Individualismo militante

El pueblo argentino nunca tuvo la característica de ser un pueblo donde los intereses comunes se encuentren por encima de los intereses individuales. Más bien, podemos afirmar, que cada individuo mide los avances y retrocesos del país en función de lo que le pasa a su persona y a los miembros de su familia.

Recuerdo cuando en los años noventa se desguazaba al Estado, no se levantaban las voces direccionadas a oponerse al despropósito. Es decir, mientras los sueldos se cobraran puntualmente y la economía no estallara por los aires, como finalmente terminara pasando a finales del 2001. Tampoco nadie se sintió preocupado cuando se adquirían préstamos por decenas de miles de millones de dólares, porque las deudas del Estado son consideradas impropias.
Estoy muy seguro, de que tampoco les interesa mucho a la inmensa mayoría de los argentinos que el país en este momento, tenga muy baja deuda externa en dólares. Mostrándose incapaces de realizar cualquier mínimo esfuerzo destinado a que sus consumos no debiliten las reservas del Banco Central. Es más, los que pueden, incurren en gastos en divisas de todas las maneras posibles, siempre que individualmente les convenga. Debiéndose crear todo tipo de artilugios y mecanismos para neutralizar y contener las fugas de divisas que por las grietas creadas o a crearse, amenazan con escurrirse.
En ese sentido puede observarse como desde la economía individual y familiar, se accede a cuanta posibilidad de créditos existe para adquirir todos los bienes que se apetezcan. Inclusive los sectores más empobrecidos de la sociedad, son quienes toman créditos a tasas exorbitantes, endeudándose de una manera absolutamente irresponsable.
Es así, que si llegara al gobierno del Estado un partido político de idénticas características a las del gobierno de Carlos Menem, aprobaría con su falta de oposición las medidas que volverían a endeudarnos como en aquellas épocas. Sobre todo, mientras que individualmente puedan acceder al consumo y engorden sus arcas los sectores que se beneficiaron en aquella época y que ahora volverían a intentarlo nuevamente.
Tampoco se opondrían, los sectores más reivindicados en estos últimos años, mientras su cuota de oxígeno llene, aunque sea parcialmente, sus pulmones. Donde la mayoría, por desconocimiento y por falta de conciencia de cómo son las cosas, no se comprometería en absoluto. Sobre todo, porque ese tipo de cuestiones de Estado están fuera de su ámbito de comprensión y por lo tanto fuera de su alcance resolver. Lo que los llevaría a tratar de arreglar su situación personal, dentro del nuevo escenario, mirando para otro lado si todo cambiara el rumbo, mientras exista salvataje individual.
Es decir, que apelar al compromiso de los argentinos con las grandes posiciones políticas, es absolutamente ocioso. Siendo esta la mayor debilidad que mostramos. Una debilidad que quienes quieren virar nuevamente hacia políticas neoliberales, lo saben muy bien.

Eugenio García

(La Nota digital)

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