Plan B para avanzar con la democratización judicial

En la semana hubo tres cosas que ocurrieron al costado del cierre de listas. Cristina con sus tuits, una primera e inesperada movilización a Tribunales contra la Corte Suprema y decisiones del Congreso.

Por Lucas Carrasco

La irrupción del intendente de Tigre, Sergio Massa, en la escena comunicacional donde se discute mayormente la política (la única y saludable excepción es la movilización de La Cámpora para escenificar la candidatura de Juan Cabandié) tiene más de tanteo en la oscuridad que de certezas. Pero, sin embargo, es funcional al kirchnerismo en un sentido inesperado. Para ponerlo en palabras del poeta y periodista Martín Rodríguez, “la indefinición de Massa le baja el volumen al monólogo de Lanata”. Es decir, con matices, no aparece el opositor que el Partido Clarín quisiera, una especie de Elisa Carrió con pinta de Sergio Lapegüe y los votos de Cristina.

Por lo menos, algo amenaza el poderío electoral del kirchnerismo en su principal bastión, la provincia de Buenos Aires. Unas elecciones que pintaban mediocres y aburridas, con el agregado desopilante de la Corte Suprema prohibiendo que se vote un cuerpo de la boleta, de pronto toman color porque existe la sensación de competitividad. Si esta sensación es como la inseguridad, o sea, además de sensación, realidad, se verá a partir de las internas obligatorias, las PASO, próximas a realizarse.

La lista que armó Massa, que va desde el prolijo intendente de Almirante Brown, Darío Giustozzi, al banana inculto de Fabián Gianola, no tiene a la corrupción como principal bandera. Aunque si no se hubiera destapado el debate en torno a la corrupción, en conjunto con cierto debilitamiento del crecimiento y de la creación de empleos, la candidatura de Massa sería tiernamente imposible. Son también los ruidos de la corrupción los que aprovecharon, aunque sin decirlo claramente, los punteros de la Corte Suprema para encanutarse los enojosos privilegios de estar por encima de la ley, gozar de una impunidad galopante y no pagar impuestos.

Esta semana ocurrieron tres cosas al costado del cierre de listas: 1) Cristina, a través de sus tuits (que quizá tengan más efectividad comunicacional que las cadenas nacionales, y si explotara más la herramienta, con ideas y vueltas, contestando, usando los TT y hashtag, el volumen comunicacional se potenciaría hasta límites distintos), insistió con la reforma judicial. 2) Hubo una primera e inesperada movilización a Tribunales contra la Corte, por parte de Justicia Legí- tima. 3) El Congreso prometió avanzar sobre el manejo presupuestario del Poder Tribunal, en manos usurpadas a la Constitución por parte de la Corte Suprema. Es decir, hay un sendero estratégico, hay un esbozo de Plan B, cuando parecía (a mí me lo parecía) que había hasta cierto regocijo en la derrota.

O sea, hay que rever los análisis. Llama la atención que la oposición política orgánica -es decir, los subordinados al Partido Clarín- no tomen esta bandera democratizadora como una causa, por lo menos, debatible. Si no, queda como pura sarasa la prédica republicana y de respeto a la Constitución. ¿O acaso, como planteó el periodista Gerardo Fernández en su blog Tirando al Medio, la Corte Suprema pretende la inconstitucionalidad de la Constitución? La Constitución dice claramente que el presupuesto del Poder Tribunal debe ser manejado por el Consejo de la Magistratura. Si a Lorenzetti no le gusta, que arme un partido político, gane las elecciones y reforme la Constitución.

Fuente: Diario Crónica

(La Nota digital)

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