Feos, sucios y malos

Los operativos mediáticos lanzados desde las esferas de Poder en la Argentina se han propuesto profundizar la sensación de inseguridad en los medios de comunicación. TV, radio, diarios, internet: mostrar la violencia, exagerarla, generar temor y desconfianza para manipular mejor los hábitos de la ciudadanía.
Más temor y más individualismo es caldo de cultivo para justificar medidas de neto corte conservador.

La película de Ettore Scola “Brutti, Sporchi e Cattivi” muestra la vida cotidiana en un barrio marginal de la gran urbe. Una cultura “distinta” para aquellos que tenemos las necesidades básicas satisfechas.
La mentira que largan a rodar hoy en nuestra ciudad tiene el siguiente formato: “Llega una villa a La Paz” o “Llegan los feos, sucios y malos”.
El Poder en la Argentina moderna tiene una tradición, una cultura, una ideología: amigo de los golpes de estado, audaz reproductor del lema sarmientino “Civilización y Barbarie”, defensor profundo de la Libertad de Mercado, entre otros aspectos que todos hemos padecido.
El Poder se manifiesta en acciones y discursos. Estar en el gobierno no significa “siempre” tener el Poder. El Poder en la Argentina históricamente, tuvo que ver con las cúpulas de la Iglesia, de la Sociedad Rural y del Ejército, por ejemplo. Se pueden mirar los Libros de Actas y archivos de estas instituciones para saber que han opinado en determinados momentos históricos. Se puede leer también en cualquier libro de historia serio.
Veo que el problema de la inseguridad comienza a manifestarse en tonos fascistas, discriminadores. Largar a rodar este tipo de rumores (“Se instala una villa”) siempre tiene un grupo iniciador que repite concientemente una mentira. Porque basta ver las estadísticas de delitos para saber que prácticamente es la misma para gente que vive dentro o fuera de una villa.
Pero es más fácil echar culpas a los “feos, sucios y malos”. Porque no son “gente bien” como “nosotros”.
Miles de organizaciones como Caritas, Madres de Plaza de Mayo, la Red Solidaria o el Estado a través de sus delegaciones de Acción social, trabajan en las Villas de emergencia, que son producto de la aplicación de políticas de ajuste, políticas excluyentes que sirven para un 40 % de los argentinos -quizás El Rodrigazo (1975) es el punto de inflexión.
Ahora, casualmente, parece que Jacobo Winogrand, Susana Giménez y Marcelo Tinelli, recién se enteran que hay violencia y muertes en nuestras calles. Y la ex novia de Monzón que vive en Miami porque es “Una Diva” insinúa que debemos tener pena de muerte como hay en ese país próspero y calmo –debería ver nuestra diva los documentales de Michael Moore que desnudan la crueldad de la sociedad norteamericana.
El ejemplo de Juan Carr, Magdalena Ruíz Guiñazú o Adolfo Pérez Esquivel, es importantísimo: saben (y lo dijeron públicamente) que la Seguridad es más educación, más vivienda, más trabajo y más inclusión social. No solamente más policías.
Y para los cristianos que tienen cierta sensibilidad social, me gustaría recordarles que en 1979, plena dictadura militar, estuvieron los valientes curas villeros que enfrentaron al intendente de facto, brigadier general Osvaldo Cacciatore, que implementó una política de erradicación violenta de las villas. Los militares llegaban por la noche, obligaban a familias enteras a subir a camiones con sus pocas pertenencias, y los dejaban en las afueras de la ciudad, perdidos en lugares que desconocían. A los extranjeros los trasladaban hasta la frontera. Luego las topadoras derribaban las viviendas para dejar la tierra arrasada. “Buenos Aires no es para cualquiera sino para el que la merezca. Debemos tener una ciudad mejor para la mejor gente”, decía Cacciatore.

Vuelvo a la película de Scola. Tratar de “asustar” a la ciudadanía, con golpes bajos como éstos, es deprimente y habla muy mal de aquellos que difunden la falsedad. Creo, que discursos de este tipo generan una conciencia individualista y temerosa que nada aporta a la convivencia democrática.

Prof. M. Faure
CEH – AJ

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Anexo el documento que enviaran a Mauricio Macri (2007) quince sacerdotes que viven en siete villas de la ciudad de Buenos Aires.

