Es un fenómeno que afecta la salud de cientos de habitantes. También es un negocio millonario. Cáncer y malformaciones entre las consecuencias. Entre Ríos es, junto con Santa Fe, uno de los principales puntos sojeros del país y una de las provincias con más denuncias por los daños en la salud que hay por agroquímicos. En Paraná se debate un proyecto de ley para prohibir fumigaciones aéreas en Entre Ríos.

 

Fabián Tomassi es de Basavilbaso y durante años trabajó como apoyo terrestre de una empresa de fumigación aérea. Durante el tiempo en que se desempeñó en ese rubro, jamás tuvo protección, comía al lado de los aviones y trabajaba sin camisa. El resultado no tardó en llegar. «Yo soy diabético e inmunodeprimido, si alguien me hubiera advertido de los riesgos, jamás me hubiera expuesto a tanto veneno, pero no lo sabía, ni tampoco lo graves que eran estos productos», dice y se explaya: «Empecé con dolores en los dedos de las manos y se me empezaron a lastimar. Pensé que era un problema de diabetes y consulté con un médico: pero no era ése el problema, eran los agroquímicos. Después llegaron las malformaciones óseas y hoy no puedo mover ninguno de mis brazos, estoy inmovilizado de la cintura para arriba».

La enfermedad que postró a Fabián se llama Neuropatía y según los médicos se produjo por culpa de la alta exposición a los pesticidas. Hoy, el hombre ya no puede trabajar, ni moverse por si mismo, necesita ayuda para ir al baño y, por supuesto, no puede trabajar. Fabián habla de ser «un resentido social» y no duda en afirmar que el negocio de la soja «le cagó la vida».

Él también menciona a los pesticidas de siempre: el prohibidísimo Endosulfan, el Glifosato que, según aclara, se mezcla con muchos otros químicos y del que, sólo el año pasado, se utlizaron 200 millones de litros en todo el país: «Se siguen utilizando todas las sustancias, no hay organismo de control y el Estado está ausente. Tampoco espero que nadie haga nada porque el país hoy por hoy vive de la soja», cuenta y sostiene que tras sus denuncias pasó a ser un paria en su pueblo.

«Tengo a todo el pueblo en contra, acá está la primera cooperativa agrícola del país, en la que yo también trabajé. Soy un arrepentido», dice y asegura que dentro de la cuadrilla en la que trabajaba uno de sus compañeros quedó estéril y el otro con graves problemas musculares como los que lo afectan a él. «Nadie se atreve a hablar. Yo estoy amenazado. Tengo miedo por mi hija pero no creo que nadie haga nada. Somos un país que genera comida para los chanchos de china mientras su propia gente se muere de hambre», cierra.

Que el ingeniero forestal Claudio Lowy mantenga una huelga de hambre desde hace tres días en la puerta del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación parece no ser noticia, y él lo confirma: «La noticia no es la huelga de hambre, es que hay miles de personas que están sufriendo por los químicos y que hay funcionarios conscientes de esto y no hacen nada para evitarlo», dice y subraya que las víctimas del abuso de agroquímicos están distribuidas en todo el país.

«No depende de mí cuánto tiempo más esté acá, depende de los funcionarios que no hacen su trabajo», insiste Lowy quien desde hace más de 72 horas se mantiene de 10 a 18 en la puerta del Ministerio esperando que se cumpla con un pedido que ya fue firmado por casi diez mil personas de todo el país y apoyado también por el Defensor del Pueblo de la Nación (R.147/10).

«Los agroquímicos pulverizados en la Argentina generan riesgos y daños en la salud de millones de habitantes que viven cerca de las zonas fumigadas», sostiene Lowy, quien desde hace seis meses lucha para que la «clasificación toxicológica de los agroquímicos» considere el conjunto de todos los daños a la salud que por su toxicidad pueden generar los productos, muchos de éstos prohibidos en todo el mundo y con consecuencias fatales.

Proyecto de ley para prohibir fumigaciones aéreas

El diputado provincial, Héctor De la Fuente, presentó en la Legislatura entrerriana un proyecto de ley en el que se prohíben en todo el territorio provincial, las pulverizaciones aéreas de plaguicidas, agrotóxicos o biocidas químicos o biológicos, destinado al uso agropecuario en el control de insectos, ácaros, hongos o plantas silvestres, de interés agrícola y/o forestal, cualquiera sea el producto activo o formulado así como su dosis.

En cuanto a la aplicación terrestre, la misma deberá hacerse dentro de un radio de 1.000 metros a partir del límite de las plantas urbanas y peri-urbanas en todo el territorio provincial.

El legislador provincial aclaró que se exceptúan los casos en que, por las características del cultivo, no se tiene acceso por vía terrestre a la zona a fumigar.

«Este proyecto de ley se fundamenta en consideraciones acerca del actual modelo productivo agrario, que se sustenta en la producción agro-industrial de granos de generación biotecnológica o transgénicos u organismos genéticamente manipulados (OGM) lo cual conlleva la utilización de cantidades crecientes de plaguicidas (herbicidas, insecticidas, fungicidas, etc.) que estarían afectando seriamente la salud de la población», manifestó De la Fuente.

«Si bien el proyecto presentado sostiene que no son numerosas las investigaciones científicas realizadas en nuestra provincia, fueron tomados como referencia los estudios realizados por el investigador del CONICET y jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA, Dr. Andrés Carrasco, quien concluyó en 2009 que las «concentraciones ínfimas de glifosato» utilizadas en la agricultura «son capaces de producir efectos negativos en la morfología del embrión» hasta interferir en los mecanismos normales del desarrollo», continuó.

Luego citó: «Además, hay que tener en cuenta el Principio precautorio, Artículo Número 4 de la Ley General del Ambiente Numero 25675/02, Promulgada el 28 de noviembre de 2002 el cual indica que «.cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente».

Para finalizar, el legislador indicó que «a 16 años de la incorporación masiva del cultivo de organismos genéticamente manipulados en la Argentina, es imposible negar que la salud de la población que convive con esta producción sea una clara muestra de la magnitud de la agresión, manifestada principalmente, en malformaciones, cánceres y abortos espontáneos entre otras».

Fuente: http://www.lanoticiadigital.com.ar/MuestraNoticia.asp?id=15846

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(La Nota digital)

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