Antes eran los blogueros de Anibal, luego los call center de Peña, ahora son los tuiteros de «Santi» Caputo. El rol de la nueva SIDE.

Una investigación de la revista Crisis revela cómo actúan los «grupos de tareas» digitales ligados al gobierno: acoso a través de las redes, amenazas de muerte, doxeo, exposición pública, son algunas de las herramientas que usan. Quiénes integran las «milicias digitales de la ultraderecha».

Podemos leer en la revista Crisis: «Nuevas formas de violencia paraestatal, que comienzan como ataques virtuales en las redes pero derraman hacia los domicilios y familiares de sus objetivos».

«Esta investigación revela quiénes son los integrantes de uno de los grupos más despiadados y describe de manera pormenorizada su modo de operar».

La investigación de la revista también avanza en cuáles son sus terminales con el Poder Ejecutivo. Conocer estos vericuetos es clave para poner en juego «estrategias de autodefensa».

La guerra encabezada por el Gobierno nacional contra la población y sus instituciones representativas incluye hasta el momento acciones represivas cada vez más virulentas en las movilizaciones y concentraciones callejeras; encarcelamientos masivos que, a partir de una alianza con lo más rancio del sistema judicial, derivan en acusaciones descabelladas como la de “terroristas” que intentaron perpetrar un “golpe de Estado” contra quienes se animaron a resistir la Ley Bases, una cruzada judicial contra las organizaciones sociales, la retención de alimentos y el ajuste de partidas presupuestarias a costa del hambre de los más castigados.

Pero existe una práctica primigenia de la extrema derecha que vamos a reconstruir de manera minuciosa a raíz de nuevos alcances que ha adquirido desde que el 10 de diciembre La Libertad Avanza (LLA) cruzó un umbral histórico y se hizo de la botonera estatal: los ataques digitales contra opositores, o para dirimir internas del ahora oficialismo, que traspasan las pantallas y se convierten en persecuciones y agresiones físicas.

Las acciones violentas que ya protagonizaban sus variopintas organizaciones —como el atentado contra Cristina Fernández (CFK)— presentaban conexiones y terminales gubernamentales. La diferencia sustancial es que ahora la condición paraestatal de los ataques depende íntegramente de una fuerza que maneja los fierros del Estado nacional. O, dicho de otra manera, que desde hace seis meses ocupa los dos lados del mostrador.

Puntos trabajados:

_el modo en que los tanques digitales atacan en manada;

_la identidad de los máximos miembros de uno de los grupos que encabezan estas persecuciones y sus vínculos políticos;

_los destinatarios de esta violencia impiadosa.

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