Ciudad de Buenos Aires, 11 de junio de 2007

Vivir en la villa hace que los sacerdotes del equipo para villas de emergencia tengamos una mirada particular de esta realidad, que difiere la mayoría de las veces de la observación que pueda tener alguien que viene de afuera de la villa, ya sea un profesional o alguien vinculado a la actividad política.

Vivir en la villa nos hace comprender, entender y valorar la vida en ella de manera distinta a lo que se escucha habitualmente en el periodismo amarillo, que parece sugerir que las villas son las causantes de la mayoría de los problemas de nuestra querida Buenos Aires.

En estas reflexiones queremos acercar una mirada positiva de la cultura que se da en la villa, ya que para nosotros es una gracia de Dios vivir en ella.

No ignoramos los delicados problemas que los vecinos vivimos en la villa: la violencia familiar, los abusos, el consumo de drogas, sólo por nombrar algunos; aunque estos y otros están también presentes en el resto de la ciudad de forma menos expuesta, o más maquillada. Como sacerdotes intentamos humildemente mirar de frente los problemas, verlos con el corazón y comprometernos con las manos en su resolución.

Sin embargo, para nosotros la villa no es un lugar sólo para ayudar, es más bien el ámbito que nos enseña una vida más humana, y por consiguiente más cristiana. Valoramos la cultura que se da en la villa, que surge del encuentro de los valores más nobles y propios del interior del país o de los países vecinos, con la realidad urbana.

La cultura villera no es otra cosa que la rica cultura popular de nuestros pueblos latinoamericanos. Es el cristianismo popular que nace de la primera evangelización; el pueblo siempre lo vivió como propio, con autonomía y siempre desde su vida de cada día. Es un cristianismo no eclesiástico, ni tampoco secularista, sino con auténticos valores evangélicos.

Cuando el pueblo que vive en la villa celebra, celebra la vida, la vida natural, pero como es cristiano por su fe sabe que esa vida culmina, se plenifica en la Vida de Dios. Cuando por ejemplo celebra a la Virgen (Luján, Caacupé, Copacabana, etc.) en esas fiestas pone en juego valores como la fraternidad, la solidaridad y la paz, ya que es la Madre de todos, la que nos convoca y en este tipo de fiestas fortalece el tejido social.

El pueblo que celebra en la villa celebra la vida, porque se organiza en torno a ella, anhela y lucha por una vida más digna. Y, en este sentido, la cultura villera tiene un modo propio de concebir y utilizar el espacio público. Así la calle es extensión natural del propio hogar, no simplemente lugar de tránsito, sino el lugar dónde generar vínculos con los vecinos, donde encontrar la posibilidad de expresarse, el lugar de la celebración popular.

La cultura de la villa tiene características muy positivas, que son un aporte para el tiempo que nos toca vivir, se expresa en valores como la solidaridad; dar la vida por otro; preferir el nacimiento a la muerte; dar un entierro cristiano a sus muertos; cuidar del enfermo, ofrecer un lugar para el enfermo en la propia casa; compartir el pan con el hambriento: “donde comen 10 comen 12”; la paciencia y la fortaleza frente a las grandes adversidades, etc. Valores que se sustentan en que la medida de cada ser humano es Dios, y no el dinero.

La cultura villera señala valores evangélicos muy olvidados por la sociedad liberal de la ciudad. Sociedad liberal que se organiza y hace fiesta en torno al poder y a la riqueza, y que es expresión de ideologías de derecha a izquierda.
Por eso, ante el planteo de urbanización de las villas -planteo que preferimos al de erradicación la cual nos recuerda las topadoras- nos preguntamos qué significa.

Porque, ¡Atentos! Si urbanización significa que la cultura porteña invada con su vanidad la cultura villera pensando que progreso es darle a los ‘villeros’ todo lo que necesitan para ser una “sociedad civilizada”, no estamos de acuerdo.

