Protestas y crisis social. En medio de una jornada nacional de protestas encabezada por la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), con cortes de rutas en Buenos Aires y distintas provincias, crece el conflicto social por la eliminación de programas de asistencia como el ex Potenciar Trabajo, un ingreso mensual que ronda los 60 dólares. La medida impacta en cerca de un millón de personas y reabre el debate sobre el rol del Estado y la economía informal.

Para analizar el escenario, este medio dialogó nuevamente con el profesor Castro especialista en temas sociales.

LNd—¿Cómo interpreta esta jornada de cortes y movilización en todo el país?
F. Castro—Es una reacción previsible. Cuando se retira de forma abrupta un ingreso que, aunque bajo, sostenía la reproducción cotidiana de miles de hogares, lo que emerge es conflicto social. No estamos hablando de un “beneficio” aislado, sino de un componente estructural de la economía popular.

—Desde el Gobierno se plantea que estos programas no generaban empleo genuino. ¿Qué opina?
—Es una discusión válida, pero simplificada. Estos programas, como el salario social complementario, estaban asociados a actividades reales: cooperativas, comedores, reciclado. No eran subsidios pasivos. Su eliminación sin una alternativa concreta de inserción laboral deja a esas personas en un vacío.

—¿Qué impacto puede tener esta medida en términos sociales?
—El impacto es doble. Por un lado, directo: pérdida de ingresos en sectores ya vulnerables. Por otro, indirecto: caída del consumo en economías barriales. Hay estimaciones que advierten que estos recortes afectan a cerca de 900 mil trabajadores y trabajadoras, lo que puede profundizar la pobreza y la desigualdad .

—Las organizaciones hablan de una “crisis de la economía popular”. ¿Coincide?
—Sí, porque la economía popular no es marginal, es una respuesta a la falta de empleo formal. Cuando además se recortan ingresos y no hay creación de trabajo registrado, lo que ocurre es una saturación del sector informal. Eso genera más competencia por menos recursos.

—¿Qué lectura hace del reclamo puntual de la UTEP?
—La consigna “trabajo sin salario es esclavitud” apunta a un punto central: el reconocimiento del trabajo que se realiza fuera del mercado formal. La UTEP busca instalar que no se trata de planes, sino de trabajo no reconocido. Ese es el núcleo del conflicto.

—¿Qué escenario se abre hacia adelante?
—Si no hay políticas de transición —es decir, empleo, formación con salida laboral real o ingresos mínimos garantizados— es probable que el conflicto escale. Las protestas actuales, con cortes en rutas y accesos clave, son una señal de alerta sobre la fragilidad del tejido social .

La jornada de lucha, que incluyó movilizaciones y bloqueos en distintos puntos del país, evidencia un clima de tensión creciente. El debate sobre cómo abordar la pobreza y el trabajo informal vuelve al centro de la escena, en un contexto económico que golpea con mayor fuerza a los sectores más vulnerables.

imagen. IA

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