Si supuestamente, se creara una escuela extremadamente exigente por localidad, la que se sumaría al conjunto de las ya existentes con sus particularidades actuales, podríamos asistir a una experiencia inédita e interesante. Hasta podría ser gratuita y también con ayudas económicas para que la imposibilidad económica, no fuera un motivo de exclusión para nadie dispuesto a esforzarse.

Lo interesante de la experiencia, sería que su fama previamente promocionada de ser creada para que resulte extremadamente exigente, desalentaría de arranque, a quienes eso de estudiar y de cumplir obligaciones no está en sus cálculos previos, lo que terminaría por alejarlos definitivamente de ese escenario poco deseado. Fundamentalmente por no encontrarse para nada dispuestos a soportar ningún tipo de exigencias educativas. Tanto de las exigencias dirigidas hacia ellos, como protagonistas principales del proceso de enseñanza aprendizaje, como tampoco a las exigencias derivadas hacia los integrantes adultos de su grupo familiar, los que deberían actuar en consonancia, es decir, acompañando la cultura del esfuerzo a la que se comprometerían a adoptar sus hijos. Es decir que nadie, de quienes no estarían dispuestos a esforzarse, como así tampoco sus padres o adultos responsables, sentiría que han sido discriminados, por considerar que las exigencias son rasgos autoritarios de una sociedad del pasado. Prefiriendo, para sus hijos, una escuela liviana, divertida y al extremo tolerante. Donde la socialización, la diversión y el hacer muy poco esfuerzo, siga siendo la columna vertebral de su pedagogía. Esta escuela recontra-exigente permitiría captar a mucha inteligencia que está siendo desaprovechada y desperdiciada para el conjunto de la sociedad, concurriendo a instituciones educativas muy poco exigentes que los terminan desalentando y desmotivando. Además, que el país en su conjunto, se beneficiaría al contar con personas que se fueran formando para ocupar cargos de enorme responsabilidad y exigencia. Personas formadas en este tipo de cultura, las que son demandadas tanto por la actividad pública como por la actividad privada, demandas que están siendo insatisfechas. De esta manera, se terminaría dándole, a cada grupo de los que componen el conjunto de la sociedad, la escuela que estos están dispuestos a soportar. Ya que someter a exigencias educativas desacostumbradas y desaprobadas por los estudiantes que no están dispuestos a aceptarlas, es una fuente generadora de conflictos permanentes. El grupo que integraría la matrícula de la escuela recontra-exigente, como es posible imaginárselo, observando la actual realidad en la que estamos insertos, sería pequeño. Esta escuela funcionaría en un edificio también pequeño, pero muy bien equipado en recursos materiales y humanos para brindar un servicio destinado a la élite de los que están dispuestos a esforzarse y a comprometerse con los resultados de sus aprendizajes. Ya que sin la observación de tales compromisos, dejarían automáticamente de pertenecer a la institución para pasar a integrar, en un simple acto administrativo, la matrícula de la escuela divertida, de baja exigencia, donde serían “felices”. No existiendo ninguna diferencia en los certificados o títulos que brindarían ambos tipos de escuelas, que es en definitiva lo que la mayoría de las familias pretenden obtener del paso de sus hijos por el sistema. Títulos y certificados obtenidos con la menor cantidad de conflictos posibles, es decir que se parezcan cada vez más a un simple trámite, que consiste en concurrir diariamente al establecimiento educativo. Conflictos que aparecen junto con la exigencia requerida por la incorporación de conocimientos, cuando los destinatarios no están dispuestos a realizar los esfuerzos ni a invertir su tiempo de diversión y esparcimiento destinándolo al estudio. Un tiempo de contracción al estudio que se requiere para incorporar los contenidos importantes. Ya que los enfrentamientos entre padres y docentes que muchas veces provocan agresiones verbales y grandes golpizas que terminan con la humanidad los educadores en los hospitales, se deben a las bajas notas obtenidas por sus hijos. No habiéndose registrado jamás a padres quejándose públicamente porque sus hijos han aprendido muy poco en su paso por las aulas. Esta experiencia de una escuela recontra-exigente por localidad, resultaría importante ya que la escuela privada tampoco es exigente como se la supone. Siendo su mayor exigencia, la exigencia económica derivada del alto costo de la matrícula. Precisamente porque la elevada exigencia educativa, las dejaría sin matrícula, que es la que en definitiva la que sostiene el negocio de la venta del servicio educativo. En nuestros días lo que garantizan las escuelas privadas, con sus altos costos para matricularse y pertenecer, es que quienes no poseen medios económicos, es decir, los más pobres, no puedan integrarse a sus aulas, limitados por los escasos ingresos de sus familias. Dejando de esa manera de contribuir, estas escuelas, a la integración de la sociedad, consolidando en cambio la fragmentación social de los distintos grupos que la componen. Porque convengamos, que en estos tiempos en que vivimos, son los hijos, quienes deciden en definitiva a qué tipo de escuela desean concurrir y a qué tipo de escuela desean dejar de pertenecer, imponiendo sus criterios a los mayores de su familia. Actuando en un todo de acuerdo con los nuevos tiempos, donde ha sido cambiado el sentido de la conducción y del liderazgo dentro de los grupos familiares.

Enlace: http://apuntes-en-borrador.blogspot.com.ar/2012/06/en-america-latina-la-educacion.html?q=fratura+social

Eugenio García

(La Nota digital)

——————————–

Para suscribirte con $ 1500/mes a LNd hace click aquí

Tendencias