Durante este fin de semana se realizó una denuncia en Concepción del Uruguay ante la Fiscalía a cargo de Tomás Rojas, a raíz de un confuso episodio en el que un policía exhibió su arma a un grupo de jóvenes que realizaban una pintada alusiva al deceso del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Las chicas agredidas son hijas de militantes gremiales docentes de Concepción del Uruguay. El jefe de policía, Julio Brumatti, relativizó los hechos y defendió al uniformado, con una expresión curiosa: “Los derechos humanos son para todos”.
El sábado un grupo de seis chicas realizaba una pintada sobre calle Mitre, a metros del puerto de Concepción del Uruguay, en un paredón autorizado. Las jóvenes -menores de edad-, estaban pintando un mensaje de adhesión en homenaje al fallecido líder venezolano, Hugo Chávez. Los incidentes se iniciaron por los insultos de un desconocido, pero se agravaron por el accionar de un agente policial de civil, que realizaba una guardia en una empresa privada ubicada en la zona. El policía, según la denuncia -que se realizó ante la fiscalía de turno, a cargo del Dr. Tomás Rojas-, no sólo no obstaculizó los ataques a las chicas sino que contribuyó a ello, sin identificarse y exhibiendo un arma que tenía calzada en la cintura. “Para presentarse como policía se levantó la remera y mostró un arma calzada en su cintura”, explicó a este cronista uno de los denunciantes.
El grupo de militantes estaba integrado por cinco chicas y un varón, estudiantes secundarios y de edades entre 14 y 16 años, algunos de ellos integrantes de la Federación Juvenil Comunista (FJC).
Cuando llegó la Policía, según narró a El Miércoles Digital la madre de dos de las chicas, “la actitud de los funcionarios policiales no fue precisamente la de servidores públicos. Uno de ellos, el de civil, tomó partido por la persona que las estaba molestando y gritando groserías, en lugar de contener la situación y detener la violencia verbal machista y grosera de un adulto sobre menores”.
La situación exasperó a las jóvenes, una de las cuales -en medio de llantos- se comunicó vía celular con su madre, quien a su vez fue la que informó a las autoridades policiales. A raíz de esa llamada, fueron al lugar los efectivos en dos patrulleros, apartaron al agente de policía e intentaron aquietar la situación. Pero los padres de las chicas aseguran que fue con una actitud displicente y hasta de connivencia con el policía que había generado el incidente. “En cuanto al resto que llegaron en camionetas y un auto, el oficial que comandaba la acción insistió en que eran las chicas las que molestaban, cuando era evidente el llanto de una de ellas. Los policías confraternizaban y se reían de la situación con el muchacho y allegados que molestaban al grupo de chicas”. Por esa razón optaron por hacer la denuncia para que la Justicia investigue el accionar de los policías involucrados en el episodio.
“Los funcionarios policiales en un evidente abuso de autoridad y convalidación de una conducta machista, sexista y de violencia, en lugar de proteger, como funcionarios públicos que son y sostenemos con nuestros impuestos, se burlaron de las chicas y en lugar de ayudarlas, las sometieron a preguntas que no se condicen con más de dos décadas de democracia. Estos funcionarios están al servicio del pueblo, no para amedrentar con un arma y burlarse de la acción colectiva de un grupo de adolescentes”, dijo a este medio la profesora Araceli Traverso, una de las madres que radicó la denuncia.
El abogado Enrique Glezer, que asesora a los denunciantes, explicó que “nosotros denunciamos el hecho concreto, la Fiscalía deberá ver cuál es la imputación”, que sería encuadrada como “abuso de autoridad”.
El jefe departamental de Policía, Julio Brumatti, defendió al uniformado -cuyo nombre no ha trascendido-, con un relato algo forzado: “El policía (…) exhibió la credencial que tenía guardada en su auto, y cuando bajó de él, se le subió la remera y se le vio el arma reglamentaria”. En una nota publicada en La Prensa Federal este lunes, Brumatti negó los hechos: “Hicieron una cosa de una discusión de dos grupitos de chicos, que se gritaban cositas propias de la edad…” Según Brumatti, el agente cuestionado se defendió diciendo: “Cuando me prepiaron (sic) y me gritaron milico de mierda, como ser humano que soy… Yo también soy una persona y si hablamos de derechos humanos, los tienen ellos y los tenemos nosotros”.
Uno de los denunciantes aseguró a este cronista que Brumatti “falta a la verdad, está engañado por sus subalternos o cubre a los uniformados. El policía de civil nunca mostró su credencial y no tenía la remera levantada, se la levantó delante de las chicas para mostrarles el arma, en una clara actitud amenazante”.
(La Nota digital)













