Un ex seminarista que reside en un país limítrofe desde hace varios años declaró ayer como víctima del cura Justo José Ilarraz y dio cuenta de los abusos cometidos por el pedófilo en el Seminario Menor de Paraná.

El joven, de 33 años, ingresó al establecimiento religioso en 1992. Su detallado testimonio se extendió por poco más de cuatro horas, ante el fiscal Francisco Ramírez Montrull y comprometió aún más la situación judicial del presbítero paranaense.

«Nadie se hizo cargo de nosotros; ni (Estanislao Esteban) Karlic ni (Juan) Puíggari ni monseñor (Mario) Maulión», indicó en parte de su comparencia.

El ex seminarista llegó en la tarde del jueves a Paraná, especialmente para declarar en la causa por «corrupción de menores, agravado» por el rol de educador del cura Justo José Ilarraz, pero declaró ayer, entre las 17.30 y las 21.45. La decisión de viajar a la capital entrerriana -donde aún reside buena parte de su familia- la adoptó después de enterarse de la nota de tapa de la revista ANALISIS, del 13 de septiembre, que derivó en la apertura de una causa de oficio, ordenada por el procurador general del Superior Tribunal de Justicia, Jorge García.

Fue el testimonio más extenso que se produjo en la causa que llevan adelante los fiscales Rafael Cotorruelo y Francisco Ramírez Montrull, junto al juez de Instrucción Alejandro Grippo. Declaró durante más de cuatro horas ante Ramírez Montrull e incluso dibujó un croquis que se incorporó a la causa, ilustrando dónde se encontraba el pabellón del primero y segundo año del Seminario Menor, al igual que la distancia que existía de la habitación del cura Ilarraz. Su testimonio se convirtió en la cuarta denuncia contra el sacerdote pedófilo.

El joven relató que ingresó al Seminario Menor de Paraná en 1992, cuando tenía tan solo 13 años, por la vocación sacerdotal que había descubierto. Lo hizo como pupilo interno del establecimiento, por sugerencia del cura Mario Taborda y tuvo de inmediato a Ilarraz como prefecto e incluso guía espiritual. Ratificó que Ilarraz comenzaba a abusar de los chicos que seleccionaba («la mayoría de ellos eran elegidos por ser rubios», indicó) en el propio pabellón, después de la medianoche y que luego continuaba en la habitación que disponía y en su baño. También cometía abusos en el baño colectivo del sector, siempre a altas horas de la noche o de madrugada, una vez que los menores estaban descansando.

Remarcó que quienes se negaban a continuar con los abusos Ilarraz los discriminaba automáticamente y les hacía ver cómo perdían privilegios que estos chicos tenían, como ser la compra de ropa o zapatillas. Dijo que ese grupo selecto que conformaba Ilarraz disponía de otra alimentación o se podía bañar en la habitación del cura y no permitían que nadie se acercara a esos jóvenes. «A nosotros nos daban comida con gorgojos, nos hacían bañar con agua fría y mientras tanto los chicos de Ilarraz disponían de otra alimentación y se bañaban con agua caliente en el reducto privado del cura», indicó.

Recordó que a mediados de 1993 Ilarraz reunió a varios de sus compañeros y les comunicó de su viaje a Roma, donde iba a ser enviado para realizar un posgrado, pero nunca se enteró que ello podía haber sido una sanción disciplinaria, tal como dijera el Arzobispado de Paraná en los comunicados oficiales que se difundieran a poco de conocido el escándalo. El joven sostuvo que decidió irse del Seminario porque no soportaba más la situación de angustia en que se encontraba, a raíz del impacto emocional y psicológico que significaron los abusos del cura, lo que incluso provocó que se alejara de la Iglesia, pese a que soñaba con ser sacerdote. Dijo que cuando él y su madre se lo comunicaron al cura Juan Puíggari -actual arzobispo de Paraná- no sintió ninguna intención del prelado en contenerlo o ayudarlo. «El sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo con Ilarraz. Nunca me preguntó nada, pero tampoco me animaba a contarle lo que había pasado, cuando yo veía que Puíggari ingresaba a la habitación de Ilarraz con monjas, los miércoles y viernes a la medianoche, y muchas veces también participaba monseñor Karlic», indicó.

El ex seminarista, quien transitara por aulas del colegio Don Bosco de Paraná en la etapa de educación primaria, se extendió por varios minutos sobre las secuelas psicológicas y sexuales que tuvo durante buena parte de su vida, a raíz de los abusos de Ilarraz y lo complejo que le resultó salir adelante y poder construir una familia.

Dio cuenta además de la perversidad de Ilarraz después de ido del Seminario, quien pese a haber sido su abusador, igual le enviaba postales desde el exterior, con dedicatorias y hasta le pedía «perdón» por lo que le había hecho. El joven dijo además que siente mucha «impotencia y angustia» por todo lo que sucedió a principios de la década del 90 en el establecimiento religioso y remarcó que «nadie se hizo cargo de nosotros». Y acotó: «ni (Estanislao Esteban) Karlic ni (Juan) Puíggari ni monseñor (Mario) Maulión se ocuparon; todos ellos fueron cómplices del silencio y de que esto no salga a la luz».

Fuente: Análisis

(La Nota digital)

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