Ramírez: piden al Papa Francisco el traslado del cura

Los fieles acusan al cura de negar los sacramentos a los hijos de madres solteras y a personas divorciadas, además de maltrato y otros incumplimientos de sus deberes como clérigo.

Cansados de esperar una respuesta a sus reclamos de parte del arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, feligreses de General Ramírez –localidad ubicada a 62 kilómetros de la capital provincial–, enviaron una carta al Papa Francisco para pedirle que traslade al padre Mario Ventura a otra ciudad.

Los fieles acusan al cura de negar los sacramentos a los hijos de madres solteras y a personas divorciadas, además de maltrato y otros incumplimientos de sus deberes como clérigo. Junto con la misiva, incluyeron copias de notas reproducidas en medios de prensa de la zona donde se publican declaraciones del sacerdote con las que ataca a sus detractores y llega a catalogarlos de “prostitutas” o vendedores de droga.

“El 85 por ciento de los católicos de Ramírez deseamos que este cura se vaya y no perdemos las esperanzas de que el Papa nos escuche”, afirmó María Todone.

Todone es una de las pioneras en denunciar públicamente a Ventura, sobre todo después de que él le negara la comunión por estar divorciada de su marido, a pesar de que nunca volvió a formar una nueva pareja. La mujer, ante la negativa del párroco, optó por concurrir a recibir los sacramentos a iglesias de Paraná o Crespo donde no encuentra ningún tipo de inconvenientes.

“Hace un año nos reunimos con monseñor Puiggari para pedirle que lo trasladen. Dos veces estuvimos con él pero no quiso moverlo de su cargo. Era la palabra del cura contra la nuestra. Juntamos muchas firmas pero es cierto también que mucha gente no quiso firmar por miedo, porque tienen sus hijos en el colegio católico o porque trabajan ahí”, señaló la devota a El Diario.

Por su parte, monseñor Puiggari les reprochó que hayan tenido contacto con la prensa y que hayan ventilado el asunto en los medios. Pero lo cierto es que desde entonces todo sigue igual.

El conflicto trascendió públicamente cuando el cura se negaba a bautizar a un niño por ser hijo de madre soltera. Entonces, parte de la comunidad se movilizó y finalmente el clérigo cedió su postura y le dio el sacramento.

Pero ése no fue el único motivo de queja: maltrato, humillaciones públicas, falta de consideración para con los feligreses, son otras de las quejas que tienen muchos de los fieles.

Sin misa

La capilla San Cayetano se construyó en el barrio San Carlos de Ramírez gracias al esfuerzo y el trabajo de los vecinos que querían un lugar de oración dedicado al santo del pan y el trabajo.

Las diferencias entre el cura y esa comunidad se han profundizado durante los últimos años, tanto que la última vez que Ventura celebró misa en ese lugar fue el 7 de agosto de 2012

Cristina, una de las vecinas, se manifestó descreída de que desde el Arzobispado de Paraná se dé una solución al conflicto.

“Nosotros seguimos trabajando igual aunque él (por el sacerdote) no aparezca. Nos reunimos para rezar el rosario, abrimos la capilla para recibir y entregar donaciones, damos la leche”, relató.

Desde la capilla se comunicaron telefónicamente con una secretaria del arzobispo para solicitarle que envíe un sacerdote que oficie misa pero, según afirmaron, les respondieron que tenían que esperar hasta agosto.

Según Cristina, los problemas se profundizaron cuando se hicieron algunas reformas en la capilla y el cura quería imponer su voluntad por sobre la opinión de la comunidad e inclusive del mismo arquitecto que intervenía en la obra.

También, hubo inconvenientes con las boletas de luz ya que desde la parroquia habrían dejado vencer una y le cortaron el suministro a la capilla. “Queremos que el obispo venga y vea lo que está pasando”, reclamaron.

Otras iglesias

Ramírez tiene una población de aproximadamente 13.000 habitantes y hay 18 iglesias de diferentes denominaciones religiosas. Si bien la colectividad católica es la mayoritaria, muchos de sus integrantes advierten que la mala relación con su párroco está produciendo una merma en sus filas.

“Muchos se van a otras religiones. Una iglesia protestante el año pasado bautizó a 30 chicos. Cada familia que se va no vuelve más”, comentó Laura.

Por eso, los católicos ramirenses están esperando “un párroco fuerte, que camine las calles, que se ensucie los zapatos, que sea pastor, que visite a las personas en sus casas”, anhela, y recuerdan al mismo tiempo las últimas recomendaciones del Papa Jorge Bergoglio quien habló “de salir a la periferia de la Iglesia”.

(La Nota digital)