Nadie sabe con precisión que fue lo que realmente que pasó fuera de las ocho personas que se reunieron el martes pasado en el Ministerio de la Producción. Pero es importante que se hayan calmado las aguas. Del lado de los productores hay quienes fogonean el conflicto para desatar otra batalla. Quieren voltear al gobierno, para imponer sus políticas favorables al sector y cambiar el rumbo de las cosas.

La toma del Bersa un día antes de la reunión pretendió minar la reunión misma. Es decir que esta no se produjera o que terminara sin ningún resultado.

El tiempo dirá que desinfló la inminente confrontación, pero celebro que la situación se haya descomprimido.

Los que no pertenecemos al sector deseamos fervientemente que la situación de enfrentamiento se elimine del horizonte más próximo. En nada nos beneficiaría un enfrentamiento en estos momentos donde las tormentas económico-financieras en el mundo desarrollado, finalmente caerán sobre nosotros. Menos ahora donde estamos frente a otro escenario del que originó la crisis el año pasado. Ya no existe el nivel de ganancias extraordinarias que existía.

A pesar de las diferencias entre el sector y nuestro gobierno, y de las razones que ambos actores ponen sobre la mesa. Un nuevo enfrentamiento como el del año pasado en las condiciones actuales, solo logrará el debilitamiento de ambos contendientes, cuando la sociedad espera todo lo contrario. La sociedad espera que podamos sortear esta crisis de características planetarias con la menor cantidad de victimas (expresadas en puestos de trabajo) posibles.

Un debilitamiento del gobierno es lo que menos espera la población. Lo que menos deseamos, es que fruto del enfrentamiento, el país entre en un torbellino de inestabilidad política, que termine afectando a este gobierno en la administración del poder.

La gravísima situación mundial requiere un frente interno calmado y fortalecido.

Existen dentro del espectro político quienes alientan la confrontación y quienes alientan la negociación.

La población en general no quiere enfrentamientos, porque sabe que este la perjudicará siempre.

Quienes alienten el choque serán aislados y sancionados por el pueblo temeroso y afligido (con razón) por su situación presente y futura, donde es su empleo y su inclusión social, es lo que está en juego.

La oposición fogonea el conflicto para debilitar al gobierno ante la proximidad de octubre. Solo tiene en su mente desgastar al gobierno, sabiendo que esa es la única posibilidad que le queda para hacerse con el poder en el dos mil once. Pero aún los mismos adherentes que la apoyan, no desean inestabilidad política. Y si bien sus simpatizantes se identifican con las denuncias de su líder Carrió, no confían en ella para gobernar. Es más, creo que ni ella misma confía en si misma para desempeñarse en la más alta magistratura. Tanto ella como su delfín Alfonso Prat Gay cada vez dan números menos significativos en las encuestas.

El gobierno, nuestro gobierno, que tiene en su mochila el peso de la conducción en estos momentos críticos, tiene plena conciencia de que una confrontación entre Argentinos será perjudicial para el país y para quien la agite y busca con seriedad y empeño la negociación y la efectivización de los acuerdos alcanzados.

Entre los autoconvocados seguramente hay infiltrados sectores adversos que pretenden el debilitamiento del gobierno Por distintas razones. Son los que quieren que se vayan todos. Entre estos sectores se encuentran los más enfrentados ideológicamente al gobierno.

Preservar la gobernabilidad es el imperativo de la hora. Sumarle a la crisis global la inestabilidad política local es volcar nafta en el foco del incendio y resultará letal para las posibilidades de una rápida recuperación luego que la crisis comience a revertirse en los países centrales.

Cosas vedere Sancho.

Juancho militante

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