El río marrón aparece calmo; en las corrientes subfluviales se mueve una de las mayores disputas económicas y geopolíticas de la Argentina y la Región. La denominada Hidrovía Paraná-Paraguay, por donde sale cerca del 80% de las exportaciones agroindustriales del país, volvió a ser tendencia luego de que el ex canciller y actual diputado nacional Jorge Taiana denunciara irregularidades en el proceso de licitación impulsado por el gobierno de los hermanos Milei.

La discusión aparece técnica, pero atraviesa intereses multimillonarios. Dragado, balizamiento, peajes y control del comercio exterior forman parte de un negocio estratégico que conecta a la Argentina con Paraguay, Bolivia, Brasil y Uruguay a través de la principal vía navegable del Mercosur. En los puertos del Gran Rosario se concentra buena parte de esa actividad, donde miles de barcos trasladan soja, maíz, minerales y combustibles hacia el océano Atlántico.

En los últimos días, Taiana presentó un pedido formal para anular la licitación al considerar que existen graves anomalías administrativas y jurídicas en el proceso. Distintas legisladoras y legisladores nacionales acompañaron el reclamo; mientras la Procuraduría de Investigaciones Administrativas — PIA — advirtió sobre “serias irregularidades” en los pliegos licitatorios. Entre los cuestionamientos aparecen observaciones relacionadas a mecanismos de evaluación de ofertas, posibles incompatibilidades y falta de transparencia institucional.

El tema escaló rápidamente porque la hidrovía representa mucho más que un corredor comercial: es uno de los principales dispositivos logísticos de Sudamérica. Controlar la vía navegable significa tener capacidad de decisión sobre exportaciones, circulación de mercancías y administración de recursos estratégicos.

La controversia también abrió una fuerte discusión geopolítica. Diversos especialistas sostienen que el Gran Rosario se convirtió en el heartland argentino, una especie de corazón económico donde confluyen guerrillas por soberanía, infraestructura y comercio internacional. El río articula territorios productivos, conecta economías regionales y funciona como salida clave hacia el mercado global. En ese contexto, la licitación es una decisión de enorme impacto para las próximas décadas.

Sobre las costas del Litoral el debate crece. En ciudades portuarias y comunidades ribereñas aparecen preocupaciones por el impacto ambiental del dragado permanente y por la necesidad de controles públicos más estrictos. Organizaciones ambientales y sectores académicos vienen advirtiendo sobre las consecuencias que podrían tener nuevas profundizaciones del canal — 44 pies — sobre humedales y ecosistemas sensibles del Paraná.

La fiscalía anticorrupción también realizó observaciones sobre el procedimiento administrativo. Los cuestionamientos judiciales agregaron tensión política a un proceso que el gobierno nacional considera central para atraer inversiones y garantizar competitividad exportadora.

La escena tiene algo de guerra fría. Mientras convoyes y buques siguen atravesando el río diariamente, en despachos oficiales, tribunales y oficinas legislativas se disputa quién administrará una de las arterias más importantes de América del Sur. Detrás de los tecnicismos aparecen preguntas mucho más profundas: quién controla el comercio exterior argentino, qué papel debe tener el Estado y cómo se protege un recurso estratégico en tiempos de creciente competencia global.

El Paraná sigue avanzando lento, marrón y aparentemente sereno. Pero debajo de esa calma se mueve una discusión que mezcla poder económico, soberanía y futuro nacional.

Fuentes: ARBIA – Hidrovía, la mayor licitación de Milei | La Nota Digital – El heartland argentino: geopolítica del Paraná | La Nota Digital – Fiscalía anticorrupción detectó irregularidades en licitación de la hidrovía | El Intransigente – Jorge Taiana solicitó anular la licitación de la hidrovía del río Paraná

F. Castro

imagen. archivo

hidrovía

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