D. C.

Va a ser molesto (políticamente incorrecto) por todos lados; para unos, para otros y para más otros.
Lo de López (que es resultado en su emergencia, su salida a la luz, de una operación de inteligencia, pero que es cierto que es un chorro institucional – de otro modo la operación de inteligencia no habría tenido lugar – y es apenas la punta de un iceberg que va a quedar descubierto, porque hay más, muchos más) está en espejo – más allá de la preeminencia de uno u otro tema en la agenda mediática – con los Panamá Papers y el resto de las maniobras financieras de la burguesía sin mediaciones en el poder.
Dos consecuencias de esto:
1) Aire, mucho aire, para el programa de ajuste, sobre todo dentro de la mediocre clase media argentina.
2) Desazón en quienes creyeron en eso que se llamó proyecto nacional y popular.
Del punto uno no me voy a ocupar. De punto dos, sí.
Aún sin construirse como sujeto de la historia, el campo popular encontró un lugar en el proyecto kirchnerista. El problema es que lo aceptó como venía en lugar de imponerse en la construcción.
Por eso le duele el caso López, y le va a doler más lo que vendrá.
Le duele en dos sentidos:
1) Porque lo siente como una traición (lo cual es en el fondo cómodo).
2) Porque empieza a darse cuenta de que no es una traición, sino que es apenas una parte visible de las reglas de juego de la democracia burguesa con cualquier gobierno.
En los dos casos, los acompaño en el sentimiento. Es difícil quedarse sin papá y mamá.
También podemos mirarlo desde otro lado.
¿Por qué no utilizar la potencialidad de un campo popular que se reconoce a sí mismo – para construir algo mejor?
Lo dejo precariamente ahí.

D. C.

(La Nota digital)

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