La médica que cura con plantas

C. Olate

Sara Itkin, la médica que encontró en las plantas, otra manera de curar.

“Las plantas sanan”, repite a lo largo de la entrevista y lo dice con tal convicción, que hasta el más incrédulo de la medicina natural, terminará creyéndolo también. Quizás, cuando comenzó con su carrera, no imaginaba este camino que ya lleva algunas décadas transitado, pero “todo pasa por algo”, dice.

Sara Itkin nació en María Grande, un pequeño lugar de Entre Ríos, donde las plantas, las huertas, los patios, eran algo cotidiano. Como muchos habitantes de los pueblitos del interior, tuvo que emigrar para estudiar. Su elección fue Rosario. Un poco indecisa al principio, terminó optando por medicina. “Siempre estuve orientada a lo social, quería hacer algo que ayude a los demás”, indica.

De a poco, comenzó a interiorizarse en otro aspecto de la medicina, en lo que sabían las personas que llegaban del interior, con otros usos y costumbres. Surgió la oportunidad de acompañar a un médico que fue reconocido por su labor con comunidades rurales y de pueblos originarios. “Tres años después de recibirme, en el ’94, estuvimos trabajando en la zona centro y sur de Neuquén”, relata.

medica planta
 
Se asentó un tiempo en Las Lajas (Neuquén), donde por tres años se convirtió en parte de la comunidad, pero por cuestiones personales, volvió a Rosario. Allí estuvo trabajando en un centro de salud en la periferia de la ciudad, donde casualmente comenzaban a preparar medicinas naturales.

“Aprendí muchísimo con ellos. La manera en que la gente se dignificaba contando lo que sabían de cada planta, las maneras de cuidarlas, era muy fuerte”, recuerda. Quizás así, sin saberlo, comenzó ese camino en el que hoy es referente.

La vida la llevó al pueblo neuquino de Villa Traful, donde sin esperarlo, se encontró con mujeres que despertaron a través de las plantas, mujeres que tal vez sin saberlo, encerraban una enorme sabiduría. “Fue muy intenso ver la manera en que empezaron a empoderarse, a tener un espacio en el pueblo”, rememora.

De ese tiempo, ya pasaron casi 2 décadas. La persecución política que la llevó a irse del vecino pueblito, también la condujo a una de las decisiones de su vida: “me di cuenta que no quería estar más en el sistema de Salud Pública, quería hacer otra cosa”. En el medio, Sara tuvo a sus hijos: Camilo, Lino e Irupé y fue construyendo su vida y sus saberes en Bariloche, donde finalmente se radicó.

Fiel a su carrera científica, comenzó a investigar las plantas. Su composición fisicoquímica, sus propiedades. Mezcló el conocimiento “oficial” con la sabiduría de la naturaleza y de esa mixtura nacieron cientos de botiquines naturales, cremas, aceites, gotas, jarabes. El conocimiento se fue expandiendo, lo fue expandiendo. “Es como cuando tiras una piedra en el lago, las ondas se multiplican”, explica. Así, fue contagiando las ganas de cambiar un modo de salud y son cada vez más quienes acuden a ella en busca de una consulta, de una capacitación, de una prescripción médica natural.

“La gente a veces viene buscando el medicamento y se va tomando un té”, ejemplifica entre risas. Para Sara, cada vez son más las personas que deciden alejarse de los fármacos y comenzar a encontrar en la naturaleza, opciones para sanarse. “De a poco, lo natural dejó de ser algo de lo que no podía hablarse en ámbitos oficiales, para ir ganando más adeptos”, sostiene.

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Sara va más allá y no duda en considerar que durante años “se intentó hacer descreer a la gente de los poderes de las plantas para de esta forma, poder construir una industria farmacéutica”. Ahora, cuando lo natural ya tomó otra dimensión, los intentos van hacia otra dirección. “También hay un negocio en lo natural y cada vez se ven más medicamentos con ‘ingredientes’ naturales”, analiza.

“La vida no se patenta”, remarca en relación a los intentos empresariales de patentar algunas medicinas naturales, como si no las hubieran descubierto los antepasados, siglos atrás, que tras observar a la naturaleza y sus ciclos, aprendieron el valor de cada planta.

La mayoría de las personas que acuden al consultorio de Sara, ubicado en Albarracín y Beschtedt, son mujeres, aunque por su especialidad de médica generalista, puede recibir a gente de todas las edades. En esta época del año, donde predominan las alergias, atiende a muchos niños también.

“Mis hijos me demostraron que dedicándoles tiempo, y con una alimentación sana no es necesario recurrir a ningún antibiótico”, evalúa la médica que además, aboga por la libre vacunación, para que no sea una imposición del sistema de salud.

Sara además afirma que debemos aprender a escuchar nuestros cuerpos. “Somos parte de la naturaleza, si tenemos un problema, es por algo” sostiene y añade que “mi sueño sería que cada persona tenga su botiquín en el jardín para que no se adueñe ninguna multinacional de nuestras preparaciones, que tienen un ingrediente que nunca tendrá un medicamento: amor”.

(La Nota digital)

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