P. Suárez

Aunque muy pocos lo saben, la presencia negra tiene una gran importancia histórica en la provincia de Entre Ríos.

Los descendientes del negro, en mestizaje con el indio y el español dieron origen al gaucho entrerriano, como pasó en todo el país. De hecho el investigador Julio C. Djenderedjian realizó estudios referidos a los peones libres y los esclavos en las estancias de Pedro y Esteban García de Zúñiga cerca de Gualeguaychú, rebelando que la presencia afro en aquella zona era digna de tenerse en cuenta. Actualmente, aún existen en esa ciudad manifestaciones musicales ancestrales de personas que se reconocen como afrodescendientes.
Por otra parte, contamos también con información sobre la llegada de esclavos africanos a la zona de Gualeguay a través del libro La Trata. Esclavos Negros en la Villa de San Antonio de Gualeguay, de Olga Massoni, publicado por la Editorial de Entre Ríos.
Respecto a la ciudad de Paraná, un completo trabajo de la Lic. Mabel Masutti, “La Negritud en la Cultura Argentina” nos dice que hacia 1784 había alrededor de medio millar de africanos y afrodescendientes en esa ciudad.

El Barrio del Tambor

En 1822, El gobierno de Entre Ríos ratifica en la provincia las disposiciones de la Asamblea General del año 1813, entre las cuales se declaraba la llamada libertad de vientres “prohibiendo el tráfico de esclavos en el territorio de la Unión y dando por libres a todos los que nacieron en él de la esclavatura existente”. En el mismo año se comienza a construir la capilla norte de la actual iglesia San Miguel. Y es a partir de entonces que comienza a conformarse el barrio sobre los terrenos que la iglesia poseía al norte y al este de la capilla. Luego, en 1836 se coloca la piedra fundamental de la nueva iglesia de San Miguel, y se proyecta la actual Av. Rivadavia que uniría el Puerto con el centro de la ciudad. A consecuencia de esto, los terrenos del Barrio del Tambor comienzan a cotizarse y la Iglesia decide venderlos, desencadenando un paulatino proceso de dispersión de la comunidad afroparanaense.

La esclavitud

César Blas Pérez Colman, (fragmento). Paraná 1810 – 1860
Los primeros cincuenta años de vida nacional Rosario, 1946
Los negros libres y algunos de los sujetos a la esclavitud, habitaban con sus familias en los suburbios del pueblo, formando con sus ranchos primitivos, un barrio sui generis en los terrenos situados al norte de la ciudad, detrás de la manzana en que se edificó la iglesia San Miguel. En las quintas y laderas de las barrancas, los negros habían levantado una especie de aldea, que trasuntaba el tipo característico de las poblaciones africanas.
El barrio de los negros, se llamó “del tambor”, porque en las reuniones que generalmente celebraban los sábados por la noche, tañían esos aparatos y otros análogos, para acompañar sus danzas y cánticos nativos. Al compás de sus instrumentos, entonaban melancólicas canciones en idioma angola o mozambique, que rememoraban el lejano país, al mismo tiempo que los viejos y sus hijos, bailaban candombes, tangos y danzas similares, ejecutadas con los rituales conservados fielmente a través de los años.
Durante las fiestas de Carnaval, los negros, libres y esclavos, formaban asociaciones y comparsas, que recorrían las calles y visitaban las casas de familia, cantando y bailando, acompañadas por orquestas formadas con guitarras, acordeones, algún violín y los tambores tradicionales.

Presencia africana en Paraná

Fragmento de un artículo publicado por El Diario de Paraná, del Prof. Walter Musich.

