Bajo el título: “la renuncia de los adultos”, Gustavo Iaies y Juan Ruibal, hacen una descripción que comparto, sobre el papel que cumplen la gran mayoría de los padres de hoy, con respecto a su relación con sus hijos. Incluyendo también al conjunto de las personas mayores y a las autoridades escolares y de otro tipo, en relación con las nuevas generaciones.

En ese sentido, en su artículo de La Nación del día 19-02.2013 (*), hablan de la renuncia de los adultos, al momento de tener que asumir la educación responsable de sus hijos.

A mi entender, quien renuncia a su rol, lo hace conociendo perfectamente sus responsabilidades a las que renuncia por su voluntad propia. Sin señalar, que existen sectores de la sociedad que no conocen en absoluto cuáles son sus responsabilidades, ya que sus padres tampoco las conocían y por lo tanto, no transmitieron esa herencia cultural. Sectores estos que se encuentran integrando la exclusión social.

Existiendo, además otros sectores integrantes de la sociedad, quienes son los que a su vez componen una gran mayoría. Sectores estos, quienes fueron ganados por una contracultura que no solo afectó grandemente a la institución familiar de nuestro país en particular, sino que ese mismo fenómeno puede vérselo replicado en otros muchos países de occidente. Sobre todo en los europeos que tienen una gran cercanía cultural con nosotros. Aunque también, ocurre en EE.UU (**) y con distintas variantes en todos los demás de occidente.

Es decir, que cuando las personas que integran una comunidad nacional, dejan por considerarlos obsoletos, a los aspectos culturales tan importantes como son: ejercer responsablemente la autoridad y asumir esa responsabilidad de educar a sus hijos. Es, porque ha resultado efectiva, la indicación realizada subrepticiamente, por quienes se aprovechan de la nueva situación creada por ellos mismos, al haber logrado instalar, en la sociedad actual, nuevas formas de pensar. Las que terminaron funcionando como creencias indiscutidas. Es decir, incorporando determinados conceptos, con un firme asentimiento y conformidad con ese cambio. Un cambio que se ha operado en la sociedad, con respecto a la educación de los hijos en particular y con respecto a las nuevas generaciones en general.

Porque no puede negarse, que existen operadores económicos con mucho peso específico a nivel planetario, a los que les conviene grandemente que las nuevas generaciones hayan adquirido las características que hoy exhiben. Las que terminan respondiendo, positivamente, al consumo exacerbado de sus productos. Productos que introducen para la venta en el mercado juvenil, manipulándoles las necesidades de consumirlos, a través de las propagandas, sobre todo de las televisivas. Las que por ser casi exclusivamente imágenes, impactan directamente en el inconsciente de quienes las consumen.

Es decir, que si bien, son los padres actuales los que han renunciado a educar, lo hacen en función de cumplir con los mandatos socioculturales de la época. Pensándose de esa manera como mejores padres, por dejar atrás, las viejas épocas donde efectivamente se educaba. Épocas a las que etiquetan como despóticas y autoritarias.

Siendo ocupado el espacio dejado vacante por los padres, por otras fuerzas exteriores que se introdujeron como una cuña entre padres e hijos. Fundamentalmente para que sean consumidores de los productos que ofrecen. Productos que en un principio los harán sentir libres de las tutelas con las cuales se los intenta formar. Pero que luego los transformarán en esclavos de esos consumos, que no los dejarán ser las personas que podrían ser.

En realidad todo podría reconducirse si existiera, entre los que manipulan a las sociedades, las voluntades concurrentes hacia una recuperación de la sociedad. Pero esa voluntad no existe en absoluto. Ni en este, como tampoco en otros aspectos que no consideran al ser humano como una persona. Considerándosela solamente como consumidores que concurren al mercado para adquirir las cosas que necesitan y las cosas que los divierten.

De las problemáticas que terminan apareciendo, por las desviaciones derivadas que se observan y que se presentan como nuevas necesidades de la sociedad, terminarán apareciendo nuevas tecnologías, las que actuarán como parches paliativos. Parches paliativos que luego necesitarán que los males de fondo permanezcan, para que el parche se siga demandando permanentemente.

Ante esta realidad de fondo, las acciones individuales de los grupos familiares resultarán diluidas y fragmentadas. Sobre todo, porque las voces que deberían orientar sobre cuáles son los caminos correctos, están totalmente debilitadas para ofrecer esa imprescindible orientación. Una orientación que lamentablemente se encuentra vacante. Cumpliendo el rol orientador el marketing de las empresas, los contenidos televisivos y los contenidos cinematográficos. Además de otros contenidos virtuales diseñados con la intencionalidad de obtener determinados resultados. Las que orientan exclusivamente hacia el consumo y hacia la modificación de hábitos y costumbres.

(*) http://www.lanacion.com.ar/1555937-la-renuncia-de-los-adultos

(**) http://garenioblog.blogspot.com.ar/2011/04/el-costo-de-prescindir-del-padre.html

Eugenio García

(La Nota digital)

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