Cuando la familia no quiere

La realidad nos indica, que para que la escuela logre realizar su tarea de formar, educar y transmitir conocimientos debe tener como aliada a la familia. Ya que cuando la familia no quiere, la escuela no puede. Es decir, que cuando los padres no les han logrado transmitir a sus hijos la importancia de la escuela y además omiten secundarla en la tarea de educar, apoyando sus decisiones como corresponde, la escuela se encontrara impotente para realizar su trabajo.

En pocas palabras, el estudiante debe saber que tanto su familia como los docentes de la escuela le están indicando un mismo camino y que actúan al unísono para lograr el objetivo de ser formado como corresponde. No sucediendo esto, cuando los adultos responsables de las familias, se ponen de parte de los reclamos de sus hijos, a los que consideran amigos, defendiendo sus posiciones frente a los docentes de la escuela. Restándoles con su intervención, todo tipo de poder y autoridad.
Quienes son más proclives a caer en la trampa de terminar diluyendo la acción educativa de la escuela son las clases medias. Las que por distintas razones han incorporado actitudes correspondientes a modelos posmodernos ante la educación, que responden a lo que la sociedad, a través de sus expresiones mediáticas, les han transmitido como un rasgo de los nuevos tiempos. Sintiéndose con derechos de devaluar la acción educativa en función de colocarse en la posición de abogados defensores de sus hijos. Para desde allí, diluir los requerimientos educativos que le demandan sus docentes, buscando que sus hijos la pasen lo mejor posible, sin inconvenientes ni conflictos. En esos casos, los hijos estudiantes se introducirán como una cuña entre quienes deberían actuar coordinadamente en el objetivo de educarlos y formarlos. Haciendo su voluntad en el sentido de realizar los mínimos esfuerzos posibles, al haber conseguido poner a sus padres del lado de sus reclamos.
Todo lo contrario sucede, con los padres de las familias menos favorecidas: económica, social y educativamente. Quienes buscan y reclaman que los docentes formen, capaciten y exijan a sus hijos, para que de esa manera adquieran mayores herramientas para emprender la lucha por la vida. Sobre todo, si ellos no lograron en su momento obtener un buen resultado cuando concurrieron a la escuela donde terminaron fracasando. Es decir, que lo que de ninguna manera desean, es que se vuelva a repetir su misma experiencia de fracaso escolar, con sus hijos.
Finalmente podemos decir que estamos ante distintas poblaciones escolares con requerimientos totalmente distintos y con actitudes distintas ante la acción educativa. Lo que debería verse reflejado en respuestas de distinta naturaleza creando los ámbitos adecuados. Sobre todo para la atención de los menos favorecidos de la sociedad, para los que la escuela es la única posibilidad de supervivencia decente dentro de la sociedad productiva. Siendo además la única posibilidad para la sociedad, la de no tener que enfrentar situaciones de inseguridad y de degradación de sectores, que fruto del desempleo caigan en la marginalidad. Lugar desde el que es muy difícil emerger.


Eugenio García

(La Nota digital)