Hay mucho por hacer

R. B. L.

Los ciudadanos de a pie, nos levantamos a trabajar todos los días. Con errores o aciertos, tratamos de avanzar, luchamos por nuestros sueños y sobre todo tratamos de acompañar a nuestros hijos para que tengan un futuro mejor.

Vivimos en una sociedad, atravesada por divisiones. Donde cada uno se aferra a los fundamentos que lo exculpa de errores propios y los deposita en el otro, cargándolos en el adversario. Los tiempos que corren no dan capacidad para ahorro. Si no tenemos para hacerlo en pesos, menos lo vamos a hacer en dólares.

Vemos por estos días, como trepa su cotización en una pantalla de televisión y donde los noticieros transmiten desde la “city” con una música lúgubre de fondo. La mayoría no vemos un dólar ni por casualidad. Uno sigue laburando, mientras observa por un lado la defensa casi ciega de un modelo que no ofrece respuestas y por el otro el regocijo que le vaya mal al oficialismo con ruido de helicópteros.

Uno sufre desde lo emocional, porque quiere vivir en una sociedad estable y trata de ajustarse en todo lo que puede para “desensillar hasta que aclare”. Pero hay conciudadanos que además, sufren desde los requerimientos básicos y donde no hay posibilidad de ajustar más, porque no queda resto. En este contexto se visualiza dos escenarios preocupantes:

1) La dirigencia (oficialismo y oposición), sigue sin capacidad para encontrar caminos comunes. No hay consenso, indispensable para recrear la confianza.

2) Los sectores de menores recursos, quedan abandonados a su propio destino. Sin plan de contención donde la crisis golpea con mayor crudeza.

Veo que algunos rezan, esperando soluciones divinas. Otros se encierran, tratando de ponerse a resguardo. Otros ignoran la realidad, como si nada pasara. Otros, atizan (con mayor insistencia) la conciencia colectiva del caos.

Por eso pienso, humildemente y como ciudadano común, que ante situaciones de crisis debemos evitar acciones que no suman para atravesarlas. El temor inmoviliza. La violencia destruye. Tapar realidades implosiona.

Tenemos que planificar como sociedad local, mecanismos de contención social y ponerlos en práctica ya. No para más adelante, porque puede llegarse tarde.

No son tiempos de discursos. Son tiempos de trabajar cada uno en su espacio, metiéndole para adelante, pero tendiendo la mano al que va quedando al costado del camino. Es tiempo de construir balsas para el conjunto y no buscar un salvavidas individualista. Está en nuestra desición y en nuestra acción. Mi querida La Paz… hay mucho por hacer.

(La Nota digital)

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