Cuando la estructura de dominación económica de Santa Fe se consolidó en nuestro territorio, con la estancia y las actividades económicas primarias, los esclavos negros de origen africano afluyeron junto con la peonada criolla y los indios encomendados. También vinieron como domésticos de los vecinos comerciantes, militares o hacendados, que constituyeron el primitivo núcleo urbano de la Bajada.
Buenos Aires fue un importante puerto de ingreso para el comercio legal e ilegal de negros esclavos. Para cuando se creó el Virreynato del Río de la Plata habían ingresado por él al continente, y mediante los traficantes franceses e ingleses habilitados por la Corona española, más de 60.000 individuos. Sí bien la demanda mayor estaba en el Alto Perú y las minas de plata de Potosí, en el Litoral se conseguían con relativa facilidad y a un mejor precio.
A medida que las ciudades crecían en población y extensión, iban apareciendo en sus arrabales, los pequeños caseríos de negros libertos. Fuera ya de las casas de sus amos pero lo suficientemente cerca de las casas o empresas de sus eventuales patrones, daban forma a espacios urbanos y sociales completamente únicos, donde reconstituían parte de sus identidades y a la vez forjaban una cultura mestiza.
Con los nombres de “Barrio del Tambor” o “Barrio del Candombe”, se conocía popularmente al sector de Paraná donde vivían más negros durante el siglo XIX, denominativos que no eran exclusivos de esta ciudad, ya que también el primero identificó en Buenos Aires al arrabal de Monserrat, residencia de los morenos libertos, junto con el “Barrio del Mondongo”, la Plaza de la Fidelidad, Santa Lucia y Concepción. Tenía como límite sur un profundo zanjón, cuyo cauce lo marca hoy la traza de las calles Uruguay-Cervantes, el cual en tiempos de copiosas lluvias aislaba a muchos vecinos; se extendía en dirección al río, siguiendo el natural declive de las barrancas. Los terrenos mejor valuados estaban en las inmediaciones del “Alto del Molino”, sitio que hoy ocupa la plaza Alvear y por entonces el establecimiento harinero de Juan Garrigós. En uno de estos solares, se construye en 1822 uno de los edificios más notables de la villa, al que hoy conocemos como la Capilla Norte de San Miguel, para la asistencia espiritual de los negros.
Aunque a los ojos del blanco todos eran simplemente negros, en realidad, se trataba de una heterogénea comunidad de étnias, lenguas y orígenes y con el tiempo llegaron a diferenciarse por sus aptitudes para tal o cual trabajo, por sus rasgos antropológicos o sociales más notables. Es así como bajo el nombre de “congos”, se identificó a aquellos provenientes de Camerún y el Congo, como “benguelas” a los de Angola, “cafres”, a aquellos sometidos en Mozambique y Madagascar y “Mandingas”, a los de Guinea.
Durante el calendario festivo o en tiempos de carnaval, esta comunidad exorcizaba sus miserias y desdichas con particulares expresiones de su folklore, músicas y danzas que, según ha trascendido, despertaban en algunos vecinos espanto y vergüenza, mientras que en otros curiosidad y alegría:
En los “tangos”, sitios elegidos para desarrollar danzas rituales y festivas, un grupo de hombres formaban un círculo y libraban percusiones y cantos que (…) provocaban el baile de quienes se ubicaban en el centro de la ronda. Los instrumentos eran fabricados artesanalmente con materiales del lugar, como troncos y osamentas, que trabajaban hasta arrancarles los sonidos deseados.

Candombe (fragmento)

Juan Giménez, Paraná capital de la Confederación Argentina, Recuerdos históricos Fiorenza, Paraná, 1906.

El escribano Juan Giménez nos brinda una crónica doblemente elocuente, ya que describe las grandes reuniones del Barrio del Tambor y a la vez da cuenta de cómo ciertos sectores de la sociedad subestimaban aquellas manifestaciones culturales:
“Los parajes donde estas diversiones tenían lugar eran: frente a la Escuela Sarmiento, que entonces era todo despoblado, no existiendo más que unos ranchos de estanteo y unos cuantos ombúes; otro, frente a la casa del profesor Demetrio Méndez, a media cuadra de la citada plaza, y el otro, que era el centro principal y más concurrido, quedaba en la calle San Martín, una cuadra al norte de las misma plaza”. ¿Cómo era el baile del candombe en Paraná? “Un grupo de morenos, dice Giménez, con tamboriles de forma cúbica, formaba rueda; en el centro entraba una pareja que se turnaba de rato en rato y al son de los tamboriles que golpeaban con las manos y del canto unísono y monótono y sin ninguna variante, canto que lo hacían todos, danzantes y músicos, empezaba el baile dentro de aquel reducido círculo”. Y prosigue el testigo: “Cantaban en su idioma africano. Preguntándole a uno de ellos sobre el significado de aquel canto tan monótono y tan insulso, me contestaba que, en su idioma africano, quería decir:
El yacaré está en la laguna,
En la laguna está el yacaré,
El yacaré está en la laguna,
¡Cuidado con el yacaré!
“Esta raza, que tenía su asiento en estas regiones era de origen africano, esclavos vendidos por sus amos y que después por las humanitarias leyes de nuestros gobiernos, aboliendo la esclavitud, habían podido recobrar su libertad.” La concurrencia era numerosa. “El día de fiesta por la tarde y por la noche, las familias y caballeros de todas las clases sociales, iban y venían como oleadas que se suceden unas a otras, a gozar de aquel punto de reunión. Aquello era una romería”, termina informando el ocurrente cronista en sus páginas de recuerdos.

Comparsas

Moisés Velazco, Recuerdos de mi niñez en la ciudad de Paraná 1877 – 1889. Rosario 1929.
“El año 80, hubo en Paraná, el primer corso oficial que presencié, con mi madre, desde la casa del Señor Sebastián Puig en la calle San Martín. Llamó la atención una comparsa llamada “Farsambay” por su excelente orquesta, de la cual formaba parte mi padre (…) también llamó la atención la de “los negros africanos” que marchaban llevando delante un escobero que se deshacía en contorsiones y que iba diciendo “¡oya! ¡oh! ¡oya! Comilón de cebolla”, “¡ah! Neguito si fueras branco” y “¿comorise que le vá?” – “con la cola por detrá como todo lo demá”. Recuerdo una milonga que cantaban al son de los candombes, y que terminaba así: “¡eh! ¿Cumandá, cumandá?”- “¡achuchú, achuchú!” – “¡oschevare María!” – “¡no sabe bailá, no sabe bailá!”.

Pablo Suárez: Recibe del Fondo Nacional de Las Artes una beca de perfeccionamiento en percusión, e investigación de la música afro-argentina. Entre 2007/ 08 produjo y dirigió el proyecto discográfico “Tangó de San Miguel”, un trabajo de investigación y recreación de la música de raíz afro en la ciudad de Paraná.

Fuente: CC Ricardo Rojas

(La Nota digital)

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