Por Juancho militante. Hasta hace poco el mundo estaba en otro momento. Reinaba el mercado. Los gobiernos no debían intervenir en los procesos económicos. Las políticas de crecimiento y desenvolvimiento económico las fijaba el libre mercado. Los bancos centrales eran independientes. Todas las empresas del Estado debían pasar a manos privadas para ser más eficientes y no necesitar de aportes del Estado que aumentaran su déficit. Las políticas sociales las resolvería el derrame de las ganancias de los ricos sobre la población pobre.
Todo un cuento. Toda una farsa. De esa forma se destruyó lo poco que quedaba de nuestra economía. Hasta que la crisis de finales del 2001, principio de 2002, hizo estallar todo por los aires.
En ese entonces conducía el país (si cabe la expresión) el Dr Fernando De La Rúa. Quien saliera eyectado del gobierno por no animarse a dar los cambios valientes y necesarios para sacar al país de la asfixia de la convertibilidad.
Era un líder débil, demasiado débil. De ese tipo de líderes que reclaman los empresarios y los gurues económicos. Son los líderes que aseguran la libertad del zorro en el gallinero. Son los líderes que obedecen las órdenes de las empresas. Son los líderes que eligen reinar olvidándose de las tareas que reclama la desigual sociedad.
A ese liderazgo débil y dubitante se le sumaba un Estado anémico, debilitado, casi agonizante. Situación a la que había sido llevado por la ejecución de políticas económicas, donde el libre mercado era quien debía asignar los recursos y dictar las políticas a las que el Estado debía acompañar.
La sociedad se había enamorado del uno a uno. A los que le fue bien en esa época, nada querían saber de eliminar la convertibilidad. La Alianza, triunfadora en esos comicios electorales, aseguró en su campaña que se mantendría la paridad cambiaria. El mismo De La Rúa aseveraba en sus spots publicitarios que con él, un peso valdría un dólar.
Después cuando todo esto estalló por los aires. Le siguió el desastre que todos conocemos del corralito y el corralón. De los muertos en las calles y todo lo que registra esa historia nefasta reciente. Entre los datos más destacados la desocupación alcanzó el 25%.
Ahora, le pasó al mundo desarrollado exactamente lo que nos pasó antes a nosotros. Las maniobras financieras terminaron afectando a toda la economía. En EE.UU se producen más de medio millón de despidos por mes. La desocupación está rozando el 8%.
En Europa pasa algo parecido. Aunque agudizado en lo que hace a los índices de desocupación. En España el índice de desocupación ya ronda el 16%.
Los gobiernos europeos temen un estallido social generalizado. Un verdadero desastre.
Se derrumbó de golpe el libre mercado. Los Estados nacionales deben salir a apuntalar los bancos e instituciones financieras, produciéndose de hecho nacionalizaciones. Los Estados que anteriormente no controlaron el funcionamiento de la economía, ahora deben hacerse cargo del muerto. La cantidad de pobres y de personas que han perdido sus hogares aumenta enormemente.
Aunque no lo desean, los Estados deben intervenir o la sociedad estallará por los aires. Ha llegado el socialismo por una vía impensada pero a una velocidad vertiginosa. Lo que lo trajo a la escena fue el quiebre del sistema neoliberal libre-mercadista. El sistema anterior, ya no volverá.
Este capitalismo-socialista emergente llegó para quedarse. Los Estados tendrán que ponerse a la cabeza del sistema productivo además del financiero. Hoy EE.UU se parece más a China Comunista. Donde el Estado participa activamente en todos los aspectos de la economía, que se mueve dentro de cánones capitalistas, pero con un férreo control estatal, para que nadie saque los pies del plato.
Los países necesitarán líderes y Estados fuertes, para ponerle límites a los capitales privados, que ya no podrán hacer lo que se les venga en ganas.
El mundo fuera de los países concretos deberá organizarse de otra forma. Reorganización, esta, que está siendo reclamada por la mayoría de los países. Un tema en el que nuestro país hizo punta, cuando se plantó ante el FMI y lo criticó duramente, en cada reunión internacional que pudo.
Hoy necesitamos nuevamente pilotos de tormentas. Son tiempos de un liderazgo fuerte como el de Nestor Kirchner y Cristina, para conducir al Estado.
Los lideres blandos para que el mercado reine, ya no nos sirven. El desastre del neoliberalismo como propuesta política, se acabó.
Cosas vedere Sancho.
Atentamente JUANCHO MILITANTE













