Siempre que se ha tratado de poner en caja a los formadores de precios y a los “amigos en las buenas” de los procesos económicos, cuando los vientos no vienen de la mejor dirección, sucede lo mismo.
Sucediendo reiteradamente en los últimos tiempos, que estos agentes económicos responden con las peores presiones para conseguir sus objetivos de mantener e incrementar sus privilegios. Transformándonos, de seguir así, en una sociedad cada vez más salvaje. Donde los usuarios y consumidores de productos y servicios, tenemos que soportar en nuestro propio cuerpo, todo tipo de presiones y de experiencias dolorosas cuando lo que buscamos es consumir. Transformándonos en víctimas de un mal trato que resulta comprobable permanentemente. Es decir, en rehenes y víctimas, que al ser mostradas en reiteradas oportunidades por los medios masivos de comunicación y direccionada esa presión mediática sobre los poderes públicos, se proponen obligar al Estado a ceder concesiones en beneficio de los reclamantes, que pretenden obtener una porción cada vez mayor en la distribución de la riqueza. Mostrando morbosamente a las víctimas de su tortura, padecer y sufrir por la interrupción de un servicio esencial. Pudiendo apreciarse al consumir en los programas informativos, las penurias que tienen que soportar los distintos colectivos de personas, cuando concurren al mercado para obtener lo que necesitan. Últimamente se vieron por varios días a personas de todas las edades, acampando en las terminales de ómnibus del país por un paro sorpresivo que buscó beneficiar a ambas partes. Es decir, a empresarios y empleados en simultáneo de un mismo servicio. Asimismo, todos los días se tiene que padecer las ineficiencias del servicio de telefonía celular, que cada vez cumple menos con el hecho de comunicar a las personas. Siendo que no es un servicio público y que sus tarifas no están siendo reguladas por el Estado, las que además son muy superiores a las aplicadas en los países del primer mundo. Para terminar con el panorama desolador, de ver las góndolas de algunos supermercados pertenecientes a cadenas internacionales, como van aumentando los espacios vacíos en las góndolas que alojan los productos destinados al consumo básico. Siendo estos ejemplos los fácilmente comprobables por todos nosotros en nuestro diario vivir. Pudiendo decirse que somos víctimas de una presión permanente que se propone desestabilizar por enésima vez al gobierno democrático en el tiempo pre electoral.
(La Nota digital)














