Una escuela a la medida de sus preferencias

A medida que avanza la creencia entre los adultos, de que los niños, porque toman rápidamente contacto con los objetos tecnológicos que poseen pantallas, ya lo saben todo. Es posible observar una retirada de los miembros adultos de la familia, del espacio central desde donde se toman las decisiones.

Ya que ante esa familiaridad con los nuevos dispositivos tecnológicos, por parte de sus hijos, se sienten en inferioridad de condiciones. Otorgándoles a los niños, el lugar de consultores o de asistentes tecnológicos. Ante esta retirada, los más chicos con la autoestima por las nubes, van avanzando en el terreno dejado vacante por sus padres y otros adultos de la familia, para ser ellos quienes deciden una enorme cantidad de cosas en función de sus gustos y preferencias. Las empresas que investigan permanentemente las transformaciones de los comportamientos que se van produciendo en los mercados y en la sociedad, utilizan este protagonismo infantil para que estos actúen en su beneficio. Es decir, para que actúen como si fueran sus agentes de ventas. Lo hacen prescribiendo, dentro del hogar, cual es el mejor objeto o servicio por el que deben decidirse sus padres al momento de adquirirlos. Es así, que desde hace ya un tiempo, las propagandas de las empresas tienen como protagonistas principales a los niños. A los que se los muestra tomando decisiones frente a las góndolas o haciendo recomendaciones a los adultos que conforman su familia. Estos comportamientos, mostrados en los auspicios publicitarios, les confirman a los padres, que los nuevos niños tienen una capacidad innata para manejarse e insertarse en el futuro exitosamente. Sin advertir que los conocimientos de los que hacen gala son extraídos de los auspicios publicitarios que las empresas utilizan en las tandas publicitarias de los canales destinados a los más pequeños y del contacto con sus pares. Esta precoz habilidad, les hace creer a los adultos, que las nuevas generaciones ya vienen diseñadas para entender las circunstancias de los tiempos por venir y poder afrontar los desafíos del futuro. Algo que es absolutamente falso. Esa autoridad ganada de facto dentro de los hogares, es extrapolada a otros ámbitos de la sociedad, siendo la escuela la institución donde hacen sus primeras experiencias. Ingresando a las escuelas nuevas camadas de alumnos que se creen con derecho a hacer en la institución educativa, lo mismo que hacen en la casa con sus padres. Es decir, imponiéndoles criterios pedagógicos y la discusión sobre los contenidos que deben aprender para acreditar los trayectos educativos que les permitan avanzar por el sistema en sus distintos niveles. Como si los diseños educativos fueran un menú del cual es posible elegir aquellos contenidos que más les agradan. La brújula que utilizan para saber si lo que tienen delante de sus narices, esta bien o está mal, es si el contacto con esos contenidos les gustan o si por el contrario les disgustan. Por supuesto que lo que más les gusta es lo que más les divierte y lo que menor esfuerzo les exige. Siendo así como, a partir de sus presiones sobre docentes y autoridades, van moldeando la escuela en la que pretenden estudiar. Logrando producir cambios que cada vez alejan más a las actuales instituciones educativas de la escuela tradicional, para parecerse cada vez más a un club social.

Eugenio García

(La Nota digital)

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