Mujeres por Mujeres: Gilda Vargas

N. G. Rojas

“Lo que se predica con la palabra, debe ser respaldado con la vida”, dijo la Gilda.

 

Mujer que caminó nuestras calles, mujer que jamás fue tapa y quizás nunca lo sea, mujer que creó los comedores comunitarios durante la crisis de 2001 cuando se cruzó por la calle a dos niños pidiendo y les preguntó de dónde eran, respondieron: “del barrio Los Bretes”: comienza aquí una historia apasionante de amor. Gilda no vió el comedor terminado pero ese comedor que ella fundó, lleva su nombre.
Mujer que ejerció la docencia con el alma y el cuerpo, mujer que entendió que la lucha era en contra de las fumigaciones, cuando la educación la llevó a las aulas rurales. Allí, la fumigación no se cuenta, se vive en carne propia.
Realizamos más de diez notas – entrevistas con familiares, amigues, compañeras, docentes, conocides de la Gilda para que nos contarán cómo la recuerdan:

“Todo era la Gilda, ella siempre. Y pienso que si ella hubiese estado, el comedor no sería lo mismo”.

“Siempre pensando en los gurises, en que aprendan, en que coman bien”.

“Familiarizada con los dolores de su clase a la que orgullosa sabia pertenecer”.

“Gilda era una persona que había sufrido en parte de su familia el accionar del más nefasto golpe cívico-militar”. “Respetuosa, luchadora, era una líder innata”.

“Si, ella fue la que luchó por los comedores comunitarios”.

“Una gran mujer. Luchadora. Más allá de su profesión docente, estaba muy comprometida con sus alumnos y con la sociedad”.

“Sentía en carne propia las necesidades no satisfechas de los más vulnerables”.

“Gilda era firme y clara en sus convicciones. Ella sabía que la lucha en contra de los agrotóxicos atravesaba todo, era algo transversal. Eso le permitió sumar y aglutinar gente en la creación de la primera asamblea ambiental en Tala”.

“Gilda era la persona más alegre, hasta el último momento, estando mal, se reía”.

“Hasta que un día se hizo el comedor”.

“Gilda fue una gran mujer, una gran amiga, muy leal y una gran madre”.

“Tuvo una gran lucha por su salud, ella estuvo afectada por los glifosatos”.

“Se comprometía con todo, más con la lucha en contra de los agrotóxicos”.

“La Gilda era madre, hermana, todo”.

“Lo del comedor fue algo que a mí me llenó plenamente, y lo mantengo imborrable”.

“Si pienso en Gilda pienso en coherencia”.

“Para mi es una luchadora incansable. Y muy estudiosa”.

“El nombre de Gilda basta, nombrarla a ella, ya se está nombrando la militancia de los de abajo”.

“Ella lo mantenía con su solo nombre y su trayectoria. Pero lo mantenía con mucha humildad. Era muy humilde”.

“Sensible al dolor y la necesidad del otro”.

“Era una mujer fuerte, lo que sería una política hoy”.

“No cabe más que agradecer su paso por nuestras vidas y reconocer la importancia de su paso en el pueblo”.

Algunes más acá, otres más allá, pero todes la recordaban a la Gilda, todes se emocionaban recordando a la Gilda.
Rescatamos esa emoción para perpetuarla en sus lugares de compromiso social, en Goya, en Tala, en la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (AGMER), en la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), en las escuelas rurales, en la calle, en el barrio, en el gremio, en las asambleas, en la lucha contra los Agrotóxicos, en el comedor, en las calles de barro, en esos lugares que ella militó y dejó su huella.

 

Biografía

Nacida en Goya, Corrientes en 1950 Gilda fue la mayor de cinco hermanos. Hija de don Juan Crisóstomo Vargas, panadero de oficio, y de Florentina Alegre, una mujer fuerte «todo terreno», quiénes supieron transmitirle la templanza, la indignación ante las injusticias y ese sentir profundamente peronista que tiene que ver con el respeto a la gente del pueblo y con la lucha concreta por el cambio real de las condiciones de vida.
Todo eso mamó Gilda y sus hermanos, lo que se evidencia si uno recorre cada una de las historias de vida.
Gilda fue catequista en Goya. Vinculada a Monseñor Devoto recorrió los parajes rurales participando de la organización de los tabacaleros en las Ligas Agrarias en la década del ’70.
Estudio magisterio y ejerció desde muy joven como maestra de nivel primario. La escuela se transformó en «su lugar en el mundo». Puso en los niños con quiénes trabajó todo su cariño, pasión y compromiso.
Vivió en Buenos Aires en Villa Jardín, en la idea de trabajar en la transformación social de la vida de la villa.
Fue maestra rural en Raíces, Galarza, Tala, Echagüe; función que desempeñaba acompañada muchas veces por alguno de sus cuatro varones y con el puntal de su vida que fue su madre, doña Florentina.
Militante histórica del AGMER. Activa participante de los Congresos, se destacaba en la discusión política y gremial.
Sensible a las problemáticas de su pueblo participó activamente de la CTA, fue representante por esa Central en el Consejo de la Magistratura.
Infatigable, siempre activa; sus últimos años los compartió en el disfrute de su nieto, junto a la lucha por un Modelo Productivo libre de Agrotóxicos, vinculándose al movimiento nacional que lidera Jorge Rulli.
Así la recordamos: maestra de alma, militante de las causas justas, una mujer extremadamente sensible a las problemáticas y al sentir de su pueblo.