¿Por qué pensar que el cambio de apariencias -cambio de una casa de ladrillo y chapa hecha por el esfuerzo del villero por otra casa del Instituto de la Vivienda de varios pisos- es ya un progreso?; en este caso, ¿urbanización no será más bien otra cosa que aprolijar la villa para que el resto de la ciudad no chille y dejarla conforme?; ¿cuando se piensa en urbanizar, se piensa solamente en hacer casas que estén pintadas?, ¿acaso no hay sobrados ejemplos de barrios que cambiaron su fisonomía y que su realidad es peor que la vivida hace tiempo?

Pensamos que la palabra urbanizar es unilateral, se da desde el poder -no necesariamente con mala intención- y muestra una desvalorización de la cultura de la villa. Creemos que la ciudad piensa que debe eliminar la villa y que desconoce su cultura popular multifacética. El planteo de urbanización debe ser respetuoso de una auténtica cultura como es la villera y no querer barnizarla, o lo que es más grave aún borrarla de un plumazo.

¿Urbanizar o colonizar?

No creemos en esta urbanización, más bien creemos en un encuentro de culturas que conviven, aprenden, comparten. ¿Acaso no sería bueno que el resto de los barrios porteños conozcan y valoren las vivencias y creencias de los villeros? Si la ciudad no quiere colonizar la villa deberá tener un corazón humilde capaz de escuchar la palabra de inmensas barriadas que tienen mucho para decir.

La excesiva mediatización del gobierno y organismos a través de los punteros barriales ha sido a lo largo de los años uno de los factores del gran desconocimiento de la villa y de su cultura.

A algunos que quizás comenzaron como representantes de su barrio los han convertido en representantes remunerados de otros intereses, la referencia de lo que es la villa quedó en manos de este puñado serviles al sistema. Por eso, son pocos los que desde los estamentos del gobierno u organizaciones conocen y valoran la cultura villera.

¿Que elementos entonces debería contemplar este encuentro de culturas donde urbanizar no sea colonizar, sino más bien una integración de culturas que dialogan y aprenden entre sí dando lo más positivo que tienen?

¿Acaso urbanizar no sería más bien crear situaciones positivas donde se den las mismas posibilidades a los que viven en la villa que a los que viven en Belgrano o cualquier otro lugar de la ciudad? ¿No será urbanizar garantizar el acceso escolar para todos los niños y jóvenes de las villas, o que cuando se inauguren las salitas de salud cuenten con lo mínimo indispensable como son las cloacas?

¿No será urbanizar el día que los médicos, sacerdotes, abogados, profesores o capataces surjan de las villas para que imbuidos de la solidaridad de la cultura villera pongan su vida al servicio de su barrio, de la ciudad, del país?

Más que urbanizar nos gusta hablar de integración urbana, esto es, respetar la idiosincrasia de los pueblos, sus costumbres, su modo de construir, su ingenio para aprovechar tiempo y espacio, respetar su lugar, que tiene su propia historia.

Sin duda debe haber un camino de mejoramiento de la calidad de vida en las villas -fue y es una preocupación de este equipo- pero es fundamental en este camino poner el oído en el corazón del villero para que las posibles soluciones no provengan de oficinas donde trabajan técnicos que ignoran la realidad, y que en lugar de mejorarla la empeoran. Sirvan de ejemplo esos planes que se bajan indiscriminadamente, y que en vez de incentivar el estudio facilitan que el chico deje la escuela para cobrarlos, o que la motivación para hacer una actividad deportiva vaya detrás de un plan. Este tipo de asistencialismo -o habría que decir clientelismo- perpetúa la dependencia mental y atrofia la capacidad de los asistidos para convertirse en ciudadanos responsables de su futuro.

Por lo tanto, entendemos que lo positivo de la urbanización es una preocupación del resto de la ciudad para con la villa, tratando de darle una mejor calidad de vida, pero a nuestro entender, así sin más sería no valorar y tener presente lo que la villa puede aportar al resto de la ciudad. Para nosotros la integración urbana sería el camino que debería recorrerse en la Ciudad de Buenos Aires.

Firman:

Rodolfo Ricciardelli, Enrique Evangelista y Adolfo Benassi de la Villa 1-11-14; José María Di Paola, Carlos Olivero y Nibaldo Leal de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta; Sebastián Sury y Walter Medina de la Villa 15; Guillermo Torre y Marcelo Mirabelli de la Villa 31; Gustavo Carrara y Martín De Chiara de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo; Sergio Serrese de la Villa 19: Jorge Tome y Franco Punturo de la Villa 20.

