Creo que el History Channel siempre ha sido un buen termómetro para medir los intereses coyunturales y permanentes del imperio y cuál es la política de comunicación de los mismos.

Desde el principio este canal -que dicen que es propiedad de importantes dirigentes republicanos vinculados a los Bush- ha tenido como norte mostrarnos una realidad histórica parcial y distorsionada de la humanidad. Como un reflejo refinado del nivel que alcanzó la guerra fría en el ámbito de los mass media, muchos de los temas tocados incluyen items como el armamentismo, el misticismo, la superioridad tecnológica norteamericana y una cantidad llamativa de investigaciones alrededor de temas bíblicos (algo que también es moneda corriente en otros canales de «divulgación científica»)

El sesgo militarista de muchas de sus series alcanza niveles desopilantes al punto que desde la óptica del History prácticamente no hay logro científico ni aplicación tecnologica hogareña que no tenga su raíz en un esfuerzo bélico. De esta forma el horror de la guerra toma desde la óptica de sus documentalistas un perfil benefactor, ya que gracias a ella, nuestros hogares se han beneficiado de hornos a microondas eficientes o maravillosos cuchillos eléctricos.

Algo parecido sucede con las investigaciones realizadas sobre la biblia, donde se tratan de probar o refutar hechos narrados en el «libro más leído del mundo» (definición 100% de ética protestante) y por supuesto encontrando y exponiendo pruebas -por demás dudosas- sobre mitos fundantes como el Arca de Noé o las plagas de Egipto. Todo lo cual responde al interés, manifiestamente yanqui, de tratar de darle un sostén científico a la fe religiosa; algo que ha sido perseguido por largo tiempo pero que -convengamos- no le agregaría ni sacaría nada a ninguna religión… a menos que a través de estos análisis se descubriera la superioridad del cristianismo por encima del Islam (por traer un ejemplo no del todo azaroso).

En estos últimos meses a la agenda temática normal se le han agregado en la grilla cuestiones que antes no eran abordadas por el History. Las crónicas bélicas, donde los Estados Unidos siempre salen victoriosos (aún en Vietnam), han cedido lugar a series de programas que abordan temas tan poco serios como Nostradamus o el fin de los tiempos; haciéndolo desde una perspectiva que evidentemente trata de infundir temor o por lo menos incertidumbre sin ninguna base científica que sostenga ninguno de los dichos que se vierten.

Descripciones medievales del apocalipsis son ilustradas, analizadas y presentadas como si fueran algún tipo de aproximación realista sobre el destino de la especie humana y se dejan entrever señales de que «el fin no está tan lejos». Programas enteros dedicados a la extinción de nuestra especie, preguntando sobre cuáles de nuestras obras sobrevivirán a la hecatombe se mezclan con grupos de pseudo investigadores que encuentran restos de ovnis debajo de piedras o insertados en la piel de un pobre tipo.

Pero ¿Cuál es la motivación de este cambalache? ¿Qué es lo que hace que este canal que antes nos mostraba lo inútil que era pensar siquiera en enfrentar al imperio más poderoso de la Tierra, ahora esté lanzado a un delirio místico electrónico de destrucción masiva?

Sospecho que se trata de un reflejo natural y muy bien aprendido el liderazgo norteamericano, de que no hay mejor disciplinador social que el temor irracional inducido y dirigido desde el poder. Ellos mismos ya llevaron este pánico regulado por el estado a niveles superiores cuando el cuco destructivo eran los rojos o la guerra nuclear. De esta forma pudieron controlar de manera efectiva a prácticamente toda la sociedad occidental por varias décadas, permitiéndoles que, al menos en los países centrales, pudieran hacer un uso de políticas intrusivas y policiales de baja intensidad. Pero ese modelo ha caducado y fue reemplazado por el que actualmente vemos, con cercenamiento de libertades individuales y la famosa Acta Patriótica, que con la excusa del terrorismo internacional metió a los organismos de seguridad estadounidenses hasta en la sopa de sus ciudadanos; metodología que fue trasladada con matices también a Europa.

Ahora este modelo puede empezar a quedarse corto; porque la realidad que enfrentan los EE.UU. tiene muy pocos pero alarmantes antecedentes históricos. El crack financiero de los 30 no solo fue un momento en que miles de personas que habían perdido sus ahorros se quitaron la vida, sino también una etapa donde el hambre rebeló a millones de trabajadores norteamericanos que fueron detenidos, apaleados y masacrados en varias ocasiones. El actualmente agitado principio del Siglo XXI empieza a ofrecer condiciones similares a las del pasado conocido y seguramente hay un interés muy fuerte en desplegar la mayor cantidad de diques políticos y psicológicos para evitar que la situación se vaya de las manos.

Por otra parte es evidente que estamos en medio de proceso de fin de ciclo. Sin entrar en divagaciones sobre si se trata del fin del capitalismo o algo por el estilo, es innegable que el terremoto económico viene acompañado de remezones políticos que seguramente debilitarán el liderazgo mundial de los EE.UU. De más está decir que esta certeza implica para la clase dirigente norteamerica y sus aliados todo un apocalipsis mucho más tangible, doloroso y real que el que describe el Antiguo Testamento, y si bien Nostradamus nunca dijo nada sobre Lehman Brothers es probable que en el futuro se descubran algunos versos suyos profetizando la inutilidad -in sécula seculorum- del salvataje al CitiGroup.

La runfla de rufianes

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