La luz que ingresaba por el ventanal de aquella casona de calle Cervantes que en un pasado lejano fue el hogar de una prestigiosa familia de fuertes lazos con la justicia, ahora no alcanzaba a iluminar completamente la habitación que daba a un patio central de baldosas gastadas.
Paredes blancas, cortinados oscuros hasta el piso de un opaco y manchado parquet, un escritorio con tapa de vidrio donde reposaba una lámpara de luz amarillenta y algunos cuadros colgados en la paredes entre ellos una copia burda de “El grito” de Edvard Munch, un sofá de cuero color crema eran parte de un mobiliario del consultorio de prestigioso siquiatra. Sobre el sillón se encontraba sentada una mujer de figura delgada, aspecto cuidado pero frágil. Era escuchada atentamente por un señor de profusa barba entrecana, de frente amplia y antejos de potente aumentó.
La mujer en una tenue vos expreso “Doctor vine a consultarlo porque ya no puedo vivir tranquila, soy presa de situaciones que perturban mi vida y la verdad que mi pasado ha sido mejor, he vivido mucho mejor, jamás he tenido problemas económicos y menos sociales como los que ahora me persiguen, le aseguro que no son producto de mi accionar, necesito encontrar una solución, no puedo soportar más este padecer”. El hombre escucho con atención y expreso después de un largo suspiro. “Señora nadie puede estar envuelto en problemas como los que usted insinúa sin haber hecho nada para adquirirlos, digamos que necesito se explique un poco mejor”. La mujer escucho con atención y expreso “Mire yo soy amiga de la presidenta, ella el gobernador y mi esposo me convencieron que fuera intendenta de esta ciudad, que era un trabajo fácil, solo debía estar sentada de vez en cuando en la oficina, porque había un equipo que se encargaría de todo, yo solamente firmaría y posaría para la foto”, termino la frase y miro al Doctor y este expreso “Señora para poder encontrar alguna respuesta a sus problemas necesito más información, debe usted confiar en mí y relatarme cuáles son sus pesares”, la mujer miro hacia todos lados como buscando hilvanar los pensamientos y exclamo ”Tenemos casi 9000 empleados en el municipio, el pago de los míseros sueldos ocupa casi la totalidad del presupuesto, no hay calle que no tenga un bache donde se pierdan los autos, la planta de asfalto que supuestamente funcionaria para arreglarlos tiene las chimeneas más frías que un cubito, la planta de agua potable nueva funciona de vez en cuando, la ciudad está cada vez más sucia, los servicios de alumbrado, barrido y limpieza son inexistentes porque no tenemos medios para hacerlos, la flota de maquinas y camiones estas destruidos, no hay más barredoras, el sindicato se quiere cobrar venganzas porque lo intervenimos, tengo un director de planificación urbana que parece ser hijo de un arquitecto egipcio por las obras que sueña, que me hace anunciar y que jamás pasan de unos hermosos dibujos”. La mujer quedo casi exhausta, temblando después de lo que había relatado. El doctor la miro fijamente y expreso “Señora usted nunca tuvo conciencia de la responsabilidad que asumía al aceptar la invitación para ser candidata”. La mujer lo miro a los ojos y dijo “Doctor mi esposo siempre se encargo de manejar los negocios políticos de la familia y siendo la candidata de la presidente, pensé que será algo fácil como cuando era senadora”. El doctor agarro un anotador escribió algunas cosas y se levanto de su silla caminando hacia la mujer, se detuvo cerca y mirándola le dijo “Señora lamento decirle que yo mago no soy y su problema tiene una sola y única solución, pero esta no llegara hasta Octubre de 2015. Sus fantasmas y tribulaciones terminaran para esa fecha, pero también su acostumbrada y cómoda forma de vida”. El doctor se volvió sobre sus pasos, dando por terminada la entrevista. La mujer se levanto le dio las gracias y giro sobre sus pasos para salir de la habitación no sin antes ver que había este escrito en su bloc de notas. Un frió helado corrió por sus espaldas al leer “UCR 2015”.
Fuente: Jorge Landra
(La Nota digital)













