La comunidad educativa de la Escuela «Poeta Juan L. Ortiz» se reunió en asamblea para rechazar la decisión de no abrir un curso de primer año en la modalidad de jóvenes y adultos. La medida, atribuida al Consejo General de Educación — CGE — encendió una alarma que excede a una institución puntual y vuelve a poner en foco la crisis social y educativa que atraviesa la provincia.

El dato que se aprecia en el video de Canal Once es fuerte: 42 personas se inscribieron para iniciar sus estudios secundarios, pero el curso no fue habilitado. Detrás de esa cifra hay historias de trabajadores, madres, jóvenes que interrumpieron su escolaridad y hoy buscan retomar un camino que el sistema parece volver a cerrarles.

Durante la asamblea, docentes, estudiantes y directivos coincidieron en que la medida no solo afecta la matrícula actual, sino que pone en riesgo la continuidad misma de la escuela. “No hay oportunidad si no hay escuela”, resumieron, en una frase que sintetiza la preocupación colectiva.

La modalidad de educación para jóvenes y adultos cumple un rol clave en contextos de vulnerabilidad. En barrios donde el trabajo informal, la precariedad y las trayectorias educativas fragmentadas son moneda corriente, la escuela funciona como un espacio de contención, pero también como una herramienta concreta de movilidad social. Su debilitamiento no es un hecho aislado: forma parte de un escenario más amplio de ajuste y reconfiguración del sistema educativo.

Algunos estudiantes fueron derivados a otras instituciones, aunque no todos lograron reubicarse. Para muchos, la distancia, los horarios o las condiciones personales hacen inviable continuar sus estudios en otro establecimiento. En esos casos, la consecuencia es directa: la exclusión.

Uno de los testimonios más significativos fue el de una estudiante que expresó su deseo de terminar la secundaria “para ser alguien”. Lejos de ser una frase individual, condensa una expectativa social profunda: la educación como posibilidad de futuro. Cuando esa puerta se cierra, lo que queda es la intemperie.

Desde la comunidad educativa advierten que la falta de apertura de cursos puede ser el primer paso hacia un cierre progresivo. La preocupación no es infundada: en contextos de restricción presupuestaria, las instituciones más pequeñas o con menor visibilidad suelen ser las primeras en sufrir recortes.

El conflicto en la Escuela Poeta Juan L. Ortiz expone, así, una tensión de fondo: entre la lógica administrativa y la necesidad social. Mientras las autoridades argumentan criterios de organización, en el territorio se multiplican las demandas insatisfechas.

La asamblea no fue solo una reacción, sino también una forma de resistencia. En tiempos donde la crisis golpea con fuerza, la comunidad se organiza para defender algo más que un curso: el derecho a la educación.

imagen. IA

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