(La Nota digital)

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7 comentarios sobre “Feos, sucios y malos

  1. cómo planificamos la ciudad?
    cómo vivimos mejor si somos 30 mil y todavía faltan cosas?
    pregunto

  2. En “Clarin” indican que “la ciudad de La Paz no quiere recibir a pobres de Buenos Aires”

    Un dorado gigante, al costado de la ruta, da la bienvenida a la ciudad de La Paz. Hay vírgenes en las banquinas, gallinas en las veredas y vacas atadas a los árboles. La suave correntada del río Paraná lleva de paseo a los camalotes y esconde a surubíes de 12 kilos. La vida parece transcurrir dentro de una postal. Pero apenas se llega a la plaza, aparece un conflicto inesperado: los vecinos de las calles asfaltadas exigen a las autoridades que frenen la llegada de pobres desde Buenos Aires. Hablan de un plan secreto para “desparramar” habitantes de las villas porteñas por todo el Litoral y se juntan desde hace un mes para tratar de conseguir pruebas que confirmen sus sospechas.

    En las reuniones hay profesionales, docentes, enfermeros, peluqueros, amas de casa, alumnas de escuelas privadas, convocados por un rumor: el que insinuó la posibilidad de que personas de la Villa 31 de Retiro, que es la más antigua de la Capital Federal, aterricen por estos pagos.

    Las desmentidas oficiales no calmaron los ánimos: hubo quejas en las radios, petitorios tremendistas y señalamientos que rozaron la xenofobia. Se dijo que había “caras raras” en la ciudad, que el arribo de “subculturas” podría provocar “una colisión con las costumbres locales” y que si entre los pobres había delincuentes, existía la posibilidad de “contagio”.

    El gobierno municipal hizo lo que ningún otro en tiempos electorales: admitió que aquí son enormes las necesidades básicas insatisfechas y que, por lo tanto, no puede ser anfitrión de más pobreza. “Ante esta realidad social, resulta absolutamente ilógico pensar en traer gente de afuera. ¿Quién va a querer venir de la Villa 31, que queda frente a Puerto Madero, en la ciudad más más rica del país?”, se escuda el intendende paceño, Francisco Nogueira, en diálogo con Clarín.

    Él es peronista y entre los vecinos “autoconvocados” hay algunos radicales, un condimento más de la pelea. Se vieron frente a frente en el Concejo Deliberante, donde el intendente ensayó un mensaje de tranquilidad a la población que tuvo sus ripios: “Sí es cierto que están llegando personas con familias que se habían ido a trabajar afuera y que han perdido el puesto laboral por la crisis. Vuelven por encontrarse sin trabajo y por la inseguridad de las grandes ciudades”.

    En los últimos 10 años, la población de La Paz creció de 24.700 a 35.000 habitantes. Y en los últimos meses, el Registro Civil anotó más de 100 cambios de domicilio de personas que, efectivamente, declaraban la Capital Federal o el Gran Buenos Aires como lugar de procedencia. Pronto podrán votar en La Paz.

    Según los lugareños, las escuelas públicas detectaron más pedidos de vacantes y han comenzado a poblarse potreros, cañadas y zonas sin caminos.

    “Si esto es un contrabando hormiga de personas, no lo frenamos más”, dijo un trabajador canoso en una de las asambleas.

    En la manzana 428 hay 36 familias nuevas. Como los techos son de polietileno, el lugar fue bautizado “Los Toldos”. Los chicos juegan con los pollitos y los padres esperan la llegada de los servicios esenciales.

    Fuentes policiales indicaron que cerca de ese barrio se alojan ex convictos “que no han vuelto a traer problemas”.

    Los vecinos de Los Toldos que salieron al encuentro de Clarín entregaron una carta donde rechazan los señalamientos de los vecinos autoconvocados. “Forman una sociedad cerrada e intolerante. A esa sociedad no queremos pertenecer. Antes de transformarnos en seres insensibles y atrevidos, pertenecientes a ‘su’ sociedad, es nuestra elección que nos sigan llamando ‘gente rara’ y nos inventen el origen que menos culpa les genere”, dice la carta, donde aseguran haber nacido en La Paz.

