Dar pelea

Es muy común observar, como la sociedad sale a bailar, según la música que le pongan. Adaptándose rápidamente al nuevo escenario. Es decir, que pongan la música que pongan, siempre se encontrarán bailarines que saldrán a la pista. Motivados por un puñado de razones que siempre aparecen como justificativos de la acción a la que nos disciplinamos. Esto lo vemos permanentemente con personas que llegan a sobre-adaptarse cuando los que manejan las modas lanzan una propuesta, o ponen en la góndola algún producto con algunas diferencias apenas perceptibles, pero con mucho marketing incorporado. Por más que la propuesta sea absolutamente disparatada. Es así como terminan disciplinándose llegando inclusive hasta poner en peligro su propia salud y consecuentemente su propia vida, tratando de ser obedientes al último mandato de la moda. Quienes ponen la música, saben perfectamente como reaccionamos las personas y es por eso que nos manipulan como mejor les parece. Es así como generan permanentemente nuevas propuestas de todo tipo, sustentados por las posibilidades que ofrecen en estos tiempos, las nuevas tecnologías. Es decir, que no vale mucho la pena ocuparnos de los bailarines, que seguramente siempre aparecerán. De los que debemos ocuparnos, es de quienes ponen la música. Quienes ponen la música, poseen enormes masas de dinero y un enorme poder mediático. Decidiendo su plan de negocios o de poder, tratando siempre de maximizar sus ganancias y de alcanzar sus máximos objetivos. Las tecnologías actuales, facilitan enormemente sus posibilidades de introducir sus mandatos en la subjetividad de las personas, que están esperando que alguien les indique que hacer, para comenzar a hacerlo prácticamente sin chistar. Pero fundamentalmente están esperando que alguien piense por ellos y los conduzcan, muchas veces por ignorancia o por pereza intelectual. Para finalmente posicionarse intentando congraciarse con el grupo al que aspiran pertenecer. En este sentido, las tecnologías blandas que se aplican sobre los equipos y objetos tecnológicos de última generación, disciplinan sin muchos esfuerzos, a realizar prácticamente todo lo que indican. Lo que más les aterra a los destinatarios de la propuesta, es quedarse fuera o desactualizados. A los manipuladores que ponen la música, persiguiendo su objetivo particular y dinerario, deben oponérseles la acción decidida de los actores por excelencia, que tienen una mirada forzosamente colectiva y que se direcciona en sentido contrario, como son la familia, el Estado y los transmisores de cultura, como son la iglesia y las instituciones educativas. Quienes tienen el deber de posicionarse en esos mismos medios tecnológicos, oponiendo otras propuestas que forzosamente se deberán dirigir en el sentido contrario. Por más que el resultado sea poco significativo en un principio. Siendo más que necesario, salir a dar pelea.

Eugenio García

(La Nota digital)