Cuatro poemas de Pao Reta y uno inédito a la Madre.
Paola Reta nació el 5 de enero de 1979 en la Ciudad de Buenos Aires. Descubrió la poesía de chica. Tenía aproximadamente 12 años cuando leía en voz alta textos poéticos que encontraba en la casa de su infancia, y comenzó a escribir. Se graduó en Letras en la Universidad de Buenos Aires y participó en algunas compañías teatrales como co-autora y actriz. Actualmente vive en Ciudadela y ejerce la docencia en diferentes instituciones de nivel secundario y superior.
Hay un jardín adentro es su primer poemario y en él revela su voz poética como forma de habitar el mundo, la infancia, lo cotidiano.
Actualmente se encuentra investigando la poesía y la voz en la cosmovisión andina, no sólo como acción para construir memoria sino también como gesto poético de actualizarla.
Del libro Hay un jardín adentro (Ediciones En Danza)
Stapelia Grandiflora
Irrumpir
como la flor
al cactus,
irrumpir con belleza
la aridez
el hastío,
interrumpir atrevida
la lluvia
el encierro,
suspender los monótonos
partes diarios
monocromáticos
grises.
Dejar que la belleza
se filtre
como rayito de luz
entre las sombras
y se imponga
como chicharra a la
hora de la siesta,
como cachorro lamiendo
la cara abatida del amo,
como llanto estridente
de sed
de hambre
que pide otro mundo.
El miedo
Que lo fuerte sea débil
y la valentía se duerma
que la niña quede allí
fuera de toda grandeza
que no se haga reina
y quede en el centro
de la mirada materna
que no tenga paz
y el corazón no venza.
Manclura
Esferas irregulares verde amarillentas
extendidas por el pasto,
frutos que no se pueden comer
y en su interior guardan semillas
para esparcirse, pero no.
Ya no la era de las bestias,
mastodontes, mamuts y gonfoterios
que comían este fruto
y propagaban su especie.
Ahora es pura energía a la intemperie,
fruto abierto a la podredumbre propia
de la muerte.
Aparentan suavidad estos frutos de manclura,
tienta llevarlos a la boca, su dureza
desencanta la magia
y aprendo: puedo florecer
a destiempo,
y no estar
para mi propia cosecha.
Verso barro
La escritura se impone.
Casi que urge la poesía en los pies,
tener a mano un poema
que sople la indiferencia,
mirar al mundo como te miro a vos.
Que al menos en alguna parte
sean nombrados
los ojos
de ese pibe que no da más,
la pobreza
de esa mujer desesperada
los miedos
con los que de a ratos puedo hacer versos
o cactus
cuando dejo que mi corazón
se haga barro, tierra fértil para el mundo.
Inédito
Madre
Digo madre
y quiero decir poesía
ya no un cuerpo, quiero decir
todas las voces
de todos los hombres y mujeres
que nombraron el horizonte,
no la sangre, quiero decir
río, agua dulce, crecida.
Madre, tierra mía,
la de mis hermanos,
no la violenta mano
poderosa robando el pan.
Madre, digo
Como semilla en la tierra
rompo y ofrendo la vida
no ando evitando dolores
lloro y vuelo renacida
ay ay ay ay
Como cardón con espinas
entre los pinches, las flores
me visten con sus colores
perfumando las heridas
ay ay ay ay















