En los últimos saqueos a los supermercados, algo que se repite año a año, no se llevaban comida, porque eso no les falta. Apuntaban a los plasmas y a los demás electrónicos.

Es decir que hay un hambre de equipararse a los que tienen dinero, poseyendo los mismos objetos que ellos poseen. Como siempre las librerías, nuevamente salieron indemnes, ya que no sufren esos ataques y quizás no lo sufran nunca. A estas las ataca el poder cuando lo que dicen los libros les molesta. Tanto que en muchas épocas se prendieron fuego a los libros. Es decir que el hambre no es de saber y quizás lamentablemente jamás llegarán hasta allí los saqueos. Siendo que el conocimiento es el mayor igualador que tienen las personas al alcance de su mano. Algo tan fundamental que logra transformarlas. No porque las llena de plata. Sino porque las enriquece por dentro. Ya que no existe algo más grotesco que un bruto adinerado que no sabe ponerle palabras a sus pensamientos ni a sus sentimientos. Como dijera alguien, -palabras más palabras menos-: ese pobre tan pobre que solo tiene plata.

Eugenio García

(La Nota digital)

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