    El mensaje, que planteó la diferencia de clases entre los motivos del conflicto, tuvo un ghost writer (escritor en las sombas), Luis Garita, vocero de la municipalidad, muy popular por aquí.

    “Chapaleamos barro cuando llueve -dice otro párrafo-, mientras ellos miran el cielo desde su cómoda 4 x 4. Pero no somos delincuentes. Tenemos el mismo derecho que ellos a la vivienda y a la educación”.

    (Clarin)

  3. “Pobres E Invisibles”

    Este mail surge en respuesta a uno de los tantos reenviados que han llegado a mi casilla de correo, dicho mail hace referencia a la inquietud de un ciudadano con respecto a la “supuesta” transferencia de una parte de la Villa 31 a la ciudad de La Paz. Dejando de lado los intereses politicos que invaden de alguna u otra forma el contenido veraz, cuantitativo y no por ello, menos cualitativo de la informacion, me surgen muchas dudas acerca de la informacion que manejan ciertas personas acerca de esta cadena. Cabe recordar a los lectores que el asentamiento denominado Villa 31,fue formada por los obreros portuarios desocupados a raíz de la crisis de 1929, (Presidencia del radical Hipolito Yrigoyen) Son 15 hectáreas públicas entre el puerto y una de las grandes estaciones ferroviarias que conecta con el norte del país. Durante la dictadura militar (1976-1983) el intendente brigadier general Osvaldo Cacciatore implementó una política de erradicación violenta de las villas. Los militares llegaban por la noche, obligaban a familias enteras a subir a camiones con sus pocas pertenencias, y los dejaban en las afueras de la ciudad, perdidos en lugares que desconocían. A los extranjeros los trasladaban hasta la frontera. Luego las topadoras derribaban las viviendas para dejar la tierra arrasada. “Buenos Aires no es para cualquiera sino para el que la merezca. Debemos tener una ciudad mejor para la mejor gente”, decía Cacciatore.
    Actualmente la Villa 31 cuenta con 45.000 habitantes, formandose asi un asentamiento de tal envergadura que motivò al actual gobierno de la ciudad de Buenos Aires, a planificar politicas tales como la exclucion social o erradicacion de todos los habitantes de dicha Villa, debido al fuerte valor economico que poseen dichos terrenos.

    Cabe recordar que en la ciudad de la La Paz, el ultimo censo realizado en el año 2001, arroja una poblacion total de 24.716 con un crecimiento del 50% desde el anterior censo realizado en el año 1991, hecho que nos hace pensar por una logica incuestionable que “la ciudad no es màs la que era hasta hace unos cuantos años”. La inseguridad es moneda corriente, la pobreza se encuentra a pasos de nuestra Plaza, solo que no nos atrevemos a mirarla directo a los ojos y preguntarnos de forma sincera que podriamos hacer para apalearla. En vez de acusar a gobiernos actuales (ya que la politica es un escenario comun donde cambian los jugadores y la realidad continua siendo la misma) nos tendriamos que detener en forma colectiva y realizar una profunda autocritica de nuestra incompetencia como Sociedad, ya que la Inseguridad es hija no reconocida de la Exclusion Social. Las Instituciones nos enseñan a ser ciudadanos, pero no personas. Los medios nos bombardean con informacion, manipulando nuestros dogmas y mediocrizando nuestros criterios,imposibilitando asi conocer a fondo la realidad que se encuentra bajo nuestras narices. Repetimos cuales maquinas automatizadas, consignas obsoletas acerca de las soluciones magicas para revertir la situacion actual.
    Señor/a Lector: El cambio no erradica en construir una murralla china en la puerta de nuestra ciudad, si no planificar en forma conjunta politicas no gubernamentales de inclusion social. El conocimiento genera responsabilidad y està en nuestras manos ser verdaderos transformadores sociales bajo la conciencia colectiva y la tolerancia humana.
    Creo que el autor del mail anterior deberia corroborar datos estadisticos y nombrar fuentes antes de darlas a conocer, ya que, y citando al Profesor Marcelo Faure: “la manipulacion de informacion genera una conciencia individualista y temerosa que nada aporta a la convivencia democrática.”

