Hace ya unas cuantas décadas, que la autoridad paterna viene siendo: desgastada, edulcorada, diluida, esmerilada. Son nuevos tiempos donde al concepto de libertad, se lo ha separado del concepto de responsabilidad que siempre requiere un actuar libremente.

Es así como, quienes hoy manejan la subjetividad de las personas, no son ya los religiosos ni los mandatos éticos de las anteriores generaciones. Hoy se transmiten las nuevas órdenes con una enorme sutileza, precisamente para no generar resistencias. Haciéndolo subrepticiamente, a diferencia de cómo se lo hacía en el pasado. Actuando, la sociedad de hoy, en sintonía con lo que le indican los profetas de la contracultura. Estas nuevas órdenes, que se dirigen en el sentido contrario, las que van logrando que las personas integrantes de la sociedad cambien sus formas de pensar y de actuar, en la totalidad de los ámbitos donde actúan.

Es decir que hasta hace poco, la sociedad se conducía como si fuera un tren. Avanzando o retrocediendo pero siempre limitando su movimiento a las vías. Las que siempre están, sólidamente vinculadas al piso. Impidiendo las mismas, salirse de ese único camino que ofrecen, sin descarrilar. Es decir, que admitían conducirse por un camino inmodificable. Camino que permitía avanzar y transitar, pero no de cualquier manera ni por cualquier lugar. Impidiendo, de este modo, que se tomaran atajos.

Hoy las nuevas generaciones son inducidas a conducirse con cada vez mayor libertad de acción. A la manera como lo hacen otros vehículos mucho más versátiles que el tren. Pudiendo tomar otros caminos alternativos, sin necesidad de ajustarse a uno solo y único, ya que nada se lo impide. Es decir, que en la realidad actual, ya no se ofrece una sola vía por la que transitar, sino que existen múltiples opciones para hacerlo. Como si se estuvieran conduciendo con un vehículo todo terreno. Vehículos estos, que son totalmente aptos para tomar por los atajos, cuando de llegar al objetivo buscado se trata. Siendo ese objetivo anhelado, el de obtener dinero y poder, para acceder a los bienes que se pueden adquirir con ellos.

Es decir, que los impedimentos que anteriormente condicionaban nuestro transitar por la vida, van lentamente desapareciendo. Otorgándosenos, en la actualidad, una libertad de acción prácticamente sin límites. Una nueva realidad donde quienes nos seguimos conduciendo por las vías fijadas sólidamente al piso, como si fuéramos montados en el ferrocarril, parecemos por lo menos tontos. Pudiendo observarse, a quienes no se limitan con nada, cuando de lograr sus objetivos se trata, como logran alcanzar los mismos muy rápidamente, lo que no significa que hayan logrado el éxito, ni tampoco que el camino alternativo elegido, esté desprovisto de enormes riesgos. Sobre todo por el alejamiento de las normas y las leyes que se requieren para conducirse dentro de la sociedad.

Para colmo, por lo menos en nuestro país, quienes deberían castigar y corregir las inconductas, se comportan: interpretando, justificando y tolerando las mismas. Disolviendo las responsabilidades sin mucho trámite. Continuando con la licuación, la dilución y el esmerilado, que primero se hizo con la figura y la autoridad paterna.

Habiéndose logrado que las nuevas generaciones le hayan perdido el respeto a cualquiera de las normas que se han instituido para que la sociedad tenga un desarrollo armónico, donde se limiten los excesos y se castiguen las transgresiones.

Para colmo en sus primeras experiencias de vida se encuentran con padres que se comportan muy distinto a como lo hacían con sus hijos sus abuelos. Continuando con la escuela, donde ni siquiera se corrigen los errores de escritura, que aparecen cuando se incumplen con las reglas ortográficas. Siendo estas primeras experiencias indicativas de cómo deben comportarse ante las demás cosas.

Pudiendo concluirse, que alguien que no respeta a su padre, no entiende porque habría de hacerlo con los otros integrantes de la sociedad que representan la autoridad, como por ejemplo la policía. Ni tampoco considera, que debería respetar a los agentes de tránsito ni a las demás autoridades. Preguntándose luego, porque se habrían de respetarse las Leyes, si los castigos prácticamente no existen.

Consiguiéndose, en la actualidad, observarse espectáculos que provocan rechazo, pero por sobre todo, producen temor. Sobre todo por la proyección que tienen hacia el futuro.

Leer: http://garenioblog.blogspot.com.ar/2011/04/el-costo-de-prescindir-del-padre.html

Eugenio García

(La Nota digital)

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