N. Maciel
La madera es un producto noble. Enseña Atahualpa Yupanqui, que la madera transformada en guitarra se trajo todos los sonidos del monte, el canto de los pájaros que anidó cuando fue árbol.
Cuando la convicción es de maderahttps://t.co/WZuIVdx5d8
— Diario El Argentino (@ElArgentinoGchu) 13 de octubre de 2016
La madera es una figura que también se la utiliza –en el saber popular- de manera despectiva. “Es un jugador de madera”, se dice para señalar a aquel que no tiene talento.
El título de que da pie a este artículo, habla de este último significado. El sector forestal en Entre Ríos es uno de los rubros que más trabajadores no registrados presenta, además de estar sindicado como uno de los grupos que trae trabajadores indocumentados de otras provincias como Misiones y Corrientes, los “tiran” en medio del monte de eucalipto en condiciones infrahumanas. El sector forestal en Entre Ríos es uno de los rubros donde más se acentuó la necesidad económica de exterminar con el monte nativo e implantar especies exóticas a escala industrial como ocurre con el eucalipto. Lo que genera más pobreza en materia de biodiversidad. Con lo cual no necesariamente es cierto que “a mayor superficie forestada, mejor calidad ambiental”, como afirman los defensores de la necesidad de derogar la Ley de la Madera. El gobierno provincial reconoció públicamente que este sector venía presionando para que se derogue la llamada Ley de la Madera. Se trata de la Ley Nº 9.759, que fue reglamentada a través del Decreto N° 2772, fechado el 5 de junio de 2007, por el cual se crea el Registro Provincial de Productores Forestales, que tendrá por función el control y seguimiento de las explotaciones cuya producción sea transportada fuera de los límites provinciales e incorpora el reestablecimiento de la Guía Forestal (Ley 3623), cuyo uso será “de carácter obligatorio exclusivamente para las empresas y transportistas responsables del tránsito de producción forestal que trascienda los límites de jurisdicciones provinciales”. Pero la norma no sólo regula la actividad dentro de la provincia, sino que determina que para el ingreso y tránsito de producción forestal al territorio entrerriano provenientes de otras jurisdicciones, será obligatoria la presentación de la documentación pertinente, en donde quede debidamente acreditada la procedencia, titularidad y destino de la carga, en las condiciones que determine la Secretaría de la Producción (hoy Ministerio de la Producción). De esta forma Entre Ríos se aseguraba impedir el paso de camiones que provean de materia prima forestal a la firma UPM (ex Botnia). Con la intención del gobierno provincial (que cuenta con un apoyo mayoritario dentro de las filas del oficialismo y la oposición), ahora se pretende vender la madera a la misma empresa que ha generado uno de los conflictos de Estado en materia ambiental más importantes en las últimas décadas. ¿Se puede vender la madera al Uruguay? Sí. Aunque mejor es no tocar la ley de la madera. Pero dado que se descuenta esa intención, es oportuno preguntarse: ¿Eso equivale a venderle a UPM (Botnia)? La nueva ley lo debería expresar. Es decir, se puede hacer una nueva ley de la madera, pero conservando el artículo que impide suministrar de materia prima a la empresa que ha generado un conflicto a nivel de Estado y de pueblos ribereños. Eso sería coherencia. Además, para que nadie se haga el distraído, no se puede estar a favor del ambiente y por otro lado, favorecer que UPM sea abastecida por la madera entrerriana. El interés y el valor en ese caso no van de la mano. ¿Cómo harán los gobiernos para encontrar una solución al conflicto, si los mismos gobiernos alimentan a la industria a la que califican de provocadora del conflicto? Con el criterio de vender materias primas a UPM (Botnia), perfectamente luego pueden pedir que se derogue la ley que impide el establecimiento de industrias pasteras de celulosas en Entre Ríos. El dios dinero todo lo puede. Y está claro que para los funcionarios, donde antes había el valor de una convicción ahora hay un acomodamiento a intereses que nada tienen que ver con aquel valor de conciencia. Se insiste: se puede pensar en vender la madera al Uruguay, pero se podría dejar la excepción de no venderla a un rubro específico, en este caso, el celulósico. Pero no. La idea es esa: alimentar a la empresa que ha generado el conflicto ambiental más importante de las últimas décadas. Una incoherencia, salvo que también se piense que UPM es lo mejor que le pasó al aire, al agua y a la tierra en su influencia con el río Uruguay. Se puede entender que los intereses cambien con el tiempo. Lo que no se puede admitir es que también cambien los valores. Porque cuando cambian los valores –si vale la imagen-, es porque se tuvo convicciones de madera. Un mal ejemplo en materia de construcción de ciudadanía.

(La Nota digital)













