D. F. R.

Luego de cinco discos de pop experimental, el entrerriano revisita el bucolismo psicodélico de Linares Cardozo.

Desde que Pol Nada dejó su casa en La Paz, Entre Ríos, pasaron más de veinte años y cinco discos, en una travesía guiada por la electrónica y el pop experimental –incluido uno con versiones de Los Redonditos de Ricota–, su trabajo como psiquiatra y una inesperada vuelta a su pueblo, rastreando las huellas del músico entrerriano Linares Cardozo. Hace dos años, cuando llegó a Buenos Aires, su intención había sido trabajar un disco de folclore tradicional, alejarse por un tiempo de las texturas digitales. Empezó tocando las canciones de Cardozo que cantaba en la escuela, pero la fascinación por la obra de su coterráneo lo guió hasta La San Llamarada, el disco en el que traduce ocho de esas versiones a un poderoso y sensible folk electrónico.

“Me voló la cabeza escuchar a Linares. Algo increíble me impactaba más allá de lo musical. Si bien hablaba de cosas muy vernáculas de La Paz, porque también nació ahí, lo hacía con una mirada universal”, dice Pol Nada sobre los motivos de postergar su disco para reversionar a Cardozo. “Hay una psicodelia pre-lisérgica en su mirada, si entendemos la psicodelia como la ‘experiencia del alma humana’. Capaz se colgaban una noche frente al río y tenían un viaje. Hay algo que transmite más allá de los sentidos, una experiencia mística pero no desde un lugar flashero, sino de conocimiento.”

Linares Cardozo llevó el folclore de Entre Ríos más allá de sus fronteras y reinventó la chamarrita, ritmo clave de la provincia. Para alcanzar esa profundidad, Pol Nada recorrió todas las calles, los ríos, arroyos, pueblos y montes, y estudió la obra del “Atahualpa entrerriano” antes de grabar La San Llamarada. Editado por los sellos Fértil (Buenos Aires) y Mamboretá PsicoFolk (Formosa) y presentado en vivo con Fernando Berstein en percusión y Axel Wainchstein en bajo, envuelve esos territorios en un aura intimista que surge de haber sido registrado en la casa de Pol Nada.

“Para mí se trataba de recuperar pero no para congelar, para tenerlo en un museo, sino para ver cómo lo incorporás a tu vida”, dice. “A mí me interesa que se mantenga la conexión de lo local con lo universal. Cuando llegás ahí no hay forma de que le faltes el respeto al trabajo. El tema es el compromiso previo, no solo al momento de hacer la canción. Si conocés de verdad lo que le pasaba al autor, sentís la libertad de entrar en su obra sin miedo.”

REDES

(La Nota digital)

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