Últimamente, los argentinos, estamos viviendo como si estuviéramos subidos a una montaña rusa. Todas las semanas los medios masivos de comunicación toman un tema y nos hacen participar del mismo, tratándolo periodísticamente en todos los programas políticos y en todos los noticieros que lo vuelven a repetir reiterada e incesantemente.

Persisten, hasta lograr preocuparnos e invadirnos por el vértigo, como cuando estamos llegando a la cima de la montaña rusa y empezamos a imaginar lo que nos va a pasar cuando comience la caída. En ese momento es que nos agarramos con todas las fuerzas de la silla en que estamos sentados, imaginándonos que lo peor nos puede suceder en cualquier momento. Porque estamos prácticamente por comenzar a transitar la caída libre. Donde el corazón se acelera y el estómago amenaza con querer vaciarse.

Cuando la caída comienza a detenerse, porque llegamos al valle, comienza la caída del interés sobre el mismo porque la realidad se encargó de desactivarlo o simplemente porque no existían fundamentos sólidos para que estuviera presente en nuestra vida. Recomenzando el proceso a la semana siguiente sin darnos un respiro a que nos recuperemos del miedo que nos metieron y de la incertidumbre con que nos inocularon. Es decir, que fabrican el camino sinuoso donde luego nos hacen circular al borde del abismo, para que luego se retome un tramo más seguro, pero solo por muy poco tiempo. Ya que muy rápidamente se vuelve a transitar por el camino que da miedo.

Subidos a la montaña rusa estamos todos los que mostramos distintos niveles de interés sobre los temas catastróficos a que nos inducen a ocuparnos. Sin tener los elementos ni la formación adecuada para poder abordarlos ni para comprenderlos acabadamente, simplemente porque nos falta información y formación. Teniendo que conformarnos con creer a quienes despiertan nuestra confianza y descreer de quienes nos resultan sospechados de estar comprometidos con los sectores a los que les conviene revolver las aguas para ganar en la pesca de voluntades.

La inmensa mayoría, cansada de estar sometida permanentemente a este tipo de manipulación y contaminación del pensamiento. Opta por dejar de consumir este tipo de programaciones, para pasar a consumir otras que promueven el divertimento y donde solo ofrecen la evasión como propuesta.

Los fabricantes de tempestades son representantes de enormes intereses externos e internos, que anhelan quedarse con el poder político de nuestro país, empleando cualquiera de los métodos que tengan a mano. Intentan convencernos que con ellos, no existirán los sofocones de la montaña rusa. Precisamente porque quienes los provocan ahora estarán en el poder.

Eugenio García

(La Nota digital)

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