A veces la Justicia no es tan justa

E. M. R.

La justicia, como órgano de poder, volvió a la cresta de la ola en estos últimos tiempos ante la excarcelación dispuesta por la Cámara de Apelaciones contra la detención de Zannini y D´Elia el pasado 24 de Marzo.

Es cierto que los integrantes del poder judicial son proclives a evitar atacar a los que ostentan poder y que siempre, cuando los poderosos pierden poder, tienen actitudes de fuertes investigadores de las causas que tienen como inculpados a los que pierden poder.

Sin embargo existen algunas cuestiones que deben ser clarificadas en torno a la actividad judicial y la primera es que se trata de un poder de la republica reconocido por la Constitución junto al poder Legislativo y el Ejecutivo; pero a diferencia de estos dos últimos el Poder Judicial no tiene miembros que sean elegidos por el voto popular –si los otro dos poderes- pero si bien no son elegidos por el pueblo deben concursar ante el Consejo de la Magistratura, luego el presidente nombra a los jueces inferiores a la Corte Suprema de una terna que le propone el Consejo; pero elegidos por el Presidente deben obtener la aprobación del Senado por dos tercios de los presentes, todo esto para los jueces nacionales, para alguna provincia existe un procedimiento similar.

Pero ocurre que a pesar que esta forma de elección está definida en la Constitución de 1994 solo el 18% de los jueces fueron puestos en funciones por este mecanismo los demás son todos jueces subrogantes, es decir provisorios, elegidos ante la recusación, excusación, licencia o vacancia del titular y duran hasta tanto sean removidos o reemplazados por un nuevo titular.

Es decir que casi el 80% de los jueces nacionales no tiene la estabilidad en su función y esto ocurre debido al retraso del Consejo de la Magistratura en concluir los concursos y del Poder Ejecutivo de remitir la elección de uno de los candidatos de la terna; esto provoca un deterioro del sistema constitucional y permite el ingreso de jueces subrogantes que vienen a cumplir con las órdenes del gobierno que lo designa a los fines de no ser removidos.

Es tan grave esta cuestión y desdibuja la función judicial de manera importante que los entendidos en el tema dicen que a raíz de que la Corte Suprema de Justicia disolvió el Tribunal Oral Federal 9, que se había conformado para juzgar a Cristina Fernández, con el fundamento que los jueces no tenían acuerdo del Senado; pereciera que esta situación inquieta al ejecutivo ya que a partir de la acordada que disolvió este tribunal, Macri está enfrentado con Lorenzetti y que estaría dispuesto llegar a un acuerdo si la Suprema Corte saque una aclaratoria y deje a salvo a los camaristas, sin acuerdo del Senado, Mahiques, Brugia y Yacobucci en los que tiene interés Macri mantener ante la andanada de involucrados en causas de corrupción que ya están pidiendo su apartamiento por carecer del acuerdo del Senado.

Convendrá conmigo que esto no le hace nada bien a la justicia y demuestra que el poder antes de los Kirchner y hoy de Macri impacta fuertemente en las decisiones judiciales, al menos de las causas mas relevantes desde lo político.

Pero además existe otra cuestión, que no es menor, la misma justicia era la mejor cuando encarcelaba a ex kirchneristas y es la peor cuando las apelaciones indican que las detenciones fueron mal realizadas.

Existe una máxima en todo proceso judicial que indica “lo que no está en el expediente no existe” imaginemos que sepamos por haberlo visto que alguien recibe una coima o se queda con algo que no le es propio, la justicia solo podrá condenarlo si se demuestra en el expediente este hecho; poco sirve lo que se diga o haga fuera del expediente por ello puede ocurrir que todos demos por real un hecho y que la justicia no tenga las pruebas necesarias “en el expediente” y por ello no pueda condenar a los acusados, en estos supuestos diremos que la justicia no es justa.

Ocurre que todo el derecho es un entramado y que debe garantizar que con su condena o su absolución la cuestión está cerrada de lo contrario se viviría una permanente inseguridad que no es aceptable en un estado de derecho.

Ocurre que algunas veces la presión mediática y política por obtener una encarcelación para dejar un buen mensaje termina siendo una cuestión que en instancias superiores, analizada la cuestión de fondo, termina con un fallo que da por tierra con las detenciones.

El caso de Boudou, Zannini y D´Elia nos guste o no se trata de delitos excarcelables y la detención mientras se tramita el proceso solo puede operarse cuando el procesado puede influir en la investigación o cuando exista temor de fuga.

La fuga no se supone cuando el imputado siempre estuvo a derecho y los nombrados tuvieron influencia, pero la perdieron son todos ex, nadie forma parte del gobierno, es más aún si salen a la calle deben cuidarse que no los escrachen de donde el poder de influir en la investigación es nulo; para comprenderlo en el gobierno actual existen inculpados y procesados que están en el gobierno y que si podrían influir en la investigación sin embargo nadie habla de detenerlos; que por otra parte no creo que sea procedente al igual que los casos en que nos ocupa.

En definitiva más de una vez la justicia puede no ser justa por las razones que les he relatado y por muchas otras entre las que se encuentra el hecho de sentirse poderoso con los que no tienen nada y sentirse vasallos de los que tienen poder, mientras lo tengan.

(La Nota digital)

Anuncios