La capacidad de aprendizaje que tienen las personas en sus primeros años de vida, es enorme. Tanta capacidad de aprehender se asemeja a la capacidad de una esponja para absorber los líquidos. Uno de esos ejemplos es la capacidad que tienen para aprender el idioma materno, en solo pocos años. Además de comprender todo un cúmulo de complementos no verbales que acompañan a la palabra, como son los gestos y los tonos de voz.

Es decir que el cerebro, al igual que la esponja, que es capaz de absorber todos los líquidos sin discriminar cual es su composición, se comporta aprehendiendo todo lo que tiene a su alcance. Dependiendo de los adultos que los tienen bajo su tutela, la calidad de los que les pongan a mano, sea saludable y útil para su correcta formación.

Es decir, que aprovechar esa enorme capacidad de incorporar a su vida todos los aspectos del mundo que lo rodea, por medio del cual aprende aceleradamente a interactuar con el mismo, lo vuelve vulnerable a todo un consumo basura que terminará luego por perjudicarlo, si no es protegido convenientemente.

El consumo más perjudicial en los primeros años de vida es, sin lugar a dudas, la televisión (*). La que no solo por sus contenidos sino además que por su forma de editar las imágenes, otorga recompensas al cerebro que lo terminan atrapando. Hasta volver, a todas las otras experiencias de la vida, lentas y aburridas. Experiencias entre las cuales, se encuentra la escuela. Algo totalmente contraproducente, porque es en la escuela donde se encuentran a disposición, los conocimientos valiosos que se aprenden lentamente. Esos conocimientos que forman a las personas, los que para incorporarlos exigen poner mucho esfuerzo y concentración en la tarea de aprender.

El Estado está haciendo enormes esfuerzos por poner a disposición de las familias señales con contenidos que atraigan el interés en la ciencia y la tecnología para despertar vocaciones hacia esas disciplinas que fortalecen al recurso humano de un país. También una programación formativa, que todavía no tiene la audiencia acorde con su alto nivel.

De todas maneras, aconsejan los científicos, que no es conveniente que los niños consuman toda programación televisiva, hasta no cumplir los tres años de vida. Para que su cerebro esponja no incorpore su formato y su dinámica. Lo que le impedirá luego conectarse adecuadamente con la realidad, la que resultará extremadamente aburrida.

(*) http://www.lanacion.com.ar/1373159-ninos-hipnotizados-por-la-pantalla

Eugenio García

(La Nota digital)

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