Luis Bruschtein.

“Si se compara la geografía entrerriana con la de los Estados Unidos, uno ve que Paraná, la capital, es parecida a Washington, es decir, allí juzgan a las personas por el cargo que tienen, por el poder. Concepción del Uruguay es como Boston, allí se vale por lo que se sabe, y Concordia es como Nueva York, donde se vale por lo que se tiene”, ha dicho el senador entrerriano Augusto Alasino sobre sus pagos. El presidente renunciante del bloque de senadores justicialistas vive en Concordia –donde importa lo que se tiene– y, pese a ello, ha insistido siempre en que tiene muy poco. Según su propia descripción entonces, Alasino no sería importante en Concordia, pero a pesar de su modestia, un chiste que circuló hace algunos años decía que cuando alguien preguntaba dónde quedaba esta ciudad ribereña los paisanos respondían: “En el patio de la casa de Alasino”.
Es difícil saber si el chiste provocó la peculiar carcajada del senador, por la cual lo llaman “la hiena”. Lo más probable es que no sea así porque esta chanza circuló entre 1996 y 1998, cuando era acosado por una causa por enriquecimiento ilícito. Por otra broma del destino, la fiscal federal que ordenó archivar el expediente, María de los Angeles Squivo, era su amiga e hija de uno de sus maestros. Y el juez que más impulsó la investigación, José Lauritto, que incluso criticó la decisión de Squivo, figuró más tarde en la misma lista del PJ que su investigado.
La trayectoria de Alasino va de la rebeldía de la juventud a posiciones digamos más conciliadoras en la madurez. De la energía desinteresada y explosiva del Cordobazo y la JotaPé de las Regionales en la juventud, al sufrido apostolado del hipermenemismo en la madurez. Alasino nació el 31 de mayo de 1947 en Gobernador Maciá, el segundo de cuatro hermanos, en el seno de una familia radical. Su padre era comerciante y su madre maestra. Cursó el bachillerato en el Liceo Militar y la Universidad en Córdoba.
Su primera experiencia política fue Tacuara, una agrupación de los ‘60 que se proclamaba nacionalista aunque su discurso era más fascista y antisemita que otra cosa. Alasino lo reconoce como pecado adolescente y asegura que verdaderamente descubrió la política a través del peronismo. Estudiaba Derecho en Córdoba cuando se desató el Cordobazo en 1968 y él militaba en el Integralismo, una agrupación universitaria de origen cristiano que derivaba hacia el justicialismo y que participó en el alzamiento popular.
De regreso en la Nueva York entrerriana, el joven abogado Alasino integró la Regional II de la Juventud Peronista que en aquel momento dirigía el ex gobernador santafesino Jorge Obeid. Y se alejó de Montoneros al mismo tiempo que el grupo de la “Lealtad”, cuando la agrupación guerrillera cuestionó la conducción de Perón, en 1974. Durante la dictadura, Alasino se mantuvo en Concordia y con la democracia regresó a la política de la mano de Jorge Busti como asesor del Concejo Deliberante de su ciudad. En 1987 llegó a la Cámara de Diputados como renovador y cafierista de hueso colorado. Hasta que en el ‘89, “el Choclo” sorprendió a sus ex camaradas con una frase: “prefiero ir con Menem en la primera línea que ser cola de ratón con Cafiero”.
Este período de su vida fue más parecido a un partido de tenis. Dejó a Busti para abrazar la nueva religión y convertirse en uno de los doce apóstoles del menemismo, pero la inercia del pasado lo llevó a criticar los indultos –el primer milagro del nuevo profeta– y se ganó su inquina. Por eso volvió con Busti en 1992 y después otra vez en contra de Busti con el gobernador Mario Moine. Y ya en el ‘94 era senador por Entre Ríos y nuevamente menemista.
El senador quemó sus naves con el menemismo, quizá se dio cuenta de que allí estaba la meta de su vida, y así como quemó las naves, amasó una fortuna, un esfuerzo pocas veces reconocido. Y empezó a tener problemas con la Justicia. Nadie podrá decir que no trabajaba por la causa menemista. Tanto, que en 1994 cobraba cuatro sueldos: 8700 pesos como senador, 5850 como presidente del bloque, 4300 de su jubilación comodiputado y 6100 como constituyente. Era presidente de su bloque y de los constituyentes del PJ, una pieza estratégica del sistema de poder y negociación del menemismo. El joven luchador de la JotaPé que llegó a diputado en 1987, tras catorce años de ejercer la abogacía, declaró bienes por 94 mil pesos. Al consumado político que acaba de renunciar a la presidencia de su bloque por el escándalo de las coimas lo acusaron de haber reunido una fortuna de dos millones en catorce años de ejercer la política. Seguramente se lo recordará más por este período tan productivo que por la rebeldía gratuita de su juventud.
Quemó la nave pero construyó una casa de 550 metros con columnas dóricas en el frente sobre una loma con vista al río Uruguay, en un parque de 15 mil metros. La nave se hundió con Menem, pero la casa no, algo que evidentemente previeron muchos menemistas que aprovecharon el auge de la construcción. Uno de los hechos más sorprendentes de su trayectoria fue que, cuando aún tenía abierta la causa por enriquecimiento ilícito, fue elegido por sus pares del PJ para representarlos ante el Consejo de la Magistratura que debe juzgar el comportamiento de los jueces. Uno de los cuales –al igual que el juez Liporaci en este momento– tenía que investigarlo a él.
En esa época Alasino estaba furioso con los periodistas ya que, uno de los motivos que había disparado esa causa había sido una investigación de la revista Análisis, de Paraná. “Si quiero –dijo con enojo y cierta desmesura a un grupo que lo entrevistaba– yo podría ser periodista, pero ustedes nunca podrán llegar a ser lo que soy yo.”
Alasino ya no tiene juego en el PJ entrerriano, su estrella se apagó con la de su caudillo. De tanto ir y venir, la pelota se fue afuera. Pese a todos los avatares y acusaciones que ha debido enfrentar, el “Choclo” Alasino siempre se consideró un hombre de pueblo, una persona como cualquiera, y así se describió en declaraciones públicas: “Soy un tipo transparente. Nunca fui un santo, fui un simple abogado que laburó con putas, que laburó con lo que sea… o sea, siempre fui un tipo normal”.

Fuente: Página 12, miércoles 6 de septiembre de 2000

(La Nota digital)

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