En el marco de los Juicios contra represores de la última dictadura, Sabrina Gullino declaró por 45 minutos. Dijo conocer personalmente a cuatro de los imputados, dio los nombres de sus padres biológicos, Raquel Negro y Tulio Valenzuela. Luego, comenzó a responder preguntas.
– ¿Cómo toma conocimiento de sus padres biológicos?
– Siempre supe que era adoptada. Mis padres me contaron de chica. En noviembre de 2008 tomé la decisión de hacerme un ADN y esa misma semana me comuniqué con gente de Abuelas de Plaza de Mayo. Viajé a Ramallo, estaba con mi familia y un domingo a la tarde sonó el timbre y era un cabo de la Policía Federal con un papel que decía que mis padres estaban citados a declarar en Entre Ríos. «Debe ser que con tu madre hace 20 años chocamos en Paraná y Trimarco es una aseguradora», me dijo mi padre. Buscamos en Internet con Carla, mi hermana, y encontramos la historia de Raquel Negro y Tulio Valenzuela. Fue la primera vez que leí sus nombres.
«Mis padres se casaron y se fueron a vivir a Ramallo. No podían tener hijos y se inscribieron para adoptar. Al año, vieron por televisión que habían dejado abandonada a una bebé en el Hogar del Huérfano de Rosario. A los dos o tres días los llamaron con la noticia de que había un bebé. La fueron a buscar. Las monjas le habían puesto María Andrea», contó Sabrina.
Dijo que los padres le dijeron esto tras la citación y que le pidieron perdón por no haberla informado antes de estos datos. «Fue para evitar el dolor de saber que me habían abandonado», indicó. Y dijo que sus padres no tenían idea de que podía ser hija de desaparecidos.
Recordó que entonces pudo ver fotos de su madre, que quería ver si era parecida y que su madre adoptiva al ver las imágenes le dijo: «Sos igual a tu mamá».
Sabrina contó que mientras esperaba el resultado del ADN, que fue tomando conocimiento de que la causa se inició por impulso del fallecido director del Registro Único de la Verdad del Gobierno de Entre Ríos, Guillermo Mencho Germano. Y que se enteró entonces de la existencia de un medio hermano, Sebastián Álvarez, que la estaba buscando.
El resultado del ADN demoró más de 20 días. «Me dieron el resultado y me dijeron que mi sangre era perteneciente al grupo familiar Valenzuela Negro en más de un 99 por ciento. Lo llamé a Sebastián para conocerlo», declaró Sabrina. Y refirió el siguiente primer diálogo entre ambos:
– Qué hacés Negrita.
– Nada, te llamo. ¿Vos que hacés?
– Estoy en el baño encerrado llorando.
«Quedamos en vernos a la tarde en mi casa, solos. Ese lunes no llamé a nadie. Estuve esperando que llegara. Cuando sonó el timbre e iba hacia la puerta me di cuenta de que iba a ver por primera vez alguien de mi sangre», confió.
«Los reos que están sentados ahí atrás, esos señores, que asesinaron y son responsables del secuestro de mi mamá y de mi papá, y de mi hermano Seba y que quisieron destruir a nuestra familia, que quede claro que no pudieron. Y que seguramente a mi hermano Seba le debe haber costado un montón su infancia y a mí a veces me cuesta no haberlo podido acompañar por no haberme hecho antes el ADN, pero no pudieron. Y tengo a mi otro hermano Matías, hijo de Tucho con una pareja anterior. Los traigo a este relato porque son parte de esta historia», expresó la joven.
«Quiero decirles a los imputados que vengo a hablar en nombre mío y de mi hermano mellizo, que está desaparecido. Y que mientras él no esté se sigue cometiendo el delito», agregó. Desafió a los represores a que «si se atreven rompan su pacto de silencio» y valoró la declaración del médico José Zaccaría. «Dijo que tenía conocimiento de que había habido otros partos en el Hospital Militar, por lo que la hipótesis inicial del Mencho que parecía de otra dimensión ahora cobra fuerza», resaltó. «Ellos seguramente saben qué pasó con mi hermano mellizo. A la condena la van a tener pero tienen la oportunidad de participar de otra manera en la historia», completó.
Luego, se le pidió a Sabrina que contara lo que sabe sobre la historia de su madre. «Cuando leí las noticias sobre el represor Eduardo Constanzo y tomé contacto con mis abogados y mi hermano, tuve conocimiento de que mi mamá Raquel había sido secuestrada el 2 de enero de 1978 junto a Tucho y Seba por la patota de Rosario. Supe que fueron llevados a la quinta de Funes, que allí se planteó la situación de la Operación México y que mi mamá quedaría como rehén con los mellis en la panza, mientras Seba volvía con los abuelos», narró, y refirió datos que dijo haber leído en el libro Recuerdo de la muerte, de Miguel Bonasso.
