Treinta y cinco años pasaron hasta que Carlos López Brest recuperó su identidad. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) le devolvió el nombre que la represión había sepultado.Tenía 28 años cuando fue secuestrado el 2 de abril de 1977, en su casa de Berazategui, en la provincia de Buenos Aires.

Había nacido el 2 de febrero de 1949 en San José de Feliciano, en la casa de Victorino y Antonia Nieves Brest. Hombres que se identificaron como pertenecientes a Coordinación Federal irrumpieron, entre gritos y golpes, en su casa, violaron a su mujer, mantuvieron a sus hijos y su suegra como rehenes y lo esperaron hasta que volvió de trabajar. Era obrero y delegado sindical en la curtiembre Barracas Hart, donde había encabezado un reclamo para restar una hora a la jornada laboral para no tener que trabajar los sábados. «El fin de semana es para descansar con la familia», decía.

López Brest militaba en la Juventud Peronista y sus vecinos de El Ombú, en Plátanos, lo vieron trabajar sin descanso en la tarea de organizar y mejorar las condiciones de vida del barrio, hasta transformarse en un referente. En los años anteriores había sido uno de los impulsores del Partido Peronista Auténtico y la dictadura lo encontró participando en agrupaciones territoriales que con el tiempo se convirtieron en grupos de resistencia, cuya acción consistía en la distribución de boletines de prensa que pretendían romper el cerco informativo de los grandes medios de comunicación.

Su familia supo que estuvo en el centro clandestino de detención El Banco, que funcionaba en un edificio rodeado por construcciones pertenecientes a la Policía Bonaerense cerca de la Autopista Ricchieri. Investigaciones posteriores permitieron establecer que era una de las ocho personas que aparecieron muertas en una esquina de Temperley, el 22 de abril de 1977 y que fueron inhumadas como NN en fosas comunes en el Cementerio Municipal de Lomas de Zamora.

Entre 2004 y 2005 los antropólogos forenses hallaron restos de alrededor de 30 desaparecidos. En ese grupo estaban los ocho asesinados en 1977. De ellos, López es el quinto al que identifican. En su caso, encontraron «evidencias de impacto de al menos un proyectil de arma de fuego que afectó la región pélvica».

SALVAJES

La esposa de Carlos López Brest declaró en 2003 en los juicios por la verdad en los tribunales federales de La Plata. Allí contó detalladamente el operativo y una tremenda historia de vida.
Catalina Norma Valenzuela estaba con sus hijos cuando llegaron cuatro hombres vestidos de civil. Preguntaban por su marido, le pedían que dijera dónde estaban las armas y los panfletos y la golpeaban con ferocidad. Después la ataron a una cama, le arrancaron la ropa y la violaron. Más tarde, cuando llegó su madre, repitieron el interrogatorio.
Carlos llegó pasadas las 14. Las bestias se le abalanzaron apenas entró a la casa, lo golpearon y lo llevaron a interrogar. Uno de los hijos de la pareja vio esa situación y corrió con su mamá: «A papi lo tienen desnudo en el baño, ¿qué pasa?», gritaba.
Lo tuvieron tres horas a su merced, hasta que cansados ya de tanto golpear y torturar, lo cargaron en una camioneta y se lo llevaron. Catalina salió a la vereda y vio cómo los vecinos del barrio miraban para otro lado.
En la comisaría de la zona no quisieron tomarle la denuncia y en la fábrica le dijeron que Carlos estaba de vacaciones. Como aquella tarde, los vecinos le dieron la espalda. Desde entonces, los golpes no cesaron para Catalina.

Fuente: El Diario

(La Nota digital)

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