Los jóvenes desde niños, están en contacto con objetos tecnológicos de última generación, porque han conseguido que sus padres, se los compren, o porque los poseen sus amiguitos y ellos también quieren poseerlos para no ser menos.
Iniciándose su contacto con el objeto, como si este fuera un juguete. Máxime que en su programación, al equipo le han incorporado juegos virtuales para que seduzcan, entretengan y “enganchen” a sus poseedores. Juegos que por otro lado han sido la estrategia que han instrumentado las empresas, para que las personas se familiaricen con los equipos de las nuevas tecnologías. Fundamentalmente para que terminen siendo incorporados definitivamente a su cotidianeidad. Ofreciéndoles distintas formas de satisfacerlos con las distintas posibilidades que ofrecen como servicios.
La flexibilidad del cerebro de los niños y jóvenes les permite absorber con una gran naturalidad su relación con el nuevo objeto, que a los mayores de la familia, les resulta más difícil su incorporación.
Esta situación de niños y jóvenes capacitados, por haber aprendido su manejo en el contacto directo con los equipos, los habilita de hecho a transmitir esos conocimientos. Llevándolos a confusión a ellos mismos, como también a sus padres y abuelos, sobre las supuestas capacidades superiores con la que vendrían diseñadas las mentes de las nuevas generaciones, al ser comparados sus desempeños con relación a lo que lograban ellos mismos, a esa misma edad. Llegando a pensar que efectivamente este mundo cada vez les pertenece menos. Aparentando ser cada vez más un territorio de las nuevas generaciones.
Esta rapidez con que se familiarizan con las nuevas tecnologías, les produce la convicción de que ya lo saben todo. Confirmando esta presunción, el haber aprendido su manejo muy rápidamente.
Esta realidad, de padres que creen contar con un genio en la familia, es aprovechada por las empresas, para que sean ellos quienes se transformen en vendedores directos de los equipos que comercializan. Dirigiendo hacia ellos sus propagandas, al haber comprobado que resulta más efectiva. Además porque los padres y madres se muestran orgullosos de cuanto sabe el nene o la nena.
Luego vendrá la decepción cuando fracasan con el resto de las cosas por aprender y conocer, sobre todo las que se enseñan en la escuela, al mostrarlos con pocas posibilidades de incorporarlas. Lo que lleva a sus padres a preguntarse, cómo es que son capaces de aprender lo que a ellos les resulta tan difícil y no son capaces de incorporar los conocimientos aparentemente más sencillos.
Encontrando como explicación inmediata, que en la escuela no saben enseñarle. Encontrando además como justificación, que para los genios incomprendidos como su brillante hijo, la escuela es en realidad un obstáculo, que los termina aburriendo. Porque ellos en realidad ya lo saben todo.
(La NOta digital)