Frontal, irreverente, corajuda: así era «la Gilda»

 

Gilda
Foto. N. G. Rojas

 

 

CREACIÓN DEL COMEDOR COMUNITARIO GILDA VARGAS

De la crisis, la organización social y el trabajo comprometido con nuestro pueblo

 

 

Corría el año 2001 y en Tala como en muchos lugares de nuestro querido país, la crisis económica, política y social mostraba su rostro más duro en la realidad cotidiana de los sectores populares.
Pero, como bien se dice, el pueblo es sabio y sabe sacar de sus entrañas las respuestas. Este fue el papel fundamental que cumplió la CTA, en el arco de las organizaciones del campo popular.
A finales de 2001, y antes del estallido del 19 y 20, estudiantes, trabajadores y militantes sociales recorrieron cada rincón del país con la consulta popular del Frente Nacional contra la pobreza (FRENAPO) que planteaba al Estado la necesidad de implementar un Seguro de Empleo y Formación universal para afrontar la crisis.
La CTA caminó el país. Y allí estaba «la Gilda». La maestra, gremialista de AGMER que con sus compañeros de la CTA en Tala «movieron el avispero» poniendo el invisibilizado tema de la pobreza sobre la mesa.
Y con la urna del FRENAPO en mano, recorrieron las calles de tierra, las casas precarias del Barrio «Los Bretes», que paradójicamente se ubica a tan solo 10 cuadras del centro de la ciudad.
La situación era realmente complicada, les gurises que iban a la escuela comían en el comedor escolar; pero el tema eran los fines de semana y la situación de los más chiquitos y de los viejos. Así nació la idea del Comedor, el inicio lo grafica claramente el periódico de la CTA Entre Ríos de aquella época:
«No contaban con nada más que la idea. Y con la férrea voluntad de un personaje indispensable del barrio que es «la Pocha» «Ella tiene que ver con todo. Si alguien se muere, ella encuentra el cajón; si alguien está enfermo, ella lo acompaña. Es la que se levanta a las cuatro de la mañana para sacar los turnos a las mujeres en el hospital’, explicó Gilda. Y fue con ella que se decidieron a instalar el comedor. «Ahí nos pusimos en campaña para hacernos de ollas, utensilios, cubiertos… A un maestro le pedíamos 1 kg. de arroz, al otro 1 Kg. de naranja, al otro pan… Íbamos a la Departamental y como los supervisores ganan más le pedíamos que pongan aceite… incluso un carnicero no nos falló nunca: todos los sábados y domingos nos regalaba el mondongo, el hígado, el puchero; por lo menos 10 Kg de carne mensuales’ ».
Aunque hubo que cocinar con leña y comer en el suelo, el primer día se sirvió un guiso con 3 Kg. de carne en el patio de la casa de «La Pocha». Fue el mismo domingo de la consulta popular del FRENAPO.
Después vino la casilla de madera frente a la casa de «La Pocha» donde se improvisó la cocina, luego se pasó a un Salón del Ferrocarril y finalmente se construyó el Comedor Comunitario Gilda Vargas. El Estado, ya en otra situación, financió el comedor, y «La Pocha» aún hoy, sigue siendo la cocinera.
En ese periódico de la CTA, Gilda Vargas expresaba que el mayor desafío era luchar contra un modelo clientelar instalado en la relación entre la política y la gente. Contenta señalaba que «algunas cosas empiezan a quedar claras, va apareciendo una incipiente idea de organización, a partir de sentir que hay un espacio que ya es del barrio que lo pueden rescatar como propio».

¡Gilda Vargas presente, ahora y siempre!

 

 

 

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Foto. N. G. Rojas