Siempre es posible que los países tengan problemas. Máxime cuando el primer mundo se retuerce a pesar de estar haciendo todo lo que les recetan desde el FMI y aún así no aciertan a congraciarse con “los mercados”. Los que, insaciables, siempre piden un poco más en la prueba de amor.

En ese contexto, ¿cómo no vamos a tener problemas nosotros?. Claro que los tenemos y los tendremos, aunque hayamos hecho las cosas bien o relativamente bien, durante casi una década. Ya que errores siempre se cometen, simplemente porque nuestros gobernantes, al igual que nosotros, son seres humanos.

Pero nuestros problemas no son tan grandes ni tan insolubles como algunos, de tanto desearlos, los ven aumentados. Tan aumentados como si los estuvieran mirando con una lupa. Porque entre nosotros, los argentinos, existen quienes están deseosos de que el país se desbarranque por no haber seguido haciendo lo que ellos nos recetaron hacer. Recetario que a su vez les indicaron desde el FMI. Ya que a ellos no se les cae una idea contraria a lo que reza en la receta siempre inamovible que como plato único, les ofrecen a todas las economías en problemas del planeta.

A estos, que son alcahuetes de esos intereses apátridas, contrarios a los que expresa nuestro proyecto y nuestro modelo desde el 25 de mayo del 2003. Los manejan como marionetas desde bambalinas para que en los momentos que aparentan ser los más álgidos, salgan a la palestra a recordarnos que no hicimos lo que ellos nos recomendaron. Mostrándose ante las cámaras de la televisión con una alegría desbordante, solo porque a la Argentina no le va tan bien. Porque se ha encontrado con los escollos que ellos mismos produjeron, al alimentar la desconfianza y al alimentar los escenarios especulativos donde medran junto a otras alimañas.

Porque a nadie debe quedarle ninguna duda, de que en estos momentos de alta confusión, muchos de sus fabricantes, aprovechándose del pensamiento especulativo que alimenta a muchos de nosotros, se hacen de pingues ganancias solo aprovechándose de la corrida despavorida hacia el dólar, con la pretensión de hacerse con un pedazo de la presa. Al igual que hacen las hienas hambrientas cuando el animal ensangrentado, deja de luchar y se rinde a su suerte, recibiendo una sucesión interminable de dentelladas voraces.

También en esa oportunidad las hienas con las fauces chorreantes de una mezcla de sangre y baba, muestran su sonrisa característica de satisfacción. Al igual que los personajes que ilustran este escrito, cuando son reporteados en la televisión. Quienes no se conforman con lo bien que económicamente les va, sino que necesitan que existan otros a los que les vaya mucho peor, para de esa manera sentirse triunfantes y poderosos.

Cosas vederes Sancho.

Blog Juancho Militante

(La Nota digital)

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