Ante el observable dejar hacer de una sociedad cada vez más permisiva e incentivadora de la diversión sin límites, que ha dejado de transmitir valores. Fundamentalmente porque quienes antes lo hacían han dejado de hacerlo, retirándose su presencia del ámbito público de los medios masivos de comunicación.
Dejando un vacío que hoy es llenado por la sociedad que plantea solamente: diversión y hedonismo. Escenario al que se suma con su aporte, una familia cada vez más imposibilitada de poder poner límites al despropósito, por las distintas razones que la debilitan y que sería muy extenso enumerar. A lo que se agrega como ingrediente la próxima legalización de las drogas como la marihuana y otras que seguirán sus pasos, en países limítrofes. Consumo legalizado de sustancias que complementarán la acción destructiva sobre el cerebro de los más jóvenes, de un consumo exacerbado de alcohol. Consumo desmedido de alcohol, que ya es visto como absolutamente normal y natural para la época. Escenario al que se suman todas las tecnologías de las pantallas que son usadas mayoritariamente para la diversión, el esparcimiento y el entretenimiento. Nuevas tecnologías que insumen una cantidad enorme de tiempo empleándolas en el peor de los sentidos. Un tiempo irrecuperable que se le resta al estudio, a la correcta formación y a la adecuada capacitación. Panorama que se completa con un sistema educativo que por distintas razones y circunstancias, no ofrece los resultados esperados.
Ante este rosario de circunstancias adversas podemos concluir, que entre todos los que por las razones que fueran, hemos dejado de cumplir nuestro rol formador, estamos transmitiendo hacia delante una pesada carga, que nos mostrará debilitados e impotentes de poder sobrellevarla. Comportándose la misma como un obstáculo para poder avanzar. Porque convengamos que todos los errores que hoy estamos cometiendo, se harán notar con gran nitidez en los próximos años. Cuando los que hoy son adolescentes se conviertan en padres y retransmitan la cultura recibida. Donde lo permisivo, el consumo de todo lo que se les ofrece, las diversiones y distracciones sin límites, se irán naturalizando e incrementando mucho más.
En ese momento, estaremos en presencia, al decir de Jean-Paul Brighelli, de una cretinización creciente de la sociedad, la que no tendrá la conciencia ni la voluntad necesaria para escapar a su destino inexorable. Donde los gobiernos y los empresarios se verán imposibilitados de llevar adelante sus proyectos de crecimiento y desarrollo por no contar con el recurso humano adecuado. Un recurso humano faltante, sin el cual no es posible generar absolutamente nada. Donde todos los que por las razones que fueran, no están hoy en condiciones de generar sus propios medios económicos que les permitan sostener sus vidas en la sociedad donde están insertos, requerirán de la atención permanente del Estado. El que deberá asistirlos por siempre con recursos para tratar de insertarlos a la sociedad productiva a donde nunca ingresaron.
Esto que parece ser un destino inexorable, solo podrá revertirse si se actúa rápida e inteligentemente, antes que las conductas autodestructivas e inconducentes, se transformen en la cultura dominante. Escenario lamentable que ya no contará en su seno con los anticuerpos que les impidan seguir reproduciéndose.
Es decir, que actuar prontamente en el sentido correcto, es el imperativo de la hora. Algo que es fácil de señalar y advertir pero que está muy lejos de poder materializarse. Fundamentalmente porque faltan las voluntades convencidas que deberían manifestarse, con el compromiso inquebrantable que la hora exige.
(La Nota digital)













