El aullido de los rosales. Cuento de Florencia Guzmán.

Forma parte del libro «El Tiempo y la Palabra» del Taller de Lecto-Escritura de Cuentos, Biblioteca Provincial de Entre Ríos, año 2014.

florencia guzman

Era verano en las tranquilas zonas délticas. Lo único que se oía en las siestas era el inalcanzable correr del río que no tenía piernas pero viajaba muy lejos.
Tenia diez años y había ido a pasar las vacaciones con mi tía y primas de Villa Paranacito.
Días atrás nos habían visitado intensas lluvias veraniegas que nos dejaban una furiosa humedad y pesadez en las sienes. Estábamos mis primas y yo, rodeadas de algunos mosquitos, tomando fresco bajo un sauce llorón, a unas casas de lo de mi tía. Allí el aire era mas freso, sentía cada molécula de oxígeno mezclarse con mi sangre.
Frente a nosotras, crecían los enormes e imponentes rosales de los Giménez.
Todos conocían a la familia, quedando, en ese entonces, solo los viejos. Su fama estaba ligada a la sospecha de que el mas chico de sus hijos era lobizón.
Se decía que al haber nacido varón su séptimo hijo, los padres lo encerraron en el galponcito del fondo, donde permanecía escondido y solo.
Había quienes juraban escucharlo aullar a la luna, o poner rabiosos a los perros de la zona. Una vez se le adjudicó, la desaparición de una joven, que semanas después fue encontrada ahogada en las costas de una isla cercana.
Los Giménez siempre fueron reservados. No se los veía mucho y solo salían de su casa para regar y cuidar los rosales y hacer diligencias.
Mi prima menor aseguraba haber visto al niño lobizón, saliendo aterrorizado de su casa, con los ojos perdidos, sucio y con el pelo largo y enredado. Escapó inmediatamente de allí, espantada de miedo.
Hace algunos días salió en el diario la noticia de un joven encontrado encerrado en su cuarto, a quien la crueldad y la ignorancia de sus padres lo habían aislado desde pequeño.
Se lo describía muy desnutrido, sucio, sin saber hablar.
Al centro de la noticia se plasmaba una foto, donde en la casa del joven se apreciaban los magníficos, siempre inmutables rosales de los Giménez.

Florencia Guzmán

Sobre el texto «El Yaciyateré».

Horacio Quiroga: (Salto, 1878 – Buenos Aires, 1937) Narrador uruguayo radicado en Argentina, considerado uno de los mayores cuentistas latinoamericanos de todos los tiempos. Su obra se sitúa entre la declinación del modernismo y la emergencia de las vanguardias. Influido por Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maupassant; destiló una notoria precisión de estilo, que le permitió narrar magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza.

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