    Lucía B.

    Links de referencia:

    https://lanotadigital.com.ar/2009/03/16/%C2%BFvilla-31-en-la-paz/

    http://es.wikipedia.org/wiki/La_Paz_(Entre_R%C3%ADos)

    http://www.lapazdigital.com.ar/vernoticia.asp?noticia=4727

  4. NO PUEDEN VENIR MAS POBRES A LA PAZ..!!
    CON LOS QUE TENEMOS ES SUFICIENTE, NO SE DE QUÉ INCLUSIÓN HABLAN SI NO VEMOS A NUESTROS POBRES ENTRERRIANOS MENOS VAMOS A VER A LOS POBRES DE BUENOS AIRES.
    EN LA PAZ NO HAY LUGAR PARA GENTE POBRE DE AFUERA, YA TENEMOS BASTANTE QUE ATENDER CON LOS NUESTROS QUE YA TENEMOS DESDE HACE RATO Y NADIE LES DA BOLA..!!!
    SOMOS TODOS DE CLASE MEDIA BAJA Y ESTAMOS TODOS CAG…DE HAMBRE..!!
    DEJEMOS LA UTOPÍA PARA DESPUÉS Y APRENDAMOS A VOTAR PARA QUE NUESTROS GOBERNANTES SEAN GENTE DE COMPROMISO Y CON OBJETIVOS DE PROGRESO Y BIENESTAR GENERAL.

  5. Hace casi un mes (12 de marzo) publiqué la nota que está arriba y hace alusión al pensamiento xenófobo de ciertos sectores de La Paz. Xenófobos no ya contra inmigrantes de países hermanos sino “hacia adentro”, hacia compatriotas que tuvieron la desdicha de nacer en una villa de emergencia.
    Pensamiento xenófobo que se montó en “un rumor” que ya se había lanzado en distintas ciudades y pueblos de nuestra provincia para generar malestar, sumándose a la campaña encubierta que ciertos medios y ciertos periodistas lanzaron, exagerando el mapa del delito.
    Como docente, sabemos el daño que hacen los rumores. Lo hemos estudiado y sabemos que hay “usinas” que no descansan. Notas y comentarios “sin firmar” que tiran “pescado podrido” y generan revuelos y confusiones.
    Como docente, también hemos reflexionado la problemática del conocimiento y la función de discursos ideológicos, falsos, que “aparecen” como verdaderos.
    Decía entonces, que tratar de “asustar” a la ciudadanía, con golpes bajos como éstos, es deprimente y habla muy mal de aquellos que difunden la falsedad. Y agrego ahora, varios docentes y profesionales.
    Regreso a leer la carta de los “Curas villeros” y vuelvo a reconocer que existen dos cristianismos: uno relacionado con los discursos del poder y otro cercano a las vivencias cotidianas de los marginados. Y es paradójico creer que ambos cristianismos, tan distintos, son lecturas actuales del mismo Evangelio.
    Rescato la honrosa manifestación de lectores y comentaristas de este sitio; Adriana, Lucía, Ramón, Carlos, Juancho, militantes barriales, la misma gente del barrio Los Toldos, que salieron al cruce de los excluyentes, de los irracionales.
    También están los otros, como SRT y Pachi, que dicen y escriben estupideces, sin reflexionar un poquito, vulgarizando al igual que Canal 26 o TN, el delito, el dolor, las ansias de Justicia.
    Gracias a dios (o a los dioses) que mucha gente no prestó atención a ciertos personajes mediáticos y mesiánicos que anuncian el apocalipsis. Entre 30 y 40 personas pudieron aglutinar para repudiar “la llegada de pobres a La Paz”, en una ciudad de 30 mil.
    Por ahí sería interesante acercarle a Clarín, estas opiniones, estas sinceras líneas, para mostrarles que también hay gente como nosotros que desde un principio denunciamos como se incuba, lentamente, “el huevo de la serpiente”.

    Coordinador general
    Centro de Estudios Históricos Arturo Jauretche

  6. SI SIGUEN LLEGANDO POBRES TERMINAREMOS ENREJANDO LA CIUDAD Y EL INTENDENTE Y SUS SECRETARIOS CON CUSTODIA POLICIAL.

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