Los pobres, esa raza perseguida y maldita

Alguien hizo correr un comentario con el afán de dañar y apareció la xenofobia. Si xenofobia. Pero no hacia el extranjero invasor que compite por los puestos de trabajo dentro del país. Es una xenofobia especial. Una xenofobia contra los propios. Una xenofobia contra los pobres. Contra el cabecita negra nacido en una villa.

Al decir del Filósofo Fernando Savater: “La única raza perseguida en el mundo es la de los pobres”.

Si, es así. Hoy se tolera que Obama, siendo un mestizo, haya llegado a la Presidencia de los EE.UU por el voto democrático de los ciudadanos norteamericanos. Lo que nos hace reflexionar sobre cuanto más tolerante está la humanidad. Es más, en nuestro país, la imagen y la aceptación de los argentinos sobre Barack Obama es altísima, superando ampliamente a cualquiera de los líderes políticos locales. Pero mientras eso sucede, “el cabecita negra” propio, el pibe morocho pobre y excluido, despierta recelo y cuanto más lejos se lo tenga mejor. Como si la pobreza fuera una enfermedad infectocontagiosa.

Nadie ve el color de piel del sultán de Brunei, pero en cambio el pobre pertenece a una raza perseguida y va a ser aún más perseguido si encima tiene rasgos étnicos distintivos. Ni hablar si el pobre o la pobre nacieron en una villa. Esa persona, cualquiera sea su sexo, esta brutalmente condenada. Muy difícilmente consiga un trabajo nuevo, si dice que vive en una villa. Tampoco podrá acceder a un grupo de pares fuera de los hermanos de raza convivientes dentro de la villa. La villa se ha transformado en un gueto cultural. Sus ciudadanos están condenados a convivir en ese ámbito. A no ser que sea muy linda y con medidas corporales apreciadas por esta sociedad de consumo, que de cartonera salte a ser modelo y se encuentre desfilando en las pasarelas del mundo de la moda. O que por una inusual habilidad innata con una pelota de fútbol, la gente lo coloque en la cima del mundo, como sucedió con el Diego.

Pobre de Jesús si volviera y Dios hubiera elegido unos padres que tuvieran que recibir a su hijo en un pesebre, entre los olores fétidos de los orines y las heces de los burros que eran utilizados en esa época como medios de transporte.

O quizás sería mucho peor que naciera en una villa. Ahí, estaría condenado y moriría mucho antes de llegar a la cruz. Quizás en el plazo en que piensan los adolescentes que morirán. Ellos, los jóvenes habitantes de las villas, según investigaciones sociológicas serias, piensan que morirán en los próximos cinco años. Ellos se sienten en un tránsito sin escalas a la muerte muy próxima. Están jugados como dicen tristemente.

Y no son los gobiernos los que tienen la culpa. Los que no los consideramos hermanos somos sus propios hermanos. Los propios argentinos. Los que después de ignorarlos o segregarlos nos envolvemos en nuestra enseña patria para mostrarnos ante los demás, como los más patriotas de todos. Los gobiernos saben que los pobres poco importan.

Es más los políticos saben que los pobres se los desprecia y no se los considera con derecho a nada. Y mucho menos a salir de la villa. Ese es su único lugar y no hay otro. También saben que no se los considera con derechos para recibir un subsidio, ni menos una beca o una ayuda escolar. Ellos se dan cuenta que los pobres molestan. Las ayudas sociales se las dan sin decir nada, porque saben que si lo publicitan, se pierden los votos de la clase media.

Que no se les ocurra irse de ese infierno que significa hoy la villa y querer reiniciar la vida en otra parte. Quizás en una ciudad entrerriana como la nuestra, donde no hay mucho trabajo pero se puede vivir de otra manera. Buscando un poco de paz. Lejos del PACO. Que si se quedan seguramente tomará entre sus garras a lo mejor que tienen, a sus queridos hijos.

Porque los que se vienen, lo hacen a un lugar similar desde donde salieron alguna vez sus padres, o sus abuelos. Ellos salieron, expulsados por la miseria. Ahora quizás piensan irse a vivir a una ciudad pequeña como la nuestra, donde tienen algunos parientes o amigos. Porque que no queden dudas, los integrantes de las villas son nuestros hermanos del interior del país, que alguna vez emigraron en busca de un trabajo y buscando un futuro mejor.

La villa antes del PACO era otra cosa. Era un lugar para pobres cerca de todas las posibilidades para vivir mejor. Esa droga, el maldito PACO, está diseñado y está fabricado para lograr el resultado que obtiene. Está hecho a propósito para lograr lo que logra. El de transformar la villa en un infierno y expulsar a todos los que le temen, porque quieren conservar la vida de sus hijos. Y también para matar a los que lo consumen.

Nuestra ciudad, no es un mercado para los delincuentes. El mercado para los delincuentes es la Capital Federal y los otros tres grandes conglomerados urbanos. El resto no somos apetecibles. El que intenta reiniciar su vida en las ciudades pequeñas viene buscando calidad de vida y motivado por otros valores.

Las familias que se vienen a nuestra ciudad no vienen a destruirnos, ni forman parte de un plan político siniestro para erradicar una villa de la Capital Federal y menos la villa 31. De esa villa no se va nadie, porque tienen todas las condiciones a las que aspiran sus habitantes. Donde sus intereses materiales, laborales, sanitarios, relacionales y culturales, están allí. No aquí.

Solo ven fantasmas algunas mentes calenturientas que buscando protagonismo se identifican con los dichos de la farándula y salen a la palestra, buscando las cámaras televisivas, fabulando complots y pidiendo como en algunos países centrales que se impida venir a los pobres. Imaginándose quizás lo bueno que sería poder levantar muros que regulen la admisión.

Existen antecedentes históricos en nuestro país. Corría el año 1874 cuando asumió el doctor Nicolás Avellaneda y quedó a cargo del Ministerio de Guerra y Marina el doctor Adolfo Alsina. El actual partido de Rivadavia, en la provincia de Buenos Aires, era entonces una región insegura e inhabitable, azotada por los malones en busca de hacienda y utilizada como vía de paso por los indios. El gobierno buscaba extender la frontera desde el río Salado hasta el río Negro, para anexar esas tierras que posibilitarían la integración económica.

Para lograr ese objetivo fue creada la “Zanja de Alsina”, nombre dado a un sistema de fosas y fortificaciones que fueron construidas desde Nueva Roma -al norte de Bahía Blanca- hasta Italó, al sur de la provincia de Córdoba, paraje cercano a la laguna Amarga en donde desemboca el río Quinto.

Quizás esta sea la idea adecuada, ya que nuestra ciudad no tiene las posibilidades económicas de hacer un muro como el que han construido recientemente EE.UU e Israel o como los Chinos, que construyeron su muralla como siempre, hace muchos siglos atrás

Cosas vedere Sancho.

Atentamente JUANCHO MILITANTE