El médico paranaense Juan Antonio Zaccaría, detenido por sustracción de bebés y sustitución de identidad durante la última dictadura militar, sufrió un accidente cerebro vascular y por tal motivo se le dictó prisión domiciliaria, beneficio que le había sido denegado en abril. El juez Federal Subrogante de Paraná, Gustavo Zonis, tomó la resolución, luego de recibir el informe del médico de la Cámara Federal de Apelaciones.

El magistrado dispuso además una metodología de control del cumplimiento del régimen: personal de la Agrupación V de Gendarmería deberá concurrir al domicilio de calle Tucumán 166, sin aviso previo, a fin de constatar que el imputado esté dentro de la casa. El informe dio cuenta de que el 11 de junio, a las 10.30, Zaccaría “padeció un nuevo accidente cerebro vascular hemorrágico que le provocó una hemiparesia B. C. izquierda asociado a disartria (dificultad en la articulación de la palabra), con dificultades en la movilización de brazo y pierna izquierda que afectan su movilización”. También indicó que el estudio realizado (tomografía cerebral) demostró un “agravamiento de las lesiones que ya venía padeciendo”.

El médico represor dejará ahora su celda de la Unidad Penal Nº 1 de Paraná o su cama de la habitación 311 del Hospital San Martín –alojamientos que alternaba de acuerdo con las variaciones de su estado de salud– para cumplir con la prisión preventiva en su casa de calle Tucumán 166, con su esposa como persona responsable, consignó Uno Digital.

Zaccaría está procesado con prisión preventiva desde setiembre de 2008, por su participación en crímenes considerados de lesa humanidad. Era jefe del servicio de Terapia Intensiva del Hospital Militar de Paraná durante 1978. En marzo de ese año, en la unidad a su cargo, médicos y enfermeras encontraron una mañana a dos bebés mellizos recién nacidos, uno en delicado estado de salud, que luego fueron derivados al Instituto Privado de Pediatría.

Hoy está confirmado que se trataba de los hijos de la detenida-desaparecida Raquel Negro, nacidos en cautiverio y robados por los integrantes del destacamento de Inteligencia del Segundo Cuerpo del Ejército, con sede en Rosario. Uno de ellos recuperó su verdadera identidad a fines de 2008 y el destino del otro continúa sin aclararse.

(La Nota digital)

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