Barrionuevo, Micheli y Moyano, tenían planeado homologar las jornadas donde el radicalismo, hace 11 años, se fue con una masacre del gobierno, con los momentos radicalmente distintos que estamos viviendo.

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Por Lucas Carrasco. En un reportaje tiempo atrás con el diario La Nación -devenido en implacable agitador social- el“Momo” Venegas, acaso el sindicalista peor visto del país y de la historia, anticipaba que iban a hacer lo que aún estamos viviendo: el desorden social necesario para, en sus fantasías desestabilizadoras, imaginarse un interlocutor válido en el caso de la enorme caja que iba a parar a sus manos y los de sus patrones (los que habían usurpado el predio de Palermo donde está la sede de la Sociedad Rural) para “combatir” el trabajo en negro.
El Congreso Nacional hizo que esa tarea vuelva a manos del Estado. Los Tres Mosqueteros,Barrionuevo, Micheli y Moyano, tenían planeado homologar las jornadas donde el radicalismo, hace 11 años, se fue con una masacre del gobierno, con los momentos radicalmente distintos que estamos viviendo.
Para eso, convocaron a los cacerolos al acto de cuarta Plaza de Mayo junto a la autoizquierda porteña que aportó sus escuálidas columnas de estudiantes que no aprueban nunca una materia. Se pelearon arriba del palco, donde había un dirigente por cada 250 manifestantes, incluidos los radicales. Se pelearon como si estuvieran promocionando una obra de vedettes en Carlos Paz. Se pelearon por la cartelera.
A Barrionuevo todos coincidían que había que esconderlo por impresentable. Y acordaron hablar ante las cámaras amables del Partido Clarín seis minutos cada uno de los restantes mosqueteros. Pablo Micheli, de vuelta a la Argentina de sus vacaciones en Miami, cumplió, básicamente por que tampoco tenía mucho que decir.
Hugo Moyano, más inclinado a los mensajes confusos, necesitaba instalar que sin él la democracia no puede transcurrir en paz y nadie más que su familia (que incluye una esposa condenada y confesa por estafadora, un hijo con dificultades para hablar sin patotear y otro hijo inteligente que quería dar lecciones de John Wiliam Cooke y terminó explicando por qué su papá está defendiendo a los que fabricaron medicamentos truchos contra el cáncer) lo tomó en serio. Hasta el otro día.
Cuando una interna del gobierno provincial de Río Negro, que tiene a los radicales desplazados tras el triunfo peronista y el asesinato del gobernador, la asunción de su vice perteneciente al Frente Grande (que a nivel nacional comanda el MInisterio de Seguridad con Nilda Garré al frente) desató la ola de robos a comercios y supermercados.
Con la inefable ayuda del grupo de lúmpenes reclutados por el Barrionuevo de izquierda y creador de Barrios de Pie, Humberto Tumini y el ala delirante de la Sociedad Rural, la maoísta másomenos Corriente Clasista y Combativa, junto a barras de clubes de alquiler, prendieron la mecha y, naturalmente, sobre la ola se prendieron los que se prendieron.
Es innegable que hubo una manito policial tanto en Santa Fe, donde la cúpula socialista de la policía está siendo investigada por narcotráfico, lo que trae, al estar presos o seguidos de cerca los jefes, peleas en los quioscos de droga y distribución en la “base” de la organización delictiva; como en la Policía Bonaerense, que mayormente dejó actuar; en parte porque se vieron desbordados, en parte por rarezas que hasta ahora ningún fiscal quiso investigar. Se inserta en el contexto de puja con las políticas de seguridad democrática del gobierno nacional, que no siempre coinciden con el autogobierno policial que pretende el ministro de Scioli, Casal.
Esto no agota el análisis. Hay bolsones de marginalidad, que no necesariamente coinciden con la pobreza que aún persiste, ni con la desigualdad estructural, que sí rozan el delito y están prestos a sumarse a cuanto acto ilegal con suficiente cobertura -en este caso, gremial y granmediática- los apañe, aunque tienen la precaución de ir con la cara tapada y cargar lo robado en vehículos, en algunos casos hasta de alta gama, para huir cuanto antes.
Los delitos masivos son muy difíciles de investigar penalmente, por la natural reticencia al trabajo de la mayoría de los jueces (tienen cargos vacantes, se viene la autollamada “feria” judicial, consistente en estar de vacaciones pagas la mayoría del año, no pagan impuestos y no rinden cuentas ante nadie) y por temor o también reticencia de los testigos a señalar quiénes participaron del hecho delictivo, muchos, además, familiares de policías, es decir, los encargados de hacer la investigación judicial.
El contexto de una oposición rabiosa que quiere herir y tornar impotente al gobierno nacional brinda una cobertura adicional. Lo que no avala ni remite a discusión alguna estos delitos es el contexto social y económico, de desahogo, aún cuando resta mucho que hacer en materia de pobreza pero más aún de desigualdad social, y de contención.
La completa centralidad del gobierno nacional no está en discusión, al punto que en Rosario el gobierno provincial no puede garantizar la seguridad ni el orden social y desesperados, cuando hace menos de tres meses coreaban indignados contra los rumores falsos de una intervención de sus fuerzas de seguridad, ahora piden que el gobierno nacional intervenga de facto reprimiendo los disturbios. Y el gobierno nacional, ante la histeria de radicales y socialistas que gobiernan la provincia, actúa con serenidad.
Cualquier otro gobierno ya hubiera caído ante la mitad de estos desmanes o hubiera sucumbido a la extorsión del mosquetero con más espaldas, Hugo Moyano, y se hubiera sentado a ver los reclamos multimillonarios que bajo la mesa intenta pasar por reclamos legítimos de los trabajadores en general.
Este gobierno, no. Quizá porque soportó a los fondos buitres, al FMI; a los represores de la dictadura que disfrutaban de su impunidad, a la Sociedad Rural y lo más granado de la oligarquía, a los fondos buitres locales que regenteaban las AFJP, a Magnetto y su histeria al frente del Partido Clarín, a gendarmes insubordinados que golpeaban la puerta de los ministerios, no parece una buena idea que tres mosqueteros aislados y crecientemente marginales en el plano político intenten apretar a la Presidenta.

Fuente: Diario Crónica

(La Nota digital)

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