Después, continuó aportando información que le fue explicitada por Jaime Dri, a quien fue a visitar a Panamá. «Me dijo que la vio a mi mamá antes de los traslados, que ella estaba con panza, que le dijo que la esperara para fugarse juntos, pero que luego la llevaron a Paraná para adelantarle el parto y que no volvió a verla», contó. «Jaime me dijo que estando en la ESMA vino alguien y le dijo: ‘Podés creer que el hijo de puta de Tucho encima tuvo mellizos’. Le pregunté si le habían dicho que uno había muerto, pero me dijo que no», indicó.
«A mi mamá la ingresaron en marzo de 1978 como sobrina de Galtieri para dar a luz en Paraná. La atendieron algunas enfermeras y ese día el Hospital Militar estaba muy custodiado. Sabían que había una ‘subversiva’. Nacimos entre el 3 y el 4 de marzo. UNa enfermera nos vistió. Le pregunte si vio al mellí en malas condiciones de salud y dijo no acordarse, aunque sí afirmó que teníamos buen peso. Al otro día no estábamos más», expuso Sabrina. Les habían puesto Facundo y Soledad, contó Sabrina antes de expresar su reconocimiento a las enfermeras por su colaboración. «Se la jugaron», valoró.
Después le preguntaron que sabía sobre el paradero de su hermano mellizo, y explicó que hay dos hipótesis: «La del bebé vivo y la del bebé muerto», graficó.
«Leí en la causa los dichos de un testigo de identidad reservada que dijo que el bebé murió y lo enterraron en el Hospital Militar, cerca de un incinerador, pero las excavaciones no permitieron encontrar nada, aunque se amplió el perímetro de búsqueda», explicó. «Esa hipótesis fue perdiendo fuerza en estos años. Ninguna enfermera ni nadie vio el bebé muerto», señaló.
Luego, contó las alternativas del traslado de los bebés al Instituto Privado de Pediatría (IPP) de Paraná. «Hay una acta de ingreso de Soledad López del 4 de marzo y otra seis días después de NN López. Los dos egresamos el 27 de marzo con el alta médica. Me llama mucho la atención que los médicos dueños del IPP, Vainstub, Torreaday y Schroeder, no se acuerden de nada, siendo que esa institución tenia cierta jerarquía. Pero a nadie le llamó la atención el ingreso de dos bebés sin padre ni madre, sin obra social. Ni siquiera pareció importarles que alguien se hiciera cargo de los costos», disparó Sabrina.
«Como puede ser que los médicos, de esa institución que hacia pocos años había inaugurado, no recuerden la situación de esos bebés. Hay testimonios de enfermeras que dicen que las mujeres de los médicos los iban a ver porque tenían la característica rara de ser hijos de ‘subversivos’», insistió.
Le preguntaron luego cómo fue su vida tras conocer su origen biológico, y la joven respondió: «Fui criada en una familia que son unos amores totales, los adoro. Son una masa mis viejos y mi hermana Carla. Pero lo cierto es que cuando uno se pone a ver el concepto de sustitución de identidad, que es algo que se va construyendo, no es algo acabado, y soy el resultado de dos imposibilidades. La primera es que yo tendría que haberme criado y crecido con Tulio, Raquel, Seba y el Melli. Eso ya no puede ser. La segunda es que tendría que haberme criado con Sebastián, con mis abuelos biológicos. Me tendrían que haber devuelto con mi mellizo», graficó.
Le preguntaron luego cómo fue su vida tras conocer su origen biológico, y la joven respondió: «Fui criada en una familia que son unos amores totales, los adoro. Son una masa mis viejos y mi hermana Carla. Pero lo cierto es que cuando uno se pone a ver el concepto de sustitución de identidad, que es algo que se va construyendo, no es algo acabado, y soy el resultado de dos imposibilidades. La primera es que yo tendría que haberme criado y crecido con Tulio, Raquel, Seba y el Melli. Eso ya no puede ser. La segunda es que tendría que haberme criado con Sebastián, con mis abuelos biológicos. Me tendrían que haber devuelto con mi mellizo», graficó.
«También me parece interesante que estemos acá, alucinante es esta instancia de justicia. Y quiero decirles a Amelong y Pagano (los mira fijo) que son los que me llevaron en el auto y me dejaron abandonada en el convento, que no se deben arrepentir de haber secuestrado a mis viejos, pero si de que no haberme tirado al río. Porque 33 años después acá están siendo juzgados.
Finalmente, segura, Sabrina le pidió «a la sociedad paranaense que aporten datos porque creemos que el melli está vivo».
Tanto en la sala de audiencias como en el recinto para periodistas se escucharon fuertes aplausos.
Fuente: radio LT14
(La Nota digital)













