Marcelo Wendeler aseveró que tuvo que mudarse de San Salvador junto a su familia por fumigaciones indiscriminadas. Aseguró que “sus dos hijos fueron infectados con pesticidas, pero nadie se anima a darle un diagnóstico por escrito”.

Hace un año que vive en La Criolla, donde el temor a nuevas reacciones en el cuerpo de sus pequeños niños se reavivió hace unos 20 días por la circulación de avionetas con veneno. “Tuve que ir a la comisaría, hice la exposición y el avión dejó de pasar. La situación en la piel de los chicos desapareció. Los médicos me dijeron que mis hijos quedaron muy sensibles a todos los productos químicos, pero no me supieron manifestar cuál fue el producto que les ocasionó el problema”, contó.

“En noviembre de 2011 empecé con un problema con los chicos. Los mismos médicos que atendieron a mis hijos no se explicaban cómo podían estar vivos, ya que no podían extraerle sangre dado que la misma se quedaba coagulada en la aguja”, dijo Wendeler a radio Horizonte de esa localidad. Agregó que “por tres días, el más chico presentó hinchazón completa”. “Fue el Dr. Torres, quien me atendió en su momento, el que me derivó al Hospital Masvernat (Concordia)”, sostuvo y añadió que “para entonces, la nena también comenzó con el mismos problemas”.

“Los medico dijeron que era algo en el aire. Me sugirieron que me mude y me dieron un plazo máximo: hasta abril de 2012, porque si los chicos permanecían en San Salvador podían llegar a tener leucemia. Fue así que tuve cerrar mi taller, cortar todas las actividades. En La Criolla encontré el lugar, los médicos me explicaron que antes había citrus, pero ahora está parado por lo cual no se fumiga. Para ellos, este es el motivo de contaminación del aire. Pero en La Criolla casi no hay fumigación aérea”, manifestó Wendeler.

“De esta forma, el 23 febrero de 2012 me mudé y hasta hace 20 días atrás todo iba perfecto, pero empezó a pasar una avioneta y en una semana comenzaron a aparecer casos de nuevo. Tuve que ir a la comisaría, hice la exposición y el avión dejó de pasar. La situación en la piel de los chicos desapareció. Los médicos me dijeron que mis hijos quedaron muy sensibles a todos los productos químicos, pero no me supieron manifestar cuál fue el producto que les ocasionó el problema, tampoco se animaron a darme nada por escrito, sólo manifestaron que vivo en zona de fumigaciones y que si hablo no me podían seguir atendiendo. Legalmente, al caso lo tiene la doctora Graciela Fernández”, contó.

“Con el tiempo me di cuenta que cerca de mi casa, en San Salvador, lavaban las herramientas de fumigación. Hasta los mosquitos que tenían pérdida de productos pasaban por la avenida, frente a mi casa…”, lamentó.

(La Nota digital)

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