San Salvador, entre el cáncer y el apriete policial

Patricio Eleisegui

En la ciudad entrerriana cercana a Concordia, casi el 40% de las muertes se deben a esa enfermedad. Estudios universitarios confirmaron que el cáncer es provocado por las fumigaciones con glifosato e insecticidas que los productores realizan sobre el arroz y la soja. La intimidación de la policía al periodismo.

San Salvador, de sólo 14.000 habitantes, es una ciudad enclavada en la zona centro de la provincia de Entre Ríos y distante una hora de la conocida Concordia. Prácticamente desde 1950 hacia acá esta población ostenta un mote que en sus calles todavía se repite con orgullo: la capital del arroz. La infinidad de molinos para ese grano que se levantan entre las casas despeja cualquier potencial duda al respecto.

Pero, desde hace un buen tiempo, el punto entrerriano acumula otra denominación menos feliz a los ojos de profesionales de la ciencia y la salud con alcance nacional: San Salvador es la ciudad del cáncer por excelencia en ese distrito del interior de la Argentina.

Y esta triste distinción fue corroborada hace un mes por sendos estudios concretados por las universidades nacionales de Rosario y La Plata.

Uno de ellos, firmado por Damián Verzenassi, director del Instituto de Salud Socioambiental de la casa de altos estudios santafesina, expone que los tumores malignos provocan el 39,7 por ciento de las muertes en San Salvador, mientras que la segunda causa (enfermedades cardiovasculares) no representa ni la mitad del indicador mencionado.

El trabajo en cuestión, ordenado y publicado recientemente por la misma municipalidad de San Salvador, señala que la labor de campo llevada a cabo por Verzeñassi y su equipo arrojó que “entre 2000 y 2014 en 80 de los hogares visitados se refirieron 84 diagnósticos de cáncer hayan fallecido o no por ese motivo u otro.”

“La tasa bruta de incidencia que refleja este relevamiento para el año 2014 es de 389,5 cada 100.000 habitantes. En un informe del Ministerio de Salud de Entre Ríos que analizó los casos de tumores para el departamento de San Salvador, informó para el período 2001-2007 una tasa bruta de 254,8 cada 100.000…”, agrega el documento, al que Adelanto 24 accedió durante la última semana.

Los datos son contundentes: el nivel de cáncer sólo en esa ciudad estuvieron muy cerca de duplicarse en apenas 7 años. Volcado en un gráfico, la expansión en los casos de tumores se observa con total claridad:

fallecimiento

En San Salvador predominan los tipos de cáncer de colon, mama, pulmón, próstata, encéfalo y páncreas. El informe de de Verzeñassi destaca, además, cuáles son los problemas de salud que reconocen los mismos habitantes de la ciudad al ser consultados en sus hogares. Otra vez, el cáncer hace la diferencia.

cancer

En tanto, la Universidad de La Plata, a través de un cuerpo de científicos comandado por Damián Marino, doctor en Química e investigador del CONICET, midió y constató cuáles son las principales fuentes que contaminan la ciudad.

contaminacion
Atento a estos indicadores, quien aquí escribe realizó una visita a ese punto de la provincia de Entre Ríos a fin de indagar en la realidad de los afectados. Durante el primer fin de semana de julio, Adelanto 24 compartió viaje con un equipo del reconocido ciclo italiano Le Iene, la versión del formato argentino CQC que se hace del otro lado del Atlántico.

Los periodistas europeos se acercaron a San Salvador atraídos también por la epidemia de cáncer que sacude a esa población. La experiencia derivó en una situación cuanto menos compleja para la concreción de la actividad periodística: a la par de las entrevistas que se iban realizando en las calles de la ciudad, este cronista y sus colegas se vieron sumidos en un acoso cada vez más creciente por parte de las fuerzas policiales del distrito en cuestión.

Lo que comenzó como una vigilancia a distancia de todos y cada uno de los movimientos de los comunicadores sobre el atardecer del sábado 2 mutó directamente en una intercepción mientras se efectuaba un relevamiento de los molinos arroceros que funcionan en las afueras de San Salvador.

Un móvil con dos efectivos de la policía provincial salió al cruce de este enviado de Adelanto 24 y sus colegas alegando quejas y sospechas por parte de vecinos alarmados. Y hasta una presunción de que el equipo no estaba haciendo más que cuatrerismo en esa zona de la ciudad. Esto, pese a que los periodistas italianos portaban cámaras de televisión y se movilizaban en un vehículo sedán japonés.

En simultáneo a este primer contacto, Adelanto 24 dio con casos como el de Patricia Jourdan, mamá de Leila Derudder, fallecida en 2014 a la edad de 14 años por una leucemia derivada de las fumigaciones que se realizan sobre el arroz y la creciente soja que se siembran en torno a la localidad. O el de Luisa y Cecilio Suárez, que recientemente perdieron a su nieto de meses por una dolencia similar.

José, hijo de Patricia Castro, sobrelleva su adolescencia entre diálisis y un funcionamiento renal de apenas el 20% de su capacidad. Carla, ubicada a muy pocas cuadras del edificio de escasos pisos que habita Castro, enfrenta un cáncer de médula con futuro incierto.

Tras el relevamiento de casos de cáncer de diversa índole, el grupo de periodistas que integraba quien aquí escribe decidió retornar al hotel en el que se alojaba. La sorpresa la dio la recepcionista: informó que, en ausencia de los italianos y Adelanto 24, la policía se había acercado hasta el alojamiento para hacerse con todos los datos personales de los cronistas. Teléfonos celulares y domicilios en Buenos Aires incluidos.

A la mañana siguiente –domingo 3 de julio–, otro vehículo de la policía provincial se detuvo frente al hotel. Sin grandes rodeos, los uniformados reconocieron el seguimiento del día anterior.

Y hasta brindaron detalles respecto de quienes se habían hecho presentes en el alojamiento el sábado: la Brigada de Investigaciones de Entre Ríos. De civil y en un auto sin ningún tipo de identificación. Desde el móvil policial los agentes por poco se disculparon por el accionar de sus pares.

La historia concluye con el grupo de periodistas abandonando San Salvador siempre con ojos en la nuca y prestando atención a cualquier movimiento que involucre a un patrullero. Ya el lunes 4, el mismo comisario de esa ciudad salió a explicar en las radios locales el por qué de la intimidación: en su opinión, los cronistas tenían aspecto de cuatreros.

Y, además, no se habían tomado la molestia de acercarse a la comisaría para informarle de los movimientos a realizar y qué contenidos pensaban obtener de la población. Un auténtico sheriff del oeste estadounidense sólo que enclavado en el centro de Entre Ríos.

Como viene ocurriendo en buena parte de las poblaciones más afectadas por el flagelo de las fumigaciones, la decisión de mantener en silencio la problemática sanitaria que aqueja a sus habitantes sigue vigente en el interior de la Argentina. A través de mecanismos de coerción como los cuerpos de policía o de aval político vía intendentes o concejales que participan del mismo negocio de la producción de soja o la venta de insumos, lo más negro de la producción agrícola se expande sobre las áreas más ricas del país.

San Salvador es un claro ejemplo de ello. Hablar del cáncer que enferma a sus pocos habitantes merodea el delito. El periodista es casi un cuatrero. Y el glifosato y sus parientes químicos, dada la bonanza que aseguran a quienes manejan los hilos de la economía local, nada más que agua bendita.

(La Nota digital)