dos aspectos: está claro que es necesario recuperar el ejercicio de la soberanía territorial sobre las Islas Malvinas y tener un proyecto de desarrollo para el atlántico sur, las islas y la Antártida. Hemos avanzado en dos proyectos de ley que ya se convirtieron en ley y en un tercer que está en discusión por estos días. Los dos proyectos de ley tienden a generar políticas de Estado respecto de Malvinas y la nueva demarcación de la plataforma continental, que muestra una argentina dos veces más grande en el suelo y subsuelo marítimo que en la propia argentina continental y al mismo tiempo en la necesidad de que las políticas no cambien respecto de Malvinas cada vez que cambie el gobierno. Hay 187 años de reclamo de un pueblo que sigue diciendo que las Malvinas son argentinas y nuestra bandera tiene que flamear allí. Y en este sentido es bueno que haya mecanismos como los que propone la ley de la Creación del Consejo de Malvinas para que las políticas sean de Estado. Una tercera que ley que es la de pesca- que se vota en estos días – implica que no sólo hay que defender las Islas y los espacios marítimos, sino también los recursos naturales que hay allí: la pesca, hidrocarburos, minerales y biodiversidad. Son objetos fundamentales y así se comprometió en el discurso el presidente el primero de marzo inaugurando las sesiones en el congreso.

Al mismo tiempo también debemos decir que la soberanía la vemos reflejada en el satélite que hemos puesto en órbita – el Saocom – porque esa soberanía tiene que ver con lo científico-tecnológico. Hoy los países soberanos son los que manejan la ciencia y el conocimiento. Aún para enfrentar la pandemia y los desafíos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, es necesario ese saber. Argentina tiene a través de sus universidades, su aparato científico-tecnológico del Conicet, empresas como Invap, Arsat, la Comisión de Engería Atómica y la Conae, un acervo científico-tecnológico que le permite estar en condiciones de competir y generar nuestro propio conocimiento para el desarrollo. En última instancia si tiene algún sentido estas transformaciones profundas es para que esta ciencia y este conocimiento se coloque al servicio de los argentinos y las argentinas.
La soberanía territorial, la científico tecnología y la soberanía de nuestros recursos naturales son tres aspectos que el Gobierno de Alberto y Cristina van a llevar a cabo durante estos cuatro años.