Un niño o preadolescente que no tiene escuela y por lo tanto carece de conocimientos importantes como lo es el manejo adecuado del idioma. Solo puede jugar cuando se pone en contacto con su PC o con su teléfono celular conectado a Internet. Entre otras cosas, por ser su única posibilidad. Creándose un vínculo de la persona sin formación, con la diversión a la que accede con su objeto tecnológico, que le impedirá luego soportar la incorporación lenta del conocimiento valioso que le proporciona la escuela. Porque convengamos que disfrutar del juego virtual, no le aporta ningún conocimiento significativo, más que: diversiones y distracciones. Por ser solo un pasatiempo diseñado para atrapar al usuario consumidor y anclarlo al objeto. Mientras que el manejo del idioma, entre otros conocimientos básicos, lo conecta significativamente con el mundo. Transformándose la persona al incorporarlos, en alguien capaz de leerlo, interpretarlo y con posibilidades de transformarlo. Es decir, que el contacto temprano de la persona sin ninguna formación con las aplicaciones que traen incorporados los objetos tecnológicos, que permiten además, la diversión y la comunicación. Brinda una sensación de igualación que en realidad no es tal. Más bien con lo que podemos encontrarnos en el futuro es con mayores diferencias, producto de la incidencia que las diferencias de formación real de los individuos, se vean potenciadas con el acceso a la Internet. Ya que los que están formados, además, incorporaron en su paso por el sistema educativo, la contracción al estudio como un valioso rasgo cultural. Diferencias reales que solo son producidas por la educación, en quienes han transitado satisfactoriamente por el sistema educativo. Siendo estas diferencias, las que permiten a quienes las poseen, obtener de Internet otras posibilidades de incorporar conocimientos valiosos, que quienes solo pueden obtener: diversión y esparcimiento. Pudiendo concluirse que no es la posesión de objetos tecnológicos de última generación lo que produce la igualación entre las personas. Lo que si producen, es una aparente y superficial igualación. Una superficial igualación que posteriormente provocará una mayor desigualación si el proceso no es conducido inteligente y convenientemente. Pudiendo llegarse a la conclusión, que el hecho concreto de poner a disposición una laptop para cada estudiante, es solamente hacer efectiva una igualación inicial de posibilidades materiales, para posibilitar la necesidad de inclusión posterior de las personas en la sociedad del conocimiento, cuyas bases provee primordialmente la escuela. Es decir, que las diferencias posteriores empiezan a producirse con los usos que se hacen de estas excelentes tecnologías. Para lo cual, quienes operan estos equipos sin la formación básica deben contar con el acompañamiento pedagógico que les permita alcanzar objetivos perfectamente definidos. Para que no sea el entretenimiento y el divertimento, solamente lo que los motive a su utilización. Cabe destacarse que de no haberse efectivizado esta igualación inicial con la provisión del objeto tecnológico, la sensación de exclusión de quienes no hubieran accedido al mismo, les hubiera producido una dolorosa sensación de marginalidad y exclusión, sumada a la enorme cuota de eso mismo, que ya experimentan en esta sociedad tan desigual. Ya que la latop es visualizada, porque así se ha logrado transmitir exitosamente mediante el marketing de las empresas, como un ícono de pertenecer al mundo tecnológico o haberse quedado afuera. Es decir, que con solo su posesión logra hacer sentir a las personas perteneciendo al conjunto de los poseedores incluidos con posibilidades en el futuro productivo. Algo que para nada es cierto.
(La Nota digital)













