El futuro donde vivirán los jóvenes de hoy

Este es un gran interrogante que está en la cabeza de padres y educadores. En este sentido estamos inclinados a pensar que en el futuro la vida será más fácil, debido a los cambios tecnológicos que se producen en las principales potencias mundiales.

Pero según lo que la realidad nos ofrece todos los días, la vida será mucho más difícil en el futuro. Ya que será mucho más difícil conseguir un empleo, que es de donde obtenemos los fondos para poder sostener nuestra vida. Fundamentalmente porque la tecnología ira desplazando paulatinamente de los puestos de trabajo a las personas, para reemplazarlas por robots, como ya lo viene haciendo desde que empezaron las máquinas a introducirse en los procesos productivos desde que comenzara la revolución industrial.

Por lo que se ve permanentemente, con el transcurrir de los tiempos, es que las exigencias de los tiempos futuros serán cada vez mayores sobre las personas. Habiendo quedado atrás los tiempos donde las exigencias estaban sobre la resistencia física de los trabajadores, para pasar a ser cada vez más, sobre las exigencias intelectuales de los mismos. Ese tipo de exigencias que requieren del esfuerzo de las personas para poder concentrarse, comprender, interpretar, relacionar los conocimientos adquiridos con la realidad que les toca vivir y fundamentalmente para poder interactuar con ella.

Si tuviéramos que nombrar un eje que atraviese todos los requerimientos que les demandarán los nuevos tiempos a los jóvenes de hoy, cuando se incorporen al mundo productivo, será el esfuerzo intelectual. Ese esfuerzo intelectual que requiere silencio, concentración y contracción al trabajo que significa el estudio.

Requerimientos que están cada vez más enfrentados con un mundo juvenil sobrecargado de estímulos que le invaden la privacidad, desplazan al silencio, propone la diversión y el esparcimiento permanente y donde el juego de consola y la programación televisiva se quedan con la mayoría del tiempo disponible.

Sin embargo, los jóvenes se plantean cada vez más, cuando de incorporar conocimientos difíciles de aprehender se trata, si estos conocimientos les servirán en el futuro. Queriendo significar si tanto esfuerzo vale la pena. Planteo a los que se suman quienes desean congraciarse con ellos, adulándolos. Quizás para no enemistarse con quienes ese planteo hacen. Muchas veces porque les temen.

Jóvenes que de ninguna manera se quejan cuando de proseguir con las interminables series de partidos con la PlayStation se trata. O cuando pierden lastimosamente el tiempo, consumiendo más de cinco horas diarias de televisión. Contenidos televisivos que de ninguna manera les servirán en el futuro como herramientas para desempeñarse en ningún proceso productivo ni en ningún empleo.

Por lo tanto, se debe dejar de lado la diversión, por lo menos dentro de la escuela. Ya que demasiado tiempo le dedican a pasarla bien, cuando la diversión y el esparcimiento se apoderan de gran parte de la vida de nuestros estudiantes y trabajadores jóvenes durante interminables horas del día.

Eso, si pretenden ser protagonistas de la sociedad productiva. Porque de actuar irresponsablemente, como se observa, también dentro de las escasas horas que pasan dentro de la institución educativa, el destino más probable es el de integrar ese colectivo preocupante y marginado de la sociedad productiva, que se conoce como los NI-NI. Esos que NO estudian NI trabajan. Pero que igualmente pretenden consumir.

Eugenio García

(La